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EL PALOMAR DE LA TÍA CORINA

Los palomares, viviendas de las palomas, eran y son unas construcciones con una arquitectura muy particular. Sus formas eran muy variadas: redondos, cuadrados, rectangulares, con patio, poligonales, etc. Casi todos tenían una base de piedra para protegerlos de la humedad. Encima de la base se hacían las paredes gruesas de tapial o adobe, con el fin de mantenerlos frescos en verano y calientes en invierno. Tanto la tapia como los adobes están hechos con mucha arcilla, verdadero aislante tanto del frío como del calor. Todos los palomares se pintaban de blanco por ser el color más atractivo para las palomas.


Máquina Hexagón

Morillo y pote

Posiblemente fueran los romanos los primeros en construirlos en España. Tuvieron su máximo apogeo en
Fuelle
los siglos XV y XVI;
estaban en manos de la clase alta; sus grandes propiedades les permitían un sustento suficiente para las palomas. Las palomas les proporcionaban gran cantidad de pichones, comida exquisita, y montones de palomina, abono buenísimo para las fincas. A partir del siglo XX, se fueron abandonando y, poco a poco, autodestruyéndose. El abandono de los palomares fue debido, en parte, al bajón experimentado en la venta de los pichones, al ser sustituidos por la carne de pollo.


Tambor de asar castañas

Escaño antiguo

Creo que la Junta de Castilla y León tendría que, en lo que fuera posible, parar la destrucción de los palomares, verdaderos monumentos arquitectónicos, con ayudas para el que quiera restaurar su palomar y convertirlo en algo útil. Al turista rural le gusta mucho visitar este tipo de construcciones.

En Carracedo del Monasterio, barrio del Teso, existe un palomar cuadrado que toda la gente, que pasa de los 50 años, conoce con el nombre de “Palomar de la tía Corina.”








Colcha centenaria de ganchillo

Calcetines artesanos de Luzdivina de Filiel

Calabaza centenaria
Dentro de la muralla del monasterio todavía existen dos palomares, uno propiedad de de la Diputación Provincial de León y el otro propiedad de la familia García. Había un cuarto palomar, también redondo, en la parte sur del pueblo, pero hace unos años fue destruido para hacer una casa.

El palomar de la tía Corina es de mi propiedad; data de mediados del siglo XIX y forma parte del museo familiar.







Planchas de hierro









Plancha de leña


Calladas de Sindo de Filiel

Sus paredes, con base de piedra, son de tapia. Para construirlas se hacía un encofrado de madera y se rellenaba, prensándolo a tope, con masa producida con arcilla y piedra menuda. Retirado el encofrado quedaba una pared perfecta, tipo pudinga. Con una piqueta o con un martillo de tejar se hacían los nidales ( niales) correspondientes. En estos tiempos el palomar se utiliza como comedor de verano.

El palomar esta pendiente de una restauración con el levantamiento de la cubierta y la recuperación de los agujeros que permitían la salida y entrada de las palomas.

Bebedero de las palomas








Nidales con tarros

Arca de madera
En el palomar, imperfecto por haber deshecho una pared de nidales ( niales), se ha construido una" lareira" galega con el fin de hacer fuego y poder, si se desea, curar un pequeño mondongo.

El palomar de la tía Corina, en la actualidad, forma parte de la vivienda familiar, recordando aquella cocina-comedor de los años cincuenta del siglo pasado.

Escultura en miniatura de madera

Miniaturas agrícolas de Alfredo




Superpín camino de Santiago


En aquellos años la vida en los pueblos era bastante mala; la gente se inmovilizaba durante toda la vida en sus pueblos de nacimiento. Todos realizaban una agricultura de supervivencia. La mayoría de las familias cebaban dos o tres cerdos, vendían uno o dos y cambiaban los jamones del cerdo, que mataban en casa, por tocino para que la comida fuera más fuerte y durara más. Las viviendas eran muy deficientes; la mayoría de ellas tipo palloza. La comida se hacía en el fuego hecho en el suelo; del alto de la cocina colgaba una cadena, llamada preganza o gramalleira, de la que se suspendía el pote en el que se hacía la comida. Al lado del fuego se colocaba el morillo y el fuelle. Las habitaciones eran pequeñas y oscuras, las camas de hierro, muy buscadas ahora, y los colchones eran de hoja de maíz.

Colección de candiles

Colección megos de Severo

La luz eléctrica apenas existía, dado que fallaba a la menor inclemencia del tiempo. Llegaban a casa 125 V; no había contadores; por ello sólo se permitían dos o tres bombillas de 25W. En la parte alta de las paredes se hacía un ventanuco donde se colocaba una bombilla que, al mismo tiempo, iluminaba dos o tres habitaciones. El cuarto de baño lo componía un palanganero (palancanero), provisto de un jarrón, para lavarse y las cuadras, o las esquinas de las paredes, para las necesidades mayores. A lo largo del año solo se hacían cuatro o cinco comidas buenas, a saber: matanza, maja, vendimia y día de la fiesta. El resto de los días la comida era a base de patatas, huevos, tocino y algún chorizo