AMIGO PEPE
Por Antonio Sernández López
Era Pepe, hijo de Daniel y Sara,
una buena persona con una personalidad muy especial por su manera tan
particular de ver el mundo y la vida. Para él, el mundo quedó parado en los
años 60. Su casa era igual en los años 50 que en el año 2000. Ni calefacción,
ni agua caliente, ni televisión, ni otras cosas que no voy a enumerar. Si es
cierto que su casa estaba siempre superlimpia, su hermana Celia se encargaba de
ello. Sus únicas mujeres fueron su madre Celia y sus hermanas Adelina, Celia y
Alsira. Tuvo un hermano, Daniel( Nelín) que
murió en un accidente de trabajo cuando se estaba construyendo la
Cooperativa de vinos de Cacabelos. No tenía grandes amigos, pero se llevaba
bien con todo el mundo. Era un gran trabajador. Mucha gente del pueblo
solicitaba sus servicios que hacía con esmero e ilusión. Decía que a él nunca
le faltó trabajo. Sus peores compañeros fueron el tabaco y el vino ( no bebía
ningún otro tipo de alcohol). Yo nunca
lo vi borracho. Era Pepe el dueño del último varal que hubo en Carracedo.
Del vino decía “ nunca xe hay viño malo, tíraxeye mais ou
menos gaseosa”. Con un carretillo, de los años 50, iba, cada poco
tiempo, con dos garrafones a por vino a
la Cooperativa de Cacabelos. Sin enfadarse, me decía que no entendía que
llevando todas las uvas de su pequeña viña a la Cooperativa, cuando le enviaban
la liquidación tenía que pagar y no
cobrar. Pepe, dentro de su bondad y pocas matemáticas, no se daba cuenta que
gastaba, en su consumo, todo el vino de su viña y parte del de la vecina.
Todos los días de invierno, cuando Pepe llegaba a su casa y antes de
entrar en ella, en un pequeño cuarto,
construido con cañas y barro, que tenía
en el patio de la misma, hacía un pequeño fuego que terminaba en un borrallo,
así le llamaba él,
Para calentarse los pies. Cierto día estábamos Pepe y yo sentados en dos banquetas. calentándonos al borrallo hablando de cosas
del pueblo. Celia, su hermana, nos escuchaba y , de vez en cuando, decía “mentira
Pepe”, “ eso nun eu asi”, “ nun sabes u que dices”. De repente,
como movido por un resorte, Pepe se empicó (levantó) y sus dedos índices casi
penetraron en los ojos de su hermana Celia, al tiempo que le gritaba”¡
Celia, cuando dous homes están hablando, ninguha muyer debe poñerse a escuitar!”.
Pepe no tenía nada de machista. Era así.
El bueno de Pepe decía no creer en los bancos. El dinero que cobraba por
los trabajos que hacía lo iba metiendo en una caja. Así fue reuniendo no se
cuanto dinero. Un mal día, mejor dicho un buen día, para él le dio vuelta la caja del dinero, de manera que el dinero
que había encima se depositó en la parte baja de la caja y el que había debajo
en la parte alta. Para ir a la tienda cogió mil pesetas y “ el gran susto
llegó”. El dinero estaba caducado y con él no se podían hacer transaciones
comerciales. Llegó a mi casa, con la cara transfigurada, me contó lo que le
había pasado. Lo llevé al banco y le solucionó el problema cambiándole el
dinero y abriéndole una cuenta. Sin embargo su desconfianza con el banco no
desapareció. Al poco tiempo tuvo que ir al banco por 1000 pesetas, dérunmas
me dijo Pepe, pero num entendo, ya que: “ Delante de min, cuando estaba na cola, un
home deixou un montón de billetes, cuando xeguein a taquilla déronme a min as
mil pesetas de aquel montón, aun nun entendo,”, ¿ A quen ye deron
as miñas perras? Pepe no veía claro que su dinero estuviera seguro en el banco.
Muchas mas anécdotas podría contar del amigo Pepe.
UN DÍA CON D. SANTIAGO
Por Antonio Sernández López
No recuerdo exactamente cuando D.
Santiago vino para Carracedo. Pudo ser en el curso 1952/53. Tampoco recuerdo
cuando se fue. Se que estuvo mas de 30 años. Tampoco se cuales eran sus estudios. Con el tiempo me di cuenta que fue un buen maestro, con
grandes conocimientos, tanto en ciencias como en letras, aunque tuvo , siempre desde
mi punto de vista, un defecto: la indiferencia que tomaba con algún alumno, semiolvidándose
de él, por desacuerdo con sus padres o
por comportamiento del mismo alumno. Esta indiferencia le ocasionaría mas de un
problema. Era D. Santiago un maestro muy exigente, por ello un poco duro. Eran
otros tiempos. Los padres tampoco eran muy blandos.
Era miércoles de una semana
cualquiera del curso 1952/53. Tocaba catecismo, como todos los miércoles,
páginas 18/19 del catecismo del Padre Astete, el Misterio de la Encarnación.
El corazón nos latía mas fuerte que
de costumbre. A las diez menos diez aparecía D. Santiago enfundado en su
abrigo, modelo anterior a la guerra, en
zapatillas metidas en unas madreñas. La cabeza, calva, tapada con una gorra. Su paso era lento pero seguro. No recuerdo que
fuera cojo, pero si que andaba un poco ladeado.
Los niños aprovechábamos, detrás de
la capilla de S. Isidro, para copiar, unos de otros, los deberes que el día
anterior había escrito en una de las pizarras de un niño. Verdadero terror
entrar en clase sin los deberes hechos.
Al toque de sus palmas todos
entrábamos en clase. Rezábamos unas oraciones. Colocábamos las pizarras en la
parte superior, derecha e izquierda, de la mesa bipersonal. Los asientos eran unos
pequeños bancos. Algunas mesas tenían asientos abatibles. Durante media
hora, mientras estudiábamos el catecismo, el maestro, mesa por mesa, revisaba
las pizarras. De vez en cuando caía algún coscorrón.
A la pregunta, que iba haciendo a cada
alumno, ¿ Cómo se obró el misterio de la encarnación? Había que contestar, sin
fallo.
“ El misterio de la
encarnación se obró de esta manera: en las entrañas de la Virgen María formó el Espíritu Santo, de
la purísima sangre de esta Señora, un cuerpo perfectísimo; crió de la nada
un alma, y la unió a aquel cuerpo; y en
el mismo instante a este cuerpo y alma se unió el Hijo de Dios, y de esta
suerte el que antes era un sólo Dios, sin dejar de ser Dios quedó hecho
hombre”.
-Si acertabas, te
felicitaba , bajando y subiendo la cabeza.
-Si te equivocabas, ¡
Sin recreo!
A las once y media, los que no
estaban castigados, salían de recreo. Recuerdo que todos íbamos, no había
servicios, a orinar a la pared oeste de la capilla de San Isidro, pared que
casi estaba perforada de tanto bombardeo urinario. El recreo se utilizaba para
jugar al balón o a la cachetina contra el frontal de la capilla.
Nuevamente sonaban las palmas de D.
Santiago, eran las doce y el recreo había terminado. Todos corríamos para
clase. Tocaba aritmética: la raíz cuadrada. Tenía D. Santiago cierta habilidad
para enseñar a realizar la raíz cuadrada. Yo, como maestro que fui, siempre la
enseñé como él me la había explicado. También nos enseñó a resolver la raíz
cúbica. Nunca conocí a un profesor que lo hiciera como él.
El miércoles por la tarde tocaba Temalibre. Tenía D. Santiago un libro
con personajes famosos. Con letras góticas o sombreadas, en gran tamaño, ponía
en la parte superior del encerado ( Una lona pintada de negro) el nombre del
personaje del día. Cuadriculaba un trozo del encerado y pintaba la figura del
mismo. En nuestro cuadernos lo reproducíamos ¿ Tiene alguien algún cuaderno de
aquella época? Terminaba la tarde escribiendo un texto relativo a la vida del
personaje. Texto que teníamos que aprender. Con D. Santiago la memoria no se
atrofiaba.
Si yo tuviera que valorar a D.
Santiago, lo haría positivamente, ya que lo positivo dominaba lo negativo.
LOS VELORIOS
DE LOS 50
(Por
Antonio Sernández López)
Llevaba tiempo
enfermo, ya no salía de casa y apenas probaba vocado. Era un vecino de
cualquier barrio ( San Martín, San Juán, La Colonia, La Roda y El Teso) de
Carracedo del Monasterio.
Era,
aproximadamente, medio día de cualquier mes del año, cuando, de repente, se
empezaron a oír lloros, quejidos y frases entrecortadas que salían de la casa
del vecino que hasta entonces permanecía enfermo. Había muerto.
El pueblo se
enteraba de la muerte de un vecino por el toque de las campanas. Se decía “
están encordando” y casi al momento la gente sabía si era hombre o mujer. El
sonido de las campanas, alternando la grande con la pequeña, empezaba sonando
lentamente para ir aumentando la cadencia hasta oír sólo una campana. Si este
toque se repetía dos veces el muerto era
un hombre. Si el toque se repetía tres era una mujer.
Poco a poco se
iban acercando la mayoría de los vecinos
del barrio con el fin de tranquilizar a la familia y prestarse voluntarios para
lo que fuera menester. Lo primero era llamar al sr. cura, D. Celso, para
administrarle la Extremaunción, por si su alma la necesitara y no se le hubiera
administrado con anterioridad. Los lloros y lamentos se repetían cada vez que llegaba a casa algún familiar.
La mayoría de los lloros mas que por sentimiento se producía por cumplir ya que
aparecían vecinos que llevaban años sin hablarse.
No recuerdo que,
como se hace ahora, hubiera que llamar
al médico para que certificara su defunción. Pienso que el muerto estaba bien
muerto y ya no precisaba mas requisitos. Recuerdo que se le acercaba un espejo
a la boca para ver si todavía respiraba soltando un poco de aliento sobre el
cristal.
El acto siguiente
era ir a Cacabelos, mueblería Santos, que también vendía ataúdes, a comprar
uno. El traslado del mismo hasta la casa del finado se hacía en carro o
atado en una caballería. La tienda lo único que hacía era vender las cajas, no
llevarlas a domicilio. El resto del papeleo, que no era mucho, tenía que
hacerlo la propia familia.
Seguidamente se
vestía al difunto y se colocaba en el ataúd. Entre sus manos se colocaba un
pequeño crucifijo o un rosario, que se le
quitaba al momento de cerrar el ataúd. En la cabecera, aparte de las
flores, se colocaban dos cirios ( dos
velones de unos 5 cm de diámetro y 50 de
altura) y un gran Cristo procedente de la Iglesia. Alrededor del ataúd se
colocaban unas sillas y unos bancos para familiares, vestidos todos de negro.
Con todo
preparado se abrían las puertas para qué
la gente le diera el último adiós. A lo
largo del día solían acercarse las mujeres. En ningún momento el cadáver
quedaba solo. Siempre había alguien
velándolo. Al caer la tarde casi siempre se acercaba el sr cura para rezar un
rosario. Por la noche la mayoría del pueblo se acercaba a casa del difunto. Las
mujeres, normalmente, permanecían en el interior de la vivienda. De vez en
cuando alguna mujer rezaba un rosario. La mayoría de ellas sabían hacerlo. Los
hombres, alrededor de una hoguera,
permanecían en la parte exterior de
la vivienda. De vez en cuando un familiar del difunto pasaba con una
jarra llena de vino invitando a los hombres que permanecían al lado de la hoguera. Lo que empezaba como un
verdadero velorio, con tanto paso de jarra, terminaba siendo un pequeño
jolgorio.
La familia tenía
que ponerse de acuerdo con Benigno, el enterrador, para hacer la fosa. Sólo
algunas familias, las mas adineradas, tenían panteón , hecho con cemento y con
mármol. El resto se enterraban en
tierra. El enterrador hacía la sepultura, con sumo cuidado iba sacando los
huesos del muerto anterior, que colocaba en un pequeño montón para, posteriormente,
volver a enterrarlos.
Al día siguiente, casi siempre por la
tarde, se procedía al entierro. La salida del cadáver de su casa, posiblemente
fuera el momento mas triste. Los lloros y lamentos se producían con mas fuerza.
Era la salida definitiva de aquel que había vivido, en su casa, tantos años. Familiares
y amigos, en unas andas, portaban el ataúd hasta el cementerio. Los muertos de
San Martín y Las Colonias había que sacarlos, sin sacerdote, hasta el campo de
Las Escuelas. La comitiva fúnebre se formaba con el ataúd en la parte central. En la parte delantera
iba un gran Cristo y detrás del féretro
el Sr cura, acompañado del sacristán ( Salustiano o el tío Emilio).
Recuerdo que todos los rezos y oraciones relativas al caso se hacían en latín. En cada
cruce de caminos se hacía una parada, se
rezaban unas oraciones y, el sacristán, pasaba el bonet, sombrero del cura de cuatro picos, en el que la gente iba
depositando sus limosnas. Llegado al cementerio, tras unos rezos especiales y
la bendición de la tumba, se introducía el ataúd en la fosa, se colocaban los
huesos que habían sido extraídos de cadáveres anteriores y se procedía a
taponar la fosa con tierra. Finalizaba el entierro colocado flores encima de la tumba. Antes de introducir el
ataúd en la tumba se despegaba la cruz
que acompañaba a todas las cajas, se le entregaba a los familiares que la
colocarían en un lugar privilegiado de la casa. Una pequeña cruz de hierro, con
el nombre del muerto, presidiría la tumba durante muchos años.
Recuerdo que había
entierros de 3ª, 2ª y 1ª, dependiendo
del número de sacerdotes, uno para los de 3ª, dos para los de 2ª y mas de tres para los de 1ª,
que acompañaban al muerto. Dos o tres
días después se celebraba el funeral. Nunca se hacía el día del entierro. No se
por qué no se podía decir misa por las tardes. Naturalmente el precio del
entierro dependía de la clase.
Los cirios que,
durante el velorio, habían alumbrado el cadáver, se llevaban a la Iglesia,
había un lugar ya dedicado a velarlos. Aproximadamente duraban un año. Cada
familia tenía su reclinatorio. Durante todo ese
tiempo, padres, hijos, nietos y hermanos mantenían un riguroso luto (
las mujeres totalmente vestidas de negro y los hombres colocaban una cinta
negra en la manga de la chaqueta o, si vestían traje, con corbata negra).
Durante el año que duraba el luto, no se encendía la radio, las ventanas
permanecían entreabiertas y no se hacía ningún tipo de festejos. El rosario,
por el difunto, se rezaba, en familia casi todos los días. Yo lo hice muchas
veces.
Había familias que
estaban toda la vida de luto ya que si no se moría un abuelo, lo hacía un padre
o un hermano
LOS CONCELLOS DE LOS 50
(Por Antonio Sernández Lopez)
Ayer, 03 de diciembre de 2016, leí un edicto de Azucena Fernández Amigo,
Presidenta de la Junta Vecinal de Carracedo del Monasterio, que decía:
“ Con motivo de explicar el acuerdo
aprobado por la Junta Vecinal de la Pedanía de Carracedo del Monasterio,
celebrada en fecha 28 de Noviembre de 2016, en la que se trataron asuntos
referentes a las normas urbanísticas municipales y el interés por retomar el
diseño de un nuevo planteamiento urbanístico para el municipio de Carracedelo,
se convoca concejo público para el día
11 de diciembre de 2016 a las 11:30 con el fin de informar de este
acuerdo a los vecinos de la localidad de Carracedo del Monasterio. Lugar: La
Casa del Pueblo. En Carracedo del Monasterio a 02 de Diciembre de 2016.
Firmado, la Presidenta Azucena Fernández Amigo”·
Vienen a mi recuerdo aquellos concellos ( Concejos) de los años 50, cuando
era presidente del pueblo el Sr. Antonio
Romero, acompañado de dos o tres vocales, que se cambiaban cada cuatro años.
Un Domingo cualquiera, con D. Celso Sanroman de sacerdote, sonaba la
campana para ir a misa. Iba a misa el 80% de la gente del pueblo. Terminaba el
toque de campana y, pasados dos o tres minutos, volvía a sonar. Anunciaba que,
después de misa, habría concello, (en
otros pueblos se llamaba acuerdo o hacendera). Delante de la casa parroquial se
formaba un corro, con Antonio en el centro que leía o mandaba leer, yo leí
muchas veces, las notas que el Sr. Delfín Pacios, Alcalde, durante muchos años,
del Ayuntamiento de Carracedelo, le enviaba . La gente daba sus opiniones, bien
o mal, dependiendo del asunto tratado.
En aquella época no había máquinas, todo se hacía a mano o con la ayuda de los animales. Cada pueblo,
no se si había alguna ayuda por parte del Ayuntamiento, tenía que arreglarse
por su cuenta.
El Presidente con sus vocales, cada dos o tres meses, recorrían los
caminos del pueblo y tomaban nota de los arreglos que había que ir haciendo.
También recogían las sugerencias que los vecinos les iban haciendo.
Parte del pueblo casi todos los
años se veía inundada por los desbordes de las presas de La Magariña,
procedente de Camponaraya y del
Colector, procedente de los Magaces, estropeando la mayoría de los
caminos. El Sr. Presidente y los vocales
llevaban al Consejo Público, la situación producida por las citadas inundaciones
y se estudiaba la forma de solucionarlas.
Crecida del Colector
Tocan a Misa, pasados dos o tres minutos, vuelven a sonar las campanas.
Todo vecino se da cuenta que, vaya o no a misa, tiene que acudir al Concello.
Como siempre, en corro y con el Sr. Presidente en el centro, se acuerda
arreglar un camino, para ello el Sr.Presidente cita las familias que tendrán
que acudir con su carro, los que tendrán que acudir con sus caballerías y los
que acudirán con picos, palas, azadas y azadones. Todo quedaba, no se donde,
muy bien anotado, para que la próxima vez no volvieran a repetir los mismos.
Todo ello era de obligado cumplimiento.
Al que no acudiera a la llamada del Sr. Presidente, sería sancionado.
A continuación y a mi manera, basándome en los recuerdos que tengo de
aquellos concejos, voy a escenografiar uno de ellos:
-Sr. Presidente.- Bois días, chega u momento da
gadaña e acarrea da herba. U camiño do Brazal , por culpa das crecidas, está
muy mal. Eu pensó que temos que arreglalo. ¿ Qué vos parece?
-Pueblo ( casi a coro).- Teis razón. Hay que arreglalo.
-Sr. Presidente.- Pois si estamos de acordo vou a decirbos u
que ten que facer cada un ( Así fue nombrando los carros con sus
parejas, las caballerías y los hombres con picos, palas, azadas y azadones). Tamén
pensamos que u 26 de este mes podemos facer o traballo.
-Un vecino.- Eu penso que nun e bon día u 26.
Muita xente vay a feira a Cacabelos a vender ou a comprar vacas ou marranos.
-Pueblo.- Pois teis razón.
-Sr.Presidente.- Nun me acordaba que era feira en Cacabelos.
¿ Que os parece si u deixamos pa o día
siguiente?
´Pueblo: Fagámolo así.
-Otro vecino.- A min dixésteme que tenía que ir
cas vacas yu carro. Unha das vacas está pa parir un día destos en nun vou poder levála.
-Tercer vecino.- Nun te preocupes vou eu, ya irás
tu cuando me toque a min.
-Sr.Presidente.- ¿ Algún problema mais?
-Pueblo: Non.
-Sr.Presidente.- Entonces u día 27 as nove da
mañana, todos estaremos na Costa da
Xente.
De esta forma, concello tras concello, se
iban arreglando caminos, presas, senderos, etc. Aunque , de vez en cuando,
surgían pequeñas disputas, siempre
terminaba haciéndose el trabajo propuesto
La vida en Carracedo en los años 50 del siglo xx
( Desde “El
Varal)
Por Antonio Sernández López
Vivimos en
unos tiempos donde está de moda rememorar, en cada pueblo, aquellos
acontecimientos históricos ocurridos en el. Yo también quiero recordar,
brindándoles un pequeño homenaje, a aquellas personas, ya desaparecidas, que
mediado el siglo XX, hacían de Carracedo un pueblo vivo.
Aquellas
gentes no tenían ocho horas de jornada laboral. Su jornada era de 16 horas, los
siete días de la semana. A las seis de la mañana ya se escuchaba el rodar de
los carros o el caminar de los animales, dirigiéndose a las fincas, por los
maltrechos caminos. Volvían a casa con el sol ya puesto, pero el trabajo
todavía continuaba un par de horas, ya que había que atender a todo tipo de
animales que había en casa y que eran indispensables para la supervivencia
familiar. En la mayoría de los casos la esposa acompañaba a su marido en las
labores agrícolas. Los niños iban a la escuela, siempre que no fueran
necesarios en las tareas del campo; muchos días comían solos; cuando regresaban
de la escuela de la tarde tenían que realizar las tareas encomendadas por sus
padres, tales como: ir de pastores, limpiar las cuadras, preparar la comida de
los animales, etc y todo ello sin rechistar.
En los años 50 Carracedo no era un pueblo rico, tampoco pobre, debido a
la gran extensión de terreno de regadío que tenía. La presa de los molinos, que
nace en San Martín y muere en Carracedelo, hacía que Carracedo dispusiera de
una hermosa pradería y una buena vega con fincas de tabaco, patatas, etc. A
orillas del río Cua, aunque también había pradería, dominaban los chopos para
la construcción y los alisos, salgueiros y otros árboles para alimentar las
cocinas , algunas todavía de suelo. Otros dos pequeños cauces, con buenos
cangrejos, que se secaban en verano, daban lugar a los lameiros a orillas de la Magariña y los huertos a los
lados del Colector. La parte de secano,
que era bastante grande, no funcionaba todavía el canal Bajo del Bierzo, estaba
ocupada por las viñas en las partes altas y por los cereales en las Colonias y
en el Fabero.
Los
caminos ¡ vaya caminos¡ estaban sólo preparados para carros, caballerías y
peatones. Hacia Narayola salía un camino solo transitable en verano, en
invierno se llenaba de pequeñas lagunas que lo hacían intransitable. El camino
de Carracedelo era estrecho, lleno de baches, malo pero muy bonito y agradable,
ya que se introducía, casi como un túnel, entre dos beirones que cepillaban los
carros cuando pasaban cargados de hierba o cereal. El menos malo era el que iba
a Cacabelos, por este, aparte de carros, caballerías y bicicletas, circulaban
tres camionetas y un pequeño coche de madera, famosos en aquellos tiempos. La
del Portugués de Cacabelos, casi siempre cargada de carbón de islan. La de
Darío Osorio, que conducía Jovino, que, casi siempre, iba cargada de bullo (
orujo) para fabricar aguardiente. La camioneta de Isidoro, de San Martín, se
dedicaba a todo tipo de transportes, incluso la convertía en transporte de
viajeros colocando un toldo encima de la caja. El coche de madera, el taxi del
pueblo, era conducido por Gorgonio y por Hortensio, ocurría algunas veces que
en vez de llevar el coche a la gente, tenía la gente que llevar al coche. Los
caminos buenos eran los de la Colonia, superficie robada, a principio del siglo
XX, al monte y, por Colonización, convertida
en extraordinarias parcelas; todas tenían su casa vivienda y, en casi todas,
había una o dos norias que, sacando el agua desde 7 o mas metros, servía para
regar parte de la finca.
Exceptuando al cura, D.Celso, y al maestro ,D.Ismael o D. Santiago, el
resto de las familias vivían todos, con pequeñas diferencias, de lo mismo: Una
pareja de vacas que, aparte de realizar los trabajos agrícolas, producían
terneros y leche para la venta, algunas veces para el consumo. Dos o tres cerdos, de los que uno o dos se vendían,
algunos hasta vendían los jamones de los que se mataban en casa. Burro, burra o
caballo para realizar pequeños trabajos agrícolas y transportar pequeñas
cargas. Gallinas, pollos y conejos formaban la granja de todas las familias, incluso
del cura y del maestro. Algunos padres de familia acudían a trabajar, en
bicicleta o a pié, a la fábrica de cementos Cosmos en Toral de los Vados o a la
térmica de Ponferrada.
Las viviendas eran muy deficientes,
algunas tipo palloza. La comida se cocinaba en el fuego de suelo. Del techo de
la cocina colgaba una cadena, llamada gramalleira, de la que se suspendía el
pote. Al lado siempre estaba el fuelle para avivar el fuego. Las habitaciones
solían ser pequeñas y oscuras. Las camas de hierro y los colchones de paja de
maíz. En muchas casas no había luz
eléctrica, se alumbraba con candiles de petróleo o carburo, en otras solamente
podía haber dos tres bombillas de 25 w.
En la parte alta de alguna pared se practicaba un ventanuco donde se colocaba
una bombilla que iluminaba, a la vez, dos o tres habitaciones. En el cuarto de
baño, las pocas casas que lo tenían, sin agua corriente, lo ocupaban un
palancanero y un jarrón con
agua para lavarse. Las necesidades
mayores se hacían en las cuadras o en el campo, limpiándose con las primeras
hierbas que uno encontraba. Debajo de cada cama se colocaba el orinal, que al
día siguiente, para ventilarlo, adornaba las ventanas traseras de la vivienda.
Sin embargo, a pesar de tanta miseria, la gente era feliz. Por las
noches se reunían las familias, contaban chistes, jugaban a las cartas,
cantaban y se comentaban las cosas del pueblo. Los sábados, por la noche, se formaban
grupos que recorrían las oscuras calles del pueblo, visitaban las bodegas y
cantando canciones populares.
NOTAS,
ESCRITAS POR SI MISMO, DEL CURRICULUM VITAE
DE D.UBALDO NIETO DE ALBA DIRIGIDAS A SU SOBRINA ANUNCITA.
1. En agosto del 36 nos fuimos a vivir a Carracedo: El abuelo Benito era
el Alcalde del Ayuntamiento y el de Carracedo (Francisco de Alba) era el Juez
de Paz. En Ponferrada continuó mi hermana que había ingresado en el instituto.
2. Cuando cumplí los 14 años, ya casada mi hermana, volví a Ponferrada sólo para
aprender un oficio. Como quería ser mecánico mi padre habló con Pispis y me fui
a su taller. Sólo estuve una semana, pues no se me daba bien el oficio y,
además, descubrí que aquello no me gustaba.
De regreso a Carracedo, el maestro me dijo que, aunque ya había cumplido
los 14 años, podía seguir en la Escuela. Además yo le ayudaba a dar clase a los
de la Primera sección que no sabían leer ni escribir.
Como mi padre me decía que tenía que aprender un oficio o poner algún
pequeño negocio. Yo pensé que podía ser fotógrafo. Así es que me llevó a León, me
compró la mejor máquina de hacer fotografías y me dejó unos días para que
aprendiera en los laboratorios de la GAFA DE ORO en León. Gané un poco de
dinero y, cuando regresamos nuevamente para Ponferrada, el laboratorio lo monté
en Ponferrada. Por otra parte, la Gafa de ORO de León, que me había oído hablar
de Ponferrada, no tardó en montarlo para una hija y su yerno. Por otra parte, a
mí tampoco me llenaba mucho eso de la fotografía. En esa etapa fue cuando
conocí a Emilia Valiño y le enseñé a revelar carretes y hacer copias. También
le presté mi máquina.
3. Como en Ponferrada habían una Academia (CASMAR) para estudiar la Carrera de Comercio,
allí me fui: a estudiar Contabilidad y otras materias que me permitieran un trabajo de oficina.
Cuando llegó junio los que estudiaban la Carrera se fueron a León a examinarse, pero yo no estaba matriculado.
Fue el Director de la Academia el que me animó a estudiar la Carrera que
entonces era cinco años el peritaje y dos el Profesorado Mercantil.
Yo tenía ya 16 años y mi padre no estaba muy animado. El Director de la
Academia fue conmigo a Carracedo y después de una larga conversación dijo que
disponía de 500 ptas. Esto era suficiente para matricularme en septiembre de la
mitad de la carrera y para el próximo curso el resto. Así que en septiembre del
año siguiente ya era Perito Mercantil (5 años). Ello animó a mi padre y me permitió ir a León a estudiar el Profesorado Mercantil
en la Academia Becker donde en un año hice los dos Cursos de Profesorado, si
bien en la Academia continué otro año más para adquirir una preparación que me
permitiera poner una asesoría fiscal en Ponferrada. En esta Academia me concedieron el Diploma de Honor de mejor alumno.
4°. En este tiempo, yo descubrí que lo que a mí me gustaba era ser
Catedrático y dedicarme a la enseñanza. Para ello tenía que culminar la carrera
en la Escuela de Altos Estudios Mercantiles en Madrid. Así que en septiembre me
matriculé de la rama Actuaria! que exigía aprobar un ingreso de matemáticas y,
después de dos años de carrera había que hacer una tesis. Esta carrera la
terminé con Premio Extraordinario y me permitió ser profesor ayudante de
Cátedra y, posteriormente, Catedrático de Escuelas de Comercio en Salamanca.
Pero como yo quería ser catedrático de Universidad me hice la
licenciatura y el doctorado en Ciencias
Económicas, por la Universidad de Madrid, también con premio extraordinario.
Todo ello, lo simultaneé con oposiciones ganadas con el n° 1 y, que me
permitieron quedarme en Madrid. En mi trayectoria profesional también estuve en
el antiguo Instituto Español de Emigración en aquellos años en que emigró mucha
gente a los países de Europa. También en el antiguo instituto Nacional de
Previsión.
5º. Mi etapa de Senador ya la conoces y, en esos momentos, yo
ya no estaba en activo, salvo
la cátedra, de los cuerpos de la
Administración. Tenía mi despacho profesional. Despacho que cerré cuando fui
elegido por el Senado, pasé a ser Consejero del Tribunal de Cuentas en 1982. La segunda vez fui elegido por
el Congreso y la tercera vez otra vez por el Senado. Dentro del Tribunal fui elegido
Vicepresidente y, posteriormente, Presidente po~eces, cargo que desempeñé durante diez
años.
6º. Las condecoraciones que
figuran en el currículum que te acompaño responden a mis distintas etapas.
Homenaje,
del Ayuntamiento de Carracedelo, a
Ubaldo Nieto de Alba el 09/05/2004
I.- TÍTULOS
a.- Profesor Mercantil por la
Escuela Superior de Comercio de León (1950).
Diploma de Honor de la Academia
b.- Actuario
de Seguros, con Premio Extraordinario
Final de Carrera, por la Escuela de Altos Estudios Mercantiles de Madrid (1954).
c.- Doctor y Licenciado
en Ciencias Políticas, Económicas y Comerciales, con Premio Extraordinario, por la Universidad de
Madrid (1960).
II.-PERTENECIÓ( ACTUALMENTE
JUBILADO) A LOS CUERPOS DE :
a.- Catedrático Numerario de Escuelas Universitarias
de Estudios Empresariales.
b.-Catedrático
Numerario de Economía Financiera de la Facultad de C.C. Económicas y Empresariales
de la Universidad Complutense.
c.- Inspector de Finanzas del Estado del Ministerio de
Economía y Hacienda.
Cuerpo Superior de Estadísticos del Estado del Instituto Nacional de
Estadística.
Censor Jurado de Cuentas.
d.- Profesor del ICADE (1963-1973) (donde
estudió Lázaro).
Profesor del CUNEF (1974-2002)
(donde estudió otro hijo de Geña).
III.- MIEMBRO DE: La
Real Academia de CC. Económicas y Financieras de Barcelona. Medalla de Oro del Ilustre Colegio de
Economistas de León y Titulado Mercantil y Empresarial del año 1998 del Colegio
de Madrid.
IV.- CARGOS DESEMPEÑADOS:
a.-
Jefe de Estudios Económicos en la D. G. de Política Finanéiera del Minis-
terio de Hacienda (1966- 1968).
b.-
Decano de la Facultad de C.C. Económicas y Empresariales de la Univer- sidad
Complutense (1970- 1973).
c.-
Subdelegado General del I.N.P. (1978).
d.-
Senador por León (1977- 1982) (UCD). (Constituyente y Primera Legisla-
tura),
durante la cual se promovió la creación de la Universidad León.
e.-
Presidente de la Comisión de Economía y Hacienda del Senado (1977 - 1982).
Consejero del Tribunal de Cuentas desde
1982. Presidente de la Sección de Fiscalización del Tribunal de Cuentas de
España (Del 27 de diciembre de 1994 a diciembre del 1997).
f.-
Presidente del Tribunal de Cuentas y Secretario General de la Organización de
las Entidades Fiscalizadoras Superiores de Europa (EURO-SAl), en la que se
integran 41 Entidades Fiscalizadoras Superiores de Europa. (Del 23 de diciembre
de 1997 a diciembre del 2007).
V.- CONDECORACIONES:
a.-
Encomienda con Placa de Alfonso X el
Sabio: De la etapa de Catedrático y Decano de la Facultad de Ciencias Económicas
de la Universidad Complutense de Madrid).
b.- Cruz azul, categoría Oro, de la
Seguridad Social (de mi etapa de Subdelegado General del antiguo INP).
c.- Orden del Mérito Constitucional (mi
etapa de Senador).
d.- Gran Cruz de la Orden de Isabel la
Católica (de mi etapa de Presidente del TCu.)
Ubaldo,
con Antonio, en una de sus asiduas
visitas a “ El Varal” ( Museo etnográfico agrícola de Carracedo del Monasterio) ( León)
Murió en
Madrid el día 12 de diciembre de 2018 q.e.d.
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LA NOVIA DE MI ABUELO
( Por Manuel Yebra Fernández)

Ha muerto mi padre y regreso a mi pueblo. Un pueblo hermoso en la rivera del Cua, con las ruinas de su monasterio, entre cuyas piedras, he jugado de niño. Recuerdo a mi maestro don Santiago con su calva ominosa que tapaba cruzando el poco cabello de un lado. Mi otro maestro el de verano: Antonio, que nos daba clase en una casa vieja frente a la era. Hace años que no piso sus calles, la vida me ha llevado muy lejos de allí, pero mis recuerdos de aquella época están frescos. Será que ya soy mayor y vivo mas en el pasado que en el presente. Las figuras centrales de mi infancia son mis abuelos. Mas bien mi abuelo que mi abuela, pues aquella murió cuando yo era muy pequeño, aunque si conservo su imagen de un cuadro que presidia el salón: La foto de mis abuelos el día de su boda. Mi abuelo era un hombre atractivo, bigote inglés y mirada retadora. Mi abuela tenía los ojos diminutos y nariz ganchuda, con rostro decrépito, para ser sus años mozos. Siempre me llamó la atención aquel contraste. Un día le pregunté a mi padre como es que el abuelo se había casado con una mujer tan fea. Mi padre no se dignó responder, por lo que entendí que no debía de preguntar esas cosas, así que recurrí a los criados, ellos con promesa de guardar secreto me contaron la historia: “El abuelo entró de sirviente en la casa. Era guapo y resuelto. Todas las mozas del vecindario y pueblos aledaños suspiraban por él, . No esquivaba ninguna pelea y tenia fama de temerario. Como he dicho había rondado a muchas chicas, pero una muchacha de Cacabelos había conquistado su corazón. Cuando terminaba su trabajo se aseaba, se ponía el traje del domingo e iba a visitarla. Era una chica hermosa de tez blanca. Ya se habían comprometido y todo el mundo pensaba que serían una pareja feliz. “¡Daba gusto verlos pasear juntos! ¡Eran los dos tan guapos!”.
Cuentan, que un día, que mi abuelo se estaba preparando para visitar a su amada, le salió al encuentro mi abuela y le espetó sin mas: “Andas buscando fuera lo que tienes en casa”. El resto de la historia es confuso, pero, el resultado es que mi abuelo se casó con mi abuela. Dicen en el pueblo:”Entrou de criau y salíu de amo”.
La imagen que tengo de mi abuelo, es la de un hombre huraño y malhumorado, procuraba no acercarme mucho a él. Nunca recuerdo un gesto cariñoso por su parte, aunque es verdad que siempre me llevaba a la feria de Cacabelos. Íbamos en el viejo camión Barreiros que conducía Jobino. Lo arrancaba dándole a la manivela o tirándolo por la cuesta abajo. En la feria, mi abuelo, compraba y vendía ganado y llevaba el dinero en un fajo sujeto con una goma . Mientras el abuelo trataba, bueno según Jobino, mal trataba, pues compraba a cinco y vendía a cuatro, nosotros íbamos a tomar una tapa de callos al mesón Casa Rubaldo, donde el mesonero pedía los platos y, de una cortina que se hallaba detrás de la barra, salía una mano blanquísima que entregaba la comanda. La mano era lo único que se veía. Yo estaba más pendiente de los ires y venires de la mano que de atender a la comida. Le preguntaba a Jobino por que no aparecía su propietaria, porque sin duda era mano femenina, pero nunca me lo aclaró, alegando que él también lo ignoraba.
Para enterrar a mi padre he tenido que librar los sepulcros de mis abuelos y transportar sus huesos al osario. Mis abuelos estaban enterrados en la única capilla del cementerio y que, según dicen, sirvió de refugio, durante la guerra, a Silverio el Atravesao, un escapado de mi pueblo, que estuvo con la partida de Girón .
Por la mañana, ayudado de dos empleados, procedimos a la apertura de los sepulcros. Empezamos por el de la izquierda, el de mi abuelo, La madera estaba bien conservada y dentro hallamos el esqueleto de mi abuelo. Un esqueleto de huesos robustos como correspondía al hombre corpulento que fue en vida. Una vez retirados los huesos e introducidos en una bolsa, seguimos con el sepulcro de mi abuela. La caja también estaba bien conservada y cuando abrieron la puerta nos quedamos paralizados. Allí dentro se encontraba una mujer perfectamente conservada, de hermoso rostro y larga melena. Inmediatamente me acordé de la niña Sierva María de Todos los Ángeles, de la novela de García Márquez. El hombre que sujetaba la tapa la soltó con la sorpresa y, cuando volvimos a abrirla, ya solamente había polvo y restos del vestido de la difunta.
¿Que había ocurrido allí? El cadáver de mi abuela no estaba y en su lugar que ahora ocupaba la bella mujer? La noticia corrió por el pueblo y las más diversas historias dieron pábulo a la imaginación de la gente.
Jobino vivía con su hija. Cuando pregunté por él, la mujer me advirtió que ya se le iba mucho la cabeza y se olvidaba continuamente de todo.”Deja la cachaba y al momento ha olvidado donde la tiene”. Ya había cumplido los noventa, aunque seguía teniendo buena salud, salvo algún lapso ocasional.
Estaba sentado en el patio, debajo de la frondosa parra y me conoció nada mas verme. Me interesé por su salud y el hombre abrió el abanico de sus múltiples achaques. Después, ya acercándome a lo que me interesaba, le pregunté por mi abuelo.
-Quiero que me hable de mi abuelo, Jobino.
- De tu abuelo. ¿Que quieres que te cuente de tu abuelo? -Y continuó sin esperar respuesta-. Tu abuelo era un hombre estupendo, lo mejor que he conocido. Amigo de sus amigos, espléndido, simpático; aunque...bueno... después cambió.
- ¿Por qué cambió?- le pregunté, recordando que aquel no era el abuelo que yo había conocido, sino un hombre adusto y malhumorado.
- El casamiento no le fue bien- respondió escueto y luego añadió-. El no quería a tu abuela, se casó con ella por el interés y eso nunca da buen resultado. El quería a otra, estaba enamorado de Manuela y ella de él, pero el dinero es tan poderoso... Tampoco lo juzgues severamente, aquellos eran malos tiempos; el dinero lo era todo. Si no lo tenías te veías condenado a vivir en la miseria y en el hambre . Él no poseía nada, absolutamente nada, solamente sus manos para trabajar; es posible que hubiera sido suficiente, pero la avaricia le cegó y no encontró la felicidad: Se metió en el alcohol, en el juego y se trasformó en un hombre amargado.
-¿Y Manuela? ¿Quien era Manuela?
- Manuela era la dueña de la mano.
-¿La mano?
- Si la mano. ¿Recuerdas cuando íbamos a tomar una tapa los días de feria? La mano que salía de detrás de los visillos, era la mano de Manuela. Desde que la dejó tu abuelo, no volvió a salir de casa; se encerró. Su padre era el tabernero y ella cocinaba, pero sin asomarse jamás. Tampoco se volvió a cortar el cabello; decían que le llegaba por debajo de la cintura.
Quedé asombrado; aquella mano que tanto me impresionaba de niño, cuando acompañaba a Jobino a la taberna, era de la amada de mi abuelo, de Manuela.
-¿Mi abuelo no intentó volver con Manuela?
- No, en aquellos tiempos era imposible, las cosas se hacían y eran para siempre.
-¿Sabes que he abierto la tumba de mis abuelos?
- Si lo sé. Eso no tenías que haberlo hecho. Los muertos merecen un respeto.
Olvidando su reproche, le volví a preguntar.
-Y, también conocerás que en la tumba de mi abuela había otra mujer.
Calló un momento, después solamente dijo:
-Si, lo sabia.
-¡ Como! ¡Tu lo sabias!- dije extrañado.
Sin contestarme, miro al suelo.
Yo le volví a preguntar.
-¿La mujer que estaba dentro? ¿Quien era esa mujer?
- Era Manuela.
- Pero, ¿como llegó el ataúd de Manuela al panteón de mis abuelos y que fue del ataúd con mi abuela dentro?
Jobino calló otra vez, quizás fuesen demasiada preguntas juntas para su edad. Tardó unos minutos, después, como hablando para si mismo, comenzó:
- ¡Que miedo pasé aquel día!
Volvió de nuevo a callar, mientras yo me comía de impaciencia. Por fin continuó.
-Un día, tu abuelo, me dijo que iba a necesitarme aquella noche. Yo pensé que iríamos a hacer la espera al jabalí; sabíamos de una charca donde iba a retozar, debía de ser un bicho enorme y tu abuelo se la tenia jurada. Fui hasta su casa, pero en vez de dirigirnos al monte anduvimos hacia el cementerio. Empujó la verja y, después, fuimos hasta la capilla, yo no paraba de preguntarle: “que hacemos aquí”, pero él, sin responderme, saco una llave del bolsillo y abrió la puerta. Me dijo que le ayudara a quitar la lapida, yo dudé, pero su gesto no admitía negativas. Arrancamos la plancha de mármol y sacamos el féretro, lo cargamos en la furgoneta y marchamos en dirección a Cacabelos, cruzamos por sus calles, después enfilamos por la carretera de Quilos, hasta llegar al cementerio. Era una noche cerrada, sin luna. Descargamos el ataúd. Tu abuelo lo sujetó por delante y yo agarré por detrás. Estaba aterrorizado, sobresaltándome con cualquier hierba que tocaba mis pantalones. Llegamos hasta una tumba, levantamos la lapida y me mandó bajar para pasar las cuerdas. Yo me negué, rotundamente, y tuvo que bajar él. Entre los dos subimos el féretro, tirando uno de cada lado, nos costó bastante izarlo. Después hicimos la operación inversa con el féretro de tu abuela, sellamos la tumba y cargamos el ataúd en la furgoneta y con la lúgubre carga regresamos al pueblo, donde lo introducimos en el hueco abierto en la capilla. Tu abuelo me dijo que guardara el secreto y así lo hice, hasta este momento.
Era una historia asombrosa. Mi abuelo y Manuela habían estado enterrados juntos, sin que nadie lo supiera; como amantes clandestinos, protegidos por Jobino; fiel alcahuete de aquellos amoríos. Descansaban muy próximos, a la distancia de una mano extendida o el sonido de un susurro
Junté los restos de ambos cadáveres en la misma urna y después introduje la larga melena de la mujer. Los huesos se acoplaron con irregular armonía. Un fémur robusto junto a otro delicado, una delgada tibia junto a un grueso peroné. ¿Puede haber mayor felicidad para dos enamorados que permanecer con sus huesos entrelazados para siempre?, desintegrándose juntos y conformando una sola materia, de la que renacería, con el tiempo, un solo árbol o una misma planta. La muerte, severa, inaplazable y, a veces cruel, había hecho el prodigio: Unir dos seres, que los avatares de la vida había mantenido separados. ¿Quien dice que la muerte es injusta?
MANUEL YEBRA FERNÁNDEZ
LA SEMANA SANTA DE LOS 50( Por Antonio Sernández López )
Todo empezaba el
Domingo anterior al miércoles de Ceniza. D. Celso Sanromán Méndez, que era el
sacerdote del momento, en su sermón dominical, nos explicaba que la Semana Santa empezaba el próximo miércoles,
con la imposición de la ceniza. Nos explicaba también que la cuaresma eran cuarenta días de oración y recogimiento. Durante la cuaresma
había que guardar abstinencia todos los viernes y ayuno con abstinencia el
miércoles de Ceniza y el Jueves Santo. Quedaban suprimidas todas las fiestas.
Había que confesarse. Nos programaba los actos que se celebrarían durante la
Semana Santa.
D.Celso Sanromán Méndez
En los años cincuenta
la mayoría de la gente asistía a todos los actos. No sé si realmente era
mas católica o mas cumplidora con los actos religiosos o sociales del pueblo.
Para tomar la ceniza,
primer miércoles de cuaresma, el tío Emilio, el sacristán, quemaba, a la puerta
de la Iglesia, un pequeño haz de sarmienta. Recogía la ceniza y, en una
bandeja, la depositaba en el ara del altar. D. Celso la bendecía y, en un
momento de la misa, todo el mundo se acercaba al altar y el sr. Cura, al mismo
tiempo que con ceniza hacía una cruz en la frente, decía: “polvo eres y en polvo te convertirás”.
En la primera parte de este escrito, escribía yo, que
durante la cuaresma había que guardar ayuno y abstinencia el miércoles de
Ceniza y el Jueves Santo. La abstinencia quedaba reducida a los viernes de
cuaresma. Realmente, D. Celso, nos explicaba, que la prohibición de
comer carne abarcaba los cuarenta días
de la cuaresma. Sin embargo, comprando la Bula de la Santa Cruzada, la
obligación quedaba reducida a los viernes.

De obligado
cumplimiento era la confesión anual. El segundo mandamiento de la Santa Madre
Iglesia dice “ Confesar, al menos, una vez al año, o antes si espera haber
peligro de muerte o si ha de comulgar”. Para su cumplimiento acudían
como confesores: D. Germán, cura de Villadepalos, D. Antolín, cura de Carracedelo, y D.
Isiderio, cura de Cacabelos. Cada uno de ellos se colocaba en un confesonario.
Las mujeres, normalmente, iban a un confesor y lo hacían a través de la
rejilla, que había en una de las paredes del confesonario. Los hombres lo
hacían a través de la puerta. D. Celso explicaba que antes de llegar al confesonario
había que hacer un Acto de Contrición para recordar los pecados cometidos desde la última confesión y rezar
el Yo, Pecador.
Lo recuerdo:
Yo, pecador, me confieso a Dios Todopoderoso, a la bienaventurada
siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel Arcángel, a San Juan
Bautista, a los Santos apóstoles San Pedro y San Pablo, a todos los Santos y a
vos, Padre, que pequé gravemente con el pensamiento, palabra y obra por mi
culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa; por tanto, ruego a la bienaventurada siempre Virgen María, al
bienaventurado San Miguel Arcángel, a san Juán Bautista, a los Santos apóstoles
San Pedro y San Pablo, a todos los Santos y a vos, Padre espiritual, que
roguéis por mí a Dios nuestro Señor. Amen.
Mucha gente mayor no
sabía o no recordaba la citada oración. D. Celso la iba recitando y la gente lo
iba siguiendo. Todos los niños, en aquella época, conocían todas las oraciones
por haberlas estudiado en el catecismo del Padre Astete, de ello se
encargaba D. Santiago, el maestro.
Recuerdo que la
mayoría de los hombres huían del confesonario donde estaba D. Germán. por las
broncas que echaba. Recuerdo también que se hacían colas para acudir al
confesonario. Nunca me olvidaré de la
discusión que tuvieron Leoncio y Alfonso cuando uno de ellos se saltó la cola
para llegar antes al confesonario. Una vez confesados los pecados el Sr. Cura
ponía la penitencia y, mientras el penitente recibía la absolución de rodillas, tenía que rezar el
Sr. mío Jesucristo.
Lo recuerdo:
Señor mío Jesucristo,
Dios y hombre verdadero, Creador
Redentor mío: Por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las
cosas, a mi me pesa, de todo corazón, de haberos ofendido, y propongo
firmemente nunca mas pecar, confesarme, cumplir la penitencia que me fuere
impuesta, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos; ofrezcoos mi vida,
obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados; y confío en vuestra
bondad y misericordia infinita, me los perdonareis por los méritos de vuestra
preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y para
perseverar en vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida. Amen.
La última semana de cuaresma era
la mas santa, por eso se llamaba
Semana Santa.
El sacristán: el Tio Emilio El Domingo de Ramos empezaba la Semana Santa. El 100% del pueblo acudía a la Iglesia con ramos pequeños o grandes . Casi
todos eran de olivo o laurel. Solo D.
Celso llevaba una palma. Recuerdo que
Santiago “ El garrocho” acudía con un enorme ramo que luego adornaría el Monumento . Todo el pueblo esperaba a la
puerta de la Iglesia, que permanecía cerrada. El tío Emilio, con un martillo, pegaba unos pequeños golpes en la puerta, al
mismo tiempo que pronunciaba unas
palabras, no las recuerdo. D. Celso
contestaba desde dentro de la Iglesia y, acto seguido, abría la puerta. Todo el
mundo entraba en la Iglesia y parte de la gente se sentaba en los pocos bancos
que había en la Iglesia, el resto de la gente quedaba de pie. La misa era
cantada por el Sr. Cura y por el sacristán. No se en que parte de la Misa el Sr. Cura bendecía los ramos y, acto
seguido, todo el mundo se acercaba al altar
y tenía que besar el ramo y la
mano del cura. Terminada la Misa, en la que la mayoría de la gente había
comulgado, la gente salía feliz. Los mas felices eran los niños que , con sus
ramos, emprendían una pequeña batalla
campal. Los ramos benditos eran repartidos por las fincas para lograr unas buenas cosechas.
El
lunes, martes y miércoles no había oficio
religioso alguno. Las mujeres, con algunos hombres, del pueblo preparaban el
monumento. Se situaba delante del altar mayor de la Iglesia. En la parte mas
alta de una larga y ancha escalera de madera se colocaba el sagrario. A los
lados de la citada escalera se llenaba de plantas y flores. No podía faltar el
gran ramo de Santiago el Garrocho.
El Jueves Santo por la mañana había Misa y
, terminada la misma, bajo palio, el sr
cura , en una pequeña procesión trasladaba el Santísimo a una capilla, Sagrario, que se había colocado en lo alto del
monumento. Después de rezar una estación
al Santísimo, este quedará expuesto
hasta la tarde del viernes. Cada familia colocaba en el monumento una vela ,
debidamente adornada. La gente del pueblo se iría turnando, para acompañar al
Santísimo, día y noche .
Entre oficio y oficio
la gente joven paseaba por el cercado. El cercado era la calle, toda llena de
grandes nogales, que iba desde la Iglesia a la casa del cura.
A última hora de la
tarde había una “Hora Santa”. En ella el Sr cura o un predicador meditaba y
hacía meditar a la gente sobre el significado del Jueves Santo. Meditación muy interesante.
El Viernes Santo, día de ayuno y abstinencia, la gente, por turnos, seguía
acompañando al Santísimo, que seguía expuesto. Los oficios empezaban alrededor de las cuatro de la tarde. Los niños provistos todos
de sus carracas se colocaban en
la parte izquierda de la Iglesia, al lado de la
puerta que comunica con el cementerio. En el centro de la Iglesia se colocaba
una especie de cruz llena de velas encendidas. No tengo ni idea cual era su
significado, pero si recuerdo que D.
Celso leía, cantaba y el tío Emilio contestaba. Las velas, poco a poco, se iban
apagando. La última, creo yo, marcaba el momento de la muerte de Cristo. En
aquel momento el Sr cura señalaba a los niños que, con un sonido
ensordecedor, hacían sonar las carracas.
A partir de aquel momento ya no podían tocar las campanas hasta el
Domingo de Pascua.
Terminado el oficio
descrito anteriormente se procedía a trasladar , también bajo palio, el Santísimo desde el monumento al Sagrario
de la Iglesia. A continuación se
procedía a la adoración de la cruz. Todo el mundo en fila se iban, poco a poco,
acercando a la cruz que D. Celso había colocado en el suelo. Había, después de
hacer varias genuflexiones, besar los
clavos de los brazos y pies.
Después de la
adoración , había un par de horas de
descanso, que la gente
aprovechaba para volver a casa y atender a los animales. El Vía Crucis era otro
de los oficios del Viernes Santo. El Vía
Crucis recorre, en 14 estaciones, los
episodios mas notables de la Pasión de Cristo, desde que fue arrestado en el
Huerto de los Olivos hasta su crucifixión en el Gólgota, sepultura y resurrección al tercer día. Don Celso empezaba cada estación, asi: “Te
adoramos, Señor y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo”.
A continuación leía el pasaje correspondiente a la estación. Terminaba diciendo
:”
Señor pequé, ten piedad y misericordia de mi” .Finalizaba la estación
rezando un Padrenuestro y cantando una canción. La canción era siempre la
misma:” No estés eternamente enojado, perdona tu pueblo, perdónalo Señor”.
Recuero una curiosa
anécdota respecto a la canción. Los
tenores del coro eran Gilberto, Leoncio, Silvano, Garrocho y alguno mas.
Recuerdo que el cántico empezaba suavemente, pero a medida que iban pasando las
estaciones, los tenores cada vez iban haciéndolo con mas fuerza. Llegó un
momento en que el tono subió tanto que, D. Celso, en la estación siguiente, cambió de canción.
Los tenores no estuvieron de acuerdo, no sabían la nueva canción, y exclamaron:
“! Tu
cambia de canción pero nosotros no¡” y continuaron con la misma. D. Celso, al principio, se enfadó pero, al
final, claudicó y solo les dijo:” Está bien, pero hacerlo mas bajo”.
Eran otros tiempos.
El último acto del
Viernes Santo era la procesión de la Dolorosa. La Virgen vestida de riguroso luto era portada por
cuatro mozas solteras, vírgenes, también
vestidas de negro. La procesión
transcurría por el Cercado, calle que iba desde la Iglesia hasta la casa
del cura. A la Virgen la acompañaba la mayor parte de la gente del pueblo.
Rezando y cantando. Las mujeres, casi nunca los hombres, llevaban las velas
que habían estado alumbrando el monumento.
El Sábado
Santo era un día de luto. Cristo descansa en el sepulcro. No hay misa y
las campanas permanecen en silencio. A la gente del pueblo se le nota cierta
nostalgia. El único acto litúrgico se celebraba el sábado por la noche , la
Vigilia Pascual que conmemoraba la resurrección de Cristo. Empezaba el oficio
con la bendición de un gran velón “ el Cirio Pascual”. En ella, con los rezos
de D. Celso y los cánticos de tío Emilio, se iban clavando clavos pequeños,
formando una cruz, que simbolizaban los
cuatro clavos con los que Cristo fue
clavado en la cruz: Dos en las manos,
uno en el pecho y el cuarto taladrando los dos pies . Terminaba el oficio con
la bendición del agua, agua que la gente había llevado a la iglesia. Parte del
agua se quedaba en la pila de la Iglesia y otra parte la gente la llevaba,
para bendecir la casa y los animales.
¡Por fin llegaba el Domingo
de Pascua! A primera hora de la mañana las campanas volteaban con gran
alegría. La misa era cantada entre D. Celso, que cantaba muy mal, y el tío
Emilio que lo hacía bastante bien. Terminada la misa salía la procesión. La
Virgen vestida de negro. En la mitad de la procesión, al llegar al campo de la
fiesta, se le cambiaba el hábito negro por otro de lindos colores. El luto
había terminado. Las campanas, eran volteadas con fuerza por los mozos del
pueblo. La alegría se hacía notar por
todo Carracedo. Por la tarde todo el
mundo iba a Cacabelos a la Pascua.
CARRACEDO DEL MONASTERIO
A
D. GRACIANO
(Por
Antonio Sernández López)
A continuación se reproduce el escrito que el pueblo de Carracedo dedicó
a D.Graciano el día que se despidió del pueblo ( 15/02/2004). Sirva el mismo
como homenaje póstumo al buen sacerdote y vecino que, en Santa María de la
Isla, nos dejó el día 2 de agosto de 2012 D.E.P.
D. Graciano
D. Graciano, después de mas de 40 años como párroco ( abad le gustaba
llamarse) de Carracedo, el pueblo le considera como un vecino especial,
en el mejor sentido de la palabra. Vecino por vivir durante este tiempo
en el barrio de La Roda. Empezó viviendo en una casa a punto de derrumbarse. Con
su iniciativa, su esfuerzo, el trabajo del pueblo y la colaboración de sus
propios familiares, se reconstruyó.
Gracias D. Graciano, Vd se va, pero la casa se queda. Especial porque, desde su llegada, de una manera
espiritual, no física, convivió, como un miembro mas dentro de todos los
hogares del pueblo seguro que la palabra D. Graciano aparece, casi siempre,
para bien, por lo menos una vez a la semana, en la sobremesa, o en las
tertulias, de todos los hogares del pueblo. Retrocediendo en el tiempo, 20 ó 30
años, si acercáramos el oído a la puerta de
nuestros vecinos, se escucharían comentarios como ! Vaya cura¡ con la
sotana remangada, era pecado quitársela, carretilla y paleta que bien nos
arregló la pared del cementerio. Gracias D. Graciano, Vd. se va pero la pared se queda. En otros se podría escuchar ¡ hay
que fastidiarse! Lo que trabajó para que no le viéramos la espalda cuando decía
misa. Con mucho esfuerzo, casi siempre solo, cementó parte de la iglesia, justo
donde estamos ahora, para colocar un altar sobre cuatro columnas neoclásicas,
donde el celebrante ya estuviera cara al público. Gracias D. Graciano, Vd. se
va, pero la obra se queda.
Recuerda D. Graciano el lío que se montó el día que metimos en la
iglesia un tractor con material para terminar la obra anterior, se despertaron
todos los santos, la mayoría de las baldosas se movieron, un mes tuvo Vd. que pasar para colocarlas
bien.
En todos los hogares se oiría la misma frase ¡ qué bien canta este cura! D. Graciano, su voz perdurará mucho tiempo
colgada de las bóvedas de esta iglesia, no estaría mal que, de vez en cuando,
la reavivara. Otros comentarios serían:
¡Ya vuelven a sonar las campanas!, ¡ Ya tenemos altavoces en la iglesia! ¡Que
cristales mas bonitos puso en las ventanas!, ¡Ya no hay goteras!. ¡ Tenemos
santos nuevos! Y un sinfín de cosas mas.
Como en toda familia, a lo largo de la vida, hay días malos, regulares y
buenos. Se riñe, se discute y se enemistan
unos con otros. Justo por esto D. Graciano, Vd. se integró en el pueblo,
ya que formaba parte de las discusiones cotidianas, unas veces saldría bien
parado, otras veces, las menos, no tanto.
Cuando un familiar, como Vd. se nos va, todos acudimos a despedirle,
fíjese como está la iglesia. A partir de ahora sus buenas obras resplandecerán
y las que no fueron tan buenas, si es que las hubo, poco a poco desaparecerán.
D. Graciano, muchas gracias por estos cuarenta años que nos ha regalado. Llegó
hecho un chaval y marcha con 12 intervenciones quirúrgicas en su cuerpo. Seguro
que mucha gente recuerda aquel día, julio del 64, que sofocado, llegó en moto,
una OSSA, si mal no recuerdo. Fue
presentado por D. Dámaso, cura de Cacabelos. Recuerdo una frase que pronunció
en su primera homilía: “ para todo cuenten conmigo y con mi moto” ( apenas
había coches) y para que no se olvide el Sr. Presidente del pueblo le va hacer
entrega de unos presentes. Un aplauso.
Que Dios lo tenga en su gloria, se lo ha merecido. Desde allí acuérdese,
de vez en cuando, de Carracedo.
LAS COLONIAS DE CARRACEDO
Por Antonio Sernández López
Yo nací en La
Colonia, lote nº 14, un 20 de diciembre del
1942. Durante 9 años viví con mis padres en La Colonia. La enfermedad,
meningitis, de mi hermano Longinos hizo que, la mayor parte del tiempo, lo
pasara en el barrio del Teso con mi abuela Concha.
Recuerdo como era
la casa de la Colonia. Aunque había dos o tres modelos, la distribución interior era casi igual en
todas. Para entrar en mi casa había que subir tres peldaños. La parte interior
estaba adoquinada con ladrillos macizos. Se entraba en un jol que hacía de
comedor. A la izquierda estaba la cocina. Al frente y a la derecha tres habitaciones. Recuerdo que para
pasar a la 3ª habitación, había que hacerlo a través de la 2ª. Servicio no tenía, pero si estaba la cuadra
de los animales en la parte este de la vivienda. Recuerdo a la perfección como
era la cocina: Una chapa de hierro colocado sobre unas paredes de ladrillo. Un pequeño mueble de madera donde
había una cántara y un caldero, que se llenaban con el agua traída de una noria
que teníamos a 30 o 40 m. Un escurreplatos de madera. Una pequeña mesa rústica
también de madera. Una pequeña
lacena y un banco de madera, que
a mi se me antojaba enorme ( en el jugaba con el primer regalo que tuve en mi
vida, un camión campsa).
Soy biznieto de
Nicolás Amigo Folgueral , secretario, en aquellos tiempos, de Carracedelo y uno
de los promotores del nacimiento de las Colonias. Yo no lo conocí, pero si
conocí a sus hijos Darío, Corina, Aurea y a mi abuela Concha.
Me contaba mi tío
abuelo Darío, de profesión guardia civil y persona muy culta, que antes de la
parcelación toda la dehesa albergaba una
muestra de toda la flora berciana ( carrascos, robles, salgueiros, etc.) e
incluso toda la fauna ( corzos, zorras, lobos, etc). Su aprovechamiento, me
seguía contando, consistía en los
pastos, utilizados por el ganado de los
vecinos de Narayola, Cacabelos y
Carracedo. Los lindes no estaban bien
delimitados lo que llevó a un sinfín de problemas, incluso a luchas personales.
Mucho tiempo anduvieron en pleitos los pueblos citados. Todo terminó, pacíficamente,
entre los tres con un deslinde. Dicha dehesa tenía una considerable extensión,
pero con el deslinde, la parte correspondiente a Carracedo quedó reducida
a 202 ha , 39 a y 37 ca. Cantidad exacta
y necesaria para la aplicación de la Ley
de Colonización y Repoblación Interior. Me seguía contando mi tío abuelo Darío
que todas estas operaciones eran revisadas por el ingeniero de Montes Ilmo Sr. D.
Rafael Escrivá de Román.
En el Boletín de
la Junta General de Colonización y Repoblación Interior, de fecha diciembre del 1919, páginas 43 y 44,
se escribía “Constituyen los terrenos de la
Colonia dos partes: una llanura que se extiende desde Carracedo a Narayola (
del término de Camponaraya) y una llamada De los Hornos, con vertientes
al Norte, Sur y Oeste. Era la parte llana del depósito de las aguas que de
diversas procedencias llegaban a ella, y por este motivo, y debido al
extraordinario caudal que aquellas alcanzaban durante el invierno, los terrenos
quedaban convertidos en enorme charca, pues un arroyo denominado Funtousal, era
insuficiente para dar salida a la gran cantidad de agua que en las épocas de lluvia aparecía.”
“Tratando de remediar este mal se construyó un colector que
recogiendo todas las aguas, las encauza y dirige a Carracedo donde se unen a
las allí recogidas, para ir a aumentar el caudal del rio Cua.”
“Arranca este colector del extremo Este de la finca, atravesándola
en toda su extensión en dirección Oeste, siendo su longitud de 2.700 metros”.
Plano de las colonias
Aunque las
colonias fueron entregadas en el año 1916, reinando Alfonso XIII, no así las
viviendas, que no fueron entregadas hasta los años 1919 y 1920. Al principio
los lotes, que habían sido adjudicados por sorteo, no estaban igual de
atendidos por la distancia que había
desde el pueblo, donde malamente vivía la gente, hasta el lote. Eran 45
lotes, que corresponden a otros tantos colonos de una extensión de 3,02
hectàreas, de las cuales tres se destinan al cultivo y el resto a las
edificaciones, corral, holganzas propias de toda casa de labradores Algunos
lotes distaban mas de 2 km y los medios de transportes eran muy precarios. Todo
cambió cuando cada colono tuvo, obligatoriamente, que ocupar la vivienda.
No quiero seguir
escribiendo sin hacer mención a Santos Murcia, al que yo vi muchas veces pasar
por delante de mi casa en La Colonia, conocido entre los lugareños como “ El
murciano”, simpático apodo que pudo surgirle por su apellido o por su
procedencia murciana. Fue el primer obrero que llegó a las Colonias para
construir las típicas edificaciones. Casado con Rosalía, de Carracedo. Pasó el
resto de su vida en Las Colonias en una de las casas que el mismo ayudó a
construir. Su hija Josefa ya nos abandonó, pero los que nos visitan con
frecuencia son sus nietos Ricardo, Amparo y Mari.
Al principio las 202ha,
39a y 37 ca quedarían repartidas de la siguiente forma ( Boletín de la Junta
Central de 1919):
45 lotes, a 3,02 ha cada uno, suman 135ha, 90a --------
45 lotes de viñedo, a 0,75 ha, suman 33 ha, 75a --------
Vivero de frutales
---- 40a -------
Campo de experimentación para viñedos 1ha, 85a y 25ca
Parcela para el guarda --------, 94a y 90ca
Terrenos comunales 16ha,55a y 25ca
Emplazamiento de edificios 2ha,65a --------
Caminos y colector 7ha,38a y 97ca
SUMA TOTAL…………… 202ha,39ha y 37ca
A continuación figura un listado de los primeros colonos. Listado proporcionado
amablemente por el Dr Carlos Fernández Rodríguez, del Dpto. de Historia de la
Universidad de León.
Resultado del sorteo
celebrado en el Ayuntamiento de Carracedelo el 2 de abril de 1916 para
adjudicar los lotes a los 45 colonos seleccionados de entre los solicitantes.
CUADRO Nº 1
|
Ángel Álvarez Amigo
|
24
|
Domingo García Fernández
|
20
|
|
Ramón Yebra López
|
11
|
Manuel Fernández González
|
44
|
|
Santos Fernández Rodríguez
|
8
|
Genoveva Nieto Trincado
|
27
|
|
Joaquín Mauriz Salgado
|
42
|
Francisco Álvarez Amigo
|
31
|
|
Manuela Trincado Yebra
|
23
|
Martín López Amigo
|
14
|
|
Luciano Nieto Trincado
|
29
|
Vicente Mauriz Martínez
|
34
|
|
Francisco Fernández García
|
9
|
Jesusa Doral Gómez
|
1
|
|
Bernardo Valcarce Álvarez
|
37
|
Julián Pintor Bodelón
|
30
|
|
Serafín Amigo Amigo
|
15
|
Cesáreo Ovalle Quiroga
|
3
|
|
Cosme Carballo Montes
|
13
|
Santos Fernández Cobos
|
18
|
|
Antonio Amigo Basante
|
22
|
José Martínez Pereira
|
12
|
|
Ignacio Rodríguez Mauriz
|
10
|
Laureana Trincado Rodríguez
|
32
|
|
Luisa Valcarce Villanueva
|
4
|
Benigno Silva Canedo
|
36
|
|
Serafín Amigo Balboa
|
35
|
Feliciano Cuadrado Valle
|
45
|
|
Florencio Trincado Yebra
|
7
|
Verísimo Alba Ovalle
|
16
|
|
Manuel Gaba García – VillaM
|
26
|
Higinio Nieto Trincado
|
2
|
|
Gregorio Castro Guerrero
|
40
|
Manuel Yebra López
|
5
|
|
Eulogio González Fernández
|
41
|
Agustina López Valcarce
|
25
|
|
Eumenio Amigo Rodríguez
|
38
|
Darío Amigo Olego
|
43
|
|
Vicente Fernández Fernández
|
28
|
Joaquín González Fernández
|
39
|
|
Bernardo García Fuente
|
21
|
Bernardo Amigo Rodríguez
|
33
|
|
Pedro Romero Silva
|
19
|
Venancio López Amigo
|
17
|
|
José Fernández Valcarce
|
6
|
|
|
Como complemento al
cuadro anterior se detallan, en otros tres,
no sólo el lote, también se describe la parcela y el trozo correspondiente a la viña que se le
adjudicó a cada uno de los lotes.
Los títulos de
Propiedad no se adjudicaron hasta el 1952. Habían pasado 36 años, desde la toma
de posesión de los lotes. Algunos de los primeros colonos habían muerto por lo
que el título fue adjudicado a uno de
los herederos, cambiando pues de nombre.
También se repartieron,
entre algunos colonos, cuyos lotes tenían el agua más profunda, la parte que,
en principio, era dedicada a Vivero de frutales, Campo de experimentación y la
parcela para el guarda. Dichas pequeñas parcelas aparecen en la columna
dedicada a huertos.
CUADRO 2
|
Lote
|
Colono
|
Parcela
|
Huerto
|
Viña
|
|
1
|
Jesusa Doral
Gómez
|
1
|
27
|
108
|
|
2
|
Higinio Nieto
Trincado
|
2
|
24
|
107
|
|
3
|
Cesáreo Ovalle
Quiroga
|
3
|
46
|
106
|
|
4
|
Luisa Valcarce
Villanueva
|
4
|
23
|
105
|
|
5
|
Manuel Yebra
López
|
5
|
152
|
102
|
|
6
|
José Fernández
Valcarce
|
6
|
45
|
99
|
|
7
|
Florencio Fernández
Yebra
|
7
|
154
|
98
|
|
8
|
Santos Fernández
Rodríguez
|
8
|
31
|
97
|
|
9
|
Francisco
Fernández García
|
9
|
48
|
96
|
|
10
|
Ignacio
Rodríguez Mauriz
|
10
|
28
|
95
|
|
11
|
Ramón Yebra
López
|
11
|
47
|
92
|
|
12
|
José Martínez
Pereira
|
12
|
26
|
91
|
|
13
|
Cosme Carballo
Montes
|
13
|
52
|
119
|
|
14
|
Martín López
Amigo
|
14
|
|
118
|
|
15
|
Serafín Amigo
Amigo
|
15
|
|
114
|
|
16
|
Verísimo Alba
Ovalle
|
16
|
|
112
|
|
17
|
Venancio López
Amigo
|
33
|
|
113
|
|
18
|
Santos Fernández
Cobos
|
34
|
|
90
|
|
19
|
Pedro Romero
Silva
|
35
|
|
110
|
|
20
|
Domingo García
Fernández
|
36
|
|
111
|
|
21
|
Bernardo García Fuente
|
37
|
|
115
|

CUADRO Nº 3
|
Lote
|
Colono
|
Parcela
|
Huerto
|
Viña
|
|
22
|
Antonio Amigo
Basante
|
38
|
|
116
|
|
23
|
Manuela Trincado
Yebra
|
39
|
|
117
|
|
24
|
Ángel Álvarez
Amigo
|
40
|
|
120
|
|
25
|
Agustina López
Valcarce
|
41
|
|
121
|
|
26
|
Manuel Gaba
García
|
42
|
|
122
|
|
27
|
Genoveva Nieto Trincado
|
43
|
|
124-125
|
|
28
|
Vicente
Fernández Fdez
|
44
|
|
135
|
|
29
|
Luciano Nieto
Trincado
|
56
|
|
52
|
|
30
|
Julián Pintor
Bodelón
|
57
|
|
53
|
|
31
|
Francisco
Álvarez Amigo
|
58
|
|
54-55
|
|
32
|
Laureano
Trincado Rguez
|
59
|
|
49-50
|
|
33
|
Bernardo Amigo
Rguez
|
60
|
|
51
|
|
34
|
Vicente Mauriz Martínez
|
66
|
|
100
|
|
35
|
Serafín Amigo
Balboa
|
67-68
|
|
101
|
|
36
|
Benigno Silva
Canedo
|
69-70
|
|
71
|
|
37
|
Bernardo
Valcarce Álvarez
|
73-74
|
|
72
|
|
38
|
Eumenio Amigo
Rodríguez
|
75-76
|
|
77
|
|
39
|
Joaquín González
Fdez
|
80-81
|
|
78
|
|
40
|
Gregorio Castro
Guerrero
|
82-83
|
|
79
|
|
41
|
Eulogio González
Fernández
|
86-87
|
|
84
|
|
42
|
Joaquín Mauriz
Salgado
|
85-129
|
|
128-85
|
|
43
|
Darío Amigo
Olego
|
43-140
|
|
94
|
|
44
|
Manuel Fernández
González
|
151-150-25
|
|
93
|
|
45
|
Feliciano
Cuadrado Valle
|
22
|
|
109
|
CUADRO 4
|
Lote
|
Colono
|
Parcela
|
|
46
|
desconocido
|
19,131,130,17
|
|
47
|
desconocido
|
152,16,20,141
|
|
48
|
desconocido
|
153,61,88,89,29
|
|
49
|
desconocido
|
65,134,30
|
|
50
|
desconocido
|
126,127,137,21,138
|
|
51
|
desconocido
|
144,103
|
|
52
|
desconocido
|
145,104
|
Los caminos de la colonia
Las Colonias se
repartieron en el año 1916. Los Títulos de Propiedad, con sus condiciones
de adjudicación, en el año 1952. Al
principio, aunque todo parecía ir bien,
empezaron a surgir pequeños
problemas a la hora de utilizar
los distintos caminos que recorrían las fincas, lo que obligó a que, una
comisión de colonos presidida por D. Guillermo Miraluz, en el año 1935
estableciera unos acuerdos para la utilización de los mismos. De dicha comisión
salieron las siguientes normas:
CAMINOS
DE USO GENERAL
Central de las Colonias
Del Puente a Carracedo
De Cacabelos a Narayola ( Perimetral)
De Carracedo a Narayola y Magaz (
perimetral
DE
USO PARA TODOS LOS COLONOS
De San Juan a la carretera de Ponferrada
( camino de las Chas)
De San Juan al Puente
De San Juan a los edificios escuelas (
para escolares)
Del camino central ( Entre lotes 14 y 16)
al de Carracedo, Narayola y Magaz
Perimetral de edificios comunales.
DE
USO LIMITADO
Perimetral de la falda de las Chas (San
Juan): lotes 20,21,22,23,24,26 y 26 y propietarios colindantes.
Perimetral de la Loma de las Chas (
meseta): lotes 2,3,4,5,, 34 y 35 y propietarios colindantes.
Perimetral al lote 49. Colonos 34 y 49 y
propietarios colindantes.
Derecha de la loma de las Chas ( entre
lotes 18 y 49: colonos 6,7,8,9,10,11,12,18,34,35,36,37,38.39,40,41 y 42.
Izquierda del mismo (entre lotes 14 y 17): colonos 14,15,16,17 y
19.
Izquierda de San Juan al Puente.
Colonos34,35,36,37,38,39,40,41 y 42.
De la loma del Cantousal: colonos
29,30,31 ,32 y 33.
Izquierda del Central ( entre lotes 18 y
19): colonos 18,19,20,21,22,23,24,25 y 26..
Izquierda del de Carracedo a Narayola (
entre lotes 7 y 9): colono 8.
Izquierda del de Carracedo a Magaz (entre
lotes 23 y 32): colonos3,6,9,11,23,24,27,28,29,30,31,32 y 33.
Derecha
del anterior( entre lotes 9 y 32): colonos3,6,9 y 11.
Izquierda del mismo ( entre lotes 23 y
27): colonos 23,24 y 27.
Otro izquierda del de Carracedo a Magaz (entre lotes 30 y 48): colonos 33 y 48.
Derecha del Puente a Carracedo ( entre lotes 48 y 49):
colonos 10,48 y 49.
Derecha del mismo ( entre lotes 45 y 48):
colonos 1,2,4,12,44,45 y 48.
Perimetral del lote 45:colonos 2 y 4 (
cuando no puedan utilizar el anterior) y 45.
Izquierda del Puente a Carracedo ( entre
lotes 47 y 50): colonos 46 y 47. Este no es camino para carro.
Derecha del Central ( junto a lote
43):colonos 47 y parcelas de los Sres. Maestros.
Izquierda del perimetral de San Juan a Carracedo ( entre lotes 5 y 48):
colono 7
Los títulos de
propiedad fueron expedidos en Madrid el día 24 de noviembre de 1952 y
entregados a mediados del año 1953. Dichos títulos fueron inscritos en un tomo
especial destinado a la Colonia Agrícola
de Santa María de Carracedo en el Registro de
Propiedad de Villafranca del Bierzo. En cada título se explicaban las
condiciones generales de adjudicación,
que eran las siguientes:
< Este lote no podrá
venderse, permutarse, ni donarse hasta después de cinco años, contados a partir
del reconocimiento de la propiedad.
<! Siendo condición precisa
el cultivo constante del terreno, si a consecuencia de la muerte del titular permaneciera el lote inculto durante un año, se
considerará improductivo y el Estado ejercerá la acción reivindicatoria.
<! Como uno de los fines
esenciales de la Ley es que los lotes cultivados por sus propietarios, queda en
todo tiempo prohibida la constitución de censos convencionales y
arrendamientos. Los derechos reales que
se deriven de estos actos no serán inscribibles en el Registro de la Propiedad.
<! Cada colono no podrá
ejercer la propiedad más que sobre un lote. Cuando se acumulen dos lotes en una
misma persona o personas unidas por vínculo de matrimonio, ésta lo pondrá en
conocimiento de la Dirección General en el plazo de un mes, a contar desde la
acumulación, y con intervención de la Dirección mencionada, el colono enajenará
cualquiera de ellos dentro de los seis meses siguientes, abonando previamente
el enajenante el importe de la cantidad que se halle debiendo por anticipos.
<. Tampoco podrán recaer dos
lotes en personas ligadas con vínculo de parentesco dentro del segundo grado,
salvo que fuesen ambos mayores de edad, cabezas de familia y con descendencia
apta para el trabajo. El colono en quien hubiere recaído últimamente la propiedad de un lote, deberá
enajenarlo en la forma que fija el anterior apartado, si se encuentra en el
caso que el apartado presente señala.
<. Si los colonos se
resistieran o negaran a la enajenación que dispone los dos anteriores
apartados, se considerará como caso de improductividad, ejerciéndose por el
Estado la acción reivindicatoria.
<! El lote será indivisible
a perpetuidad. Cuando el propietario de
un lote falleciera y hubiese designado un testamento sucesor en el patrimonio familiar, a él se reconocerán los derechos correspondientes,
siempre que sea apto para el cultivo y cumpla las condiciones de la colonización.
Si el heredero no quisiera o no pudiera cumplir aquella, deberá enajenar la
propiedad del lote a familia idónea, con sujeción a la Ley. Si siendo varios
los herederos testamentarios no se pusieran de acuerdo sobre la persona en
quién deba recaer la propiedad de aquel, se enajenará, con intervención de la
Dirección General, a familias idóneas, con arreglo a la Ley de Colonización. Si la sucesión fuere intestada
y hubiera varios herederos, se seguirá el procedimiento que acabamos de consignar.
<! Transcurridos cinco
años de efectuado el reconocimiento de
la propiedad, podrá el dueño enajenar su lote sin dividirle y a colono útil,
pero debiendo siempre contar, para que la transmisión surta efectos, el consentimiento del consorte, si la tiene y de los hijos, ya
por sí, si son mayores de edad y cultivan el terreno, ya por medio de su
defensor judicial, si fueren menores.
<! No podrá gravarse el lote
con mas hipotecas que las legales a
favor del Estado, del Municipio, consorte e hijos, pero sin que aquellos puedan
alcanzar a los frutos de los terrenos en producción , procediéndose en caso
de ejecución de créditos con sujeción a
las normas establecidas en el art. 49
del Reglamento de 23 de octubre de 1918.
<! Los predios integrantes
de este lote quedarán en garantía del
reintegro del anticipo recibido por el colono hasta el total pago del
mismo.
<
En la parte oeste de la Colonia se construyeron los edificios comunes .
Transcribo literalmente lo descrito en el Boletín de la Junta General de
Colonización y Repoblación Interior de fecha diciembre de 1919, páginas 52 y
53.
Edificios comunales.-Los
edificios comunales proyectados al igual que las casas para colonos por nuestro querido compañero Sr. García
Badell, quedarán terminados en el próximo verano, pues vicisitudes idénticas a
las experimentadas en la construcción de casas para colonos, hicieron aquí los
mismos efectos. Están constituidos por las edificaciones siguientes:
Edificio central.- Dividido en cinco pabellones, los cuales se destinan a los
servicios que se detallan.
Nota importante: Prefiero no recordar el
nombre del que se le ocurrió eliminar el
pabellón nº 1. Estaba un poco deteriorado, pero hubiera sido mejor y mas barato
restaurarlo que destruirlo. Realmente se le cortó la cabeza al edificio. Una
verdadera pena.
Pabellón nº 1.- Costa de dos plantas, destinándose la baja a roperos, retretes
y otros servicios de las escuelas, y la alta a viviendas del maestro y maestra
de la Colonia.
Pabellón nº 2.- Constituido por dos espaciosos salones, donde se instalarán las
escuelas de niños y niñas.
Nota:Los niños iban al aula del
norte y las niñas a la del sur. Yo iba a esa escuela, D.Santiago Jáñez era el
maestro. Recuerdo que los servicios no funcionaban y utilizábamos, como
urinarios, la pared oeste de la capilla.
El aula, presidida por el
crucifijo en el centro, la imagen de Franco a la derecha y la de José Antonio a
la izquierda, estaba formada por tres tipo de mesas, a saber: unas
bipersonales, tenían el asiento individual y abatible, eran las preferidas de
los niños. Otras eran también bipersonales pero con un solo banco incorporado a
la mesa y, en la parte de atrás, dos o tres mesas largas, también con bancos incorporados en
los que se sentaban 3 ó 4 niños. La pizarra era una lona pintada de negro, con
un marco de madera, pegada a la pared. Las mesas tenían los tinteros
incorporados que D. Santiago, de vez en cuando, llenaba de tinta, de distintos
colores, que él preparaba con unos polvos. La limpieza se efectuaba, una vez
por semana, siguiendo un riguroso turno, de 4 en 4, entre los níños mayores.
Una estufa de fundición daba calor al local, los niños teníamos que llevar la
leña bién cortada para que entrara dentro de la estufa. El material pedagógico
se reducía a un diccionario, unos trozos de libros diversos, una esfera del
mundo y una colección de mapas, físicos
y políticos, del mundo.
Pabellón nº 3.- Despacho de la Cooperativa y almacenes en su planta baja.
Almacenes y vivienda del guarda almacén en la alta.
Pabellón nº 4.- Sala de juntas.
Pabellón nº5.- Planta baja , oficinas. Planta alta, vivienda del administrador.
Almacenes de la Cooperativa.- Son dos, situados en los extremos del edificio central, y se
destinan para almacenar los productos que los colonos aporten para las
operaciones que la Cooperativa ha de realizar.
Primero fue almacén, luego capilla de San Isidro
Nota. En la pared
norte del edificio jugábamos e la cachetina ( frontón).
Almacén de máquinas.- Su nombre nos releva de otra explicación.
Boyerizas y cocheras.- De tres cuerpos: el central de dos plantas, la baja para
cochera y la alta para el almacén de paja. Los otro dos para cuadras del ganado
comunal.
Edificio de las boyerizas
Nota: Se
ven perfectamente los tres cuerpos que formaban el edificio. Al tercer cuerpo
de planta baja se le ha añadido, se ven los bloques, una planta alta.
Nota: El
horno, restaurado, estaba y está al lado de las boyerizas
Recuerdo, que no
recuerdo, ver tantos edificios como he enumerado anteriormente. Cuando yo iba a
la escuela, allí por los años 50, sólo habían pasado 30 años de la construcción
de los mismos y algunos estaban ya
bastante deteriorados.
El Pabellón Central, que constaba de
tres edificios de planta alta y dos de
planta baja, estaban distribuidos de la
siguiente manera, de este a oeste: en el primero, de planta alta, estaba la
vivienda del maestro. Nunca supe que allí hubiera vivido la maestra.
En la siguiente , de planta baja, al principio recuerdo que había un
gran salón y, mas tarde, se transformó
para convertirlo en una escuela mixta para niñas y niños.
El del medio, de planta alta, conservaba restos de una especie de
economato con grandes aceiteras, un mostrador, una báscula, unas estanterías y
un elevador para subir mercancía a la parte superior. Esta estaba toda vacía. A
este pabellón se le conocía con el nombre de
“ La Cooperativa”. Por él se accedía al aula de los pequeños.
Nota: Ya me gustaría saber el nombre de las
dos mujeres y el señor. ¿ Los conoce
alguien?
El cuarto edificio,
de planta baja, albergaba las aulas de los mayores. Los niños al norte y las
niñas al sur.
El último edificio, de planta alta, daba acceso a las aulas citadas anteriormente. En el también estaban
los servicios, que ya no funcionaban. En su parte alta nunca vi nada, parece
ser que , en principio, estaba la vivienda de la maestra. Lamentablemente este
edificio fue barrido, en vez de restaurado, en la década de los 80.
Figuran, en la relación de edificaciones, los “ Almacenes de la
Cooperativa”, situados uno al este y el otro al oeste del edificio central. El
del este se dividió en dos , en una se hizo la vivienda para de Segundo Yebra y
en la otra parte, le de María “ La
Cubana”, recuerdo que tenía un bar. El edificio del oeste se convirtió en la
capilla de San Isidro.
Nada recuerdo, ni supe del almacén de máquinas. Si recuerdo donde
estaban las cocheras ( coches de caballos), en la C/ San Isidro, cerca del
horno. Allí también se encontraban las cuadras del ganado comunal (las boyerizas).
Recuerdo también que, entre
el pabellón nº 1 y la capilla, había un socavón producido por el derrumbe de un
pozo. Tenía forma de tronco de cono invertido. Lo utilizábamos como una pista
circular inclinada por la que corríamos dando vueltas. D. Santiago no nos decía
nada. Cierto día, al llegar a la escuela, vimos que, en la parte mas baja, se
había abierto un agujero. D. Santiago nos prohibió dar vueltas. Aquel pozo se
llamaba “ La Bomba”. Al principio no sabía cual había sido su utilidad, con el
tiempo me di cuenta que en el citado pozo estaba el motor ( La Bomba) que
mandaba agua a todo el Edificio Central. Pienso que la instalación debió ser
muy deficiente ya que en los años 50 no funcionaba nada. Dicho pozo sería
tapiado con parte de los escombros producidos cuando, desgraciadamente, fue
derribado el Pabellón nº1.
Nota.- Si alguien considera oportuno añadir
o quitar algo de esta crónica, me lo comunica y , si procede, muy gustoso lo
añadiré o eliminaré. Gracias
TRAVESURAS
(Por José Luis López amigo)
En nuestro pueblo era costumbre
que cuando una persona se iba a casar, hiciese el novio, a veces el padre, si éste
no vivía allí, una invitación de despedida a la juventud en el bar o bares de su barrio . Normalmente se
invitaba a tomar cerveza o vino con gaseosa en jarras que iban circulando de boca en boca. A su
vez se acompañaban con galletas de coco o pastas cuando las había, para
acompañar a la bebida. Las celebraciones, casi siempre acababan con alguno o
algunos con mas alcohol del debido en el cuerpo y conllevaban acabar con cantarenas y gran algarabía, teniendo a veces que llevar a
alguno a casa por no poder hacerlo por sus propios medios.
En el caso de que algún novio, no hiciera
esta celebración, a la que se denominaba” pagar el piso”, las consecuencias
solían ser que algún día amaneciera un reguero de paja o de hierba seca desde el domicilio
del casadero, hasta la iglesia, con el consiguiente cachondeo, jolgorio y
comentarios que duraban un tiempo, por ser lo mas noticiable. Lógicamente el
dueño de la paja o de la hierba solía ser de la familia del novio/a, por lo que
no “convenía” desacatar esa norma no escrita, por la pérdida material y el
trabajo de recoger la “siembra”, además del escarnio que ello suponía.
En las Navidades de 1973, una persona ya fallecida, que en aquellos
tiempos había emigrado a Suiza, decidió casarse, pero no pagó el piso, cuando
era de los asiduos asistentes a estas celebraciones. Esto no sentó bien a la juventud de entonces y como
no tenía hierba ni paja para echar el rastro, decidieron hacer laguna trastada.
Lo primero que se pensó fue tirarle el carro de las vacas, que tenía en una
casa antigua, a un pozo suyo al lado de su casa. Finalmente se decidió colgar
el carro de un negrillo. Era una noche fresca de cielo raso y luna llena con
nubes que se movían, con lo que tan pronto se veía claramente, como te quedabas
en penumbra. Para sacar el carro que como es sabido tenía las llantas de
hierro, se decidió ponerle unos sacos de los usados para hacer los fardos ( angeos) del tabaco en las ruedas y que no sonase al
moverse pues la calle no estaba entonces
asfaltada y el ruido iba despertar al vecindario.
En el trayecto hasta el negrillo se cayeron los
sacos ( angeos) y el ruido se hizo notar tanto que un
vecino ( Alija) se levantó en calzoncillos y se puso a mirar, pero no vio nada,
echándole la culpa del ruido a su perra ( Chuli se
llamaba ésta).
Una vez llegado al árbol, se vio que subir el carro completo era tarea
casi imposible porque el peso y las cañas que entorpecía la tarea, se decidió
subir el carro por un lado y una rueda a cada lado en sendos negrillos, cual la
crucifixión de Jesucristo y los dos ladrones. Ni que decir tiene que la tarea
fue trabajosa y no exenta de anécdotas. Así cuando el cabezón estaba arriba,
uno subió para atarlo y desde arriba daba instrucciones de que se sujetase
bien, pero de repente se pone a mear sobre los que, con los hombros, sujetaban el peso del carro.
A su vez, a la hora de colgar las
ruedas, cuando ya estaban listas para atarlas, empezaban las risas y las ruedas
se caían al suelo. Uno de los partícipes se cabreaba y decía que él se iba
porque los dos mas jóvenes que eran los que los sujetaban, con la risa dejaban
caerlas. A medio camino hacia su casa le decían “ Fulano,
vuelve porque tú vas a pagar las culpas, así que al menos hazlas”. Enfadado se
daba la vuelta diciendo “ es verdad, voy a ser el primer culpable, así que al
menos que sea por algo”.
Esto se repitió varias veces, hasta que se terminó de dejar las ruedas
también colgadas. Ya eran alrededor de las 2 de la madrugada. Al día siguiente
la Guardia Civil, a
la que se había dado parte por la familia, se presentó en las casas de algún
mozo sospechoso para preguntar al respecto y para que se bajara el carro. A mi
casa no fueron, pero mi padre me dijo” no sé si tu has sido uno de ellos, pero
si fuiste no lo bajes, que si hay que
pagarlo, se paga.
La crucifixión duró un tiempo, con lo que dio lugar a chascarrillos y
bromas al respecto.
DOCUMENTO INÉDITO
Inicios de la carretera a Cacabelos
Por Antonio Sernández López
Para llegar a Cacabelos, desde Carracedo, había tres caminos, uno bueno, otro malo y un tercero mejor que los otros dos. Los únicos vehículo, que los transitaban, aparte de personas, caballerías y alguna bicicleta, eran carros tirados por vacas. Todavía no los había de caballos. Los carros los hacía el tío Eduardo de San Juan. El primero era el mas recto coincide, en casi todos los tramos, con la actual carretera. El segundo, verdadera rodera llena de agua muchas veces, salía de San Juan, junto a la capilla, y llegaba a Cacabelos, pasando por San Martín. El tercero era el mejor, pero mas largo, el de Las Chas, camino nuevo, con piedra picada, realizado por Colonización a principios del siglo XX. Los tres, actualmente, están alquitranados y, aparte de utilizarse para todo tipo de vehículos, son verdaderos paseos, tanto para los vecinos de Carracedo como Cacabelos
Todo este cambio empezó a efectuarse el 11 de enero de 1948. A continuación presento un documento que los demuestra
Creo que en el año 1951 o 1952 ya se realizó la carretera a Cacabelos con mas perfección. Se abrió una zanja, se rellenó de piedra, que era transportada, por unos burros, desde el río o desde terrenos pedregosos, en unos serones. Recuerdo, cuando iba a la escuela, ver a los picapedreros con gafas, botas y un pequeño mazo colocado al final de un largo mango machacando la piedra. Una apisonadora, a vapor, la prensaba contra el suelo. La piedra era tapada con tierra que volvía a ser pisada. Se hicieron también alcantarillas, alguna existe todavía. Terminada la obra quedó como mantenedor Domingo García, el enterrador.
PEQUEÑA
HISTORIA DEL
MONASTERIO DE CARRACEDO
artículo
abierto
(
por Antonio Sernández López)
La localidad de Carracedo
aparece, por primera vez, en la documentación medieval en 957 cuando un
ciudadano, llamado Suniliano, posible ascendiente de
la familia Bermudo, hace donación de su propiedad en una villa de Carracedo a su hijo, presbítero. Posiblemente Bermudo II
había pasado en Carracedo casi toda su juventu
Los orígenes del Monasterio se remontan al año 990,
cuando el Rey Bermudo II dona una finca para acoger a los monjes que huían del
moro Almanzor. De aquel primitivo monasterio, San Salvador, no se conserva nada.
Bermudo II murió en Villabuena( León) en el 999. Su cadáver descansó en Carracedo y, al poco tiempo, seguramente en contra de su
voluntad, fue trasladado a San Isidoro ( León), donde
descansa.
En la primera década del siglo XI el
monasterio fue semidestruido por las tropas árabes,
los agarenos, de Almanzor. Este ya había muerto en el 1002. Unos dicen que
murió en Medinaceli de muerte natural. Otros confirman que murió en la batalla
de Calatañazor.
Desde la muerte de Bermudo II, en 999,
hasta el reinado del Emperador Alfonso VII (1126-1157), los reyes siguientes ( Alfonso V, Bermudo III, Fernando I, Alfonso VI y Dª Urraca)
no se preocuparon nada del monumento. Los monjes
,benedictinos, aunque malvivieron en el monasterio, nunca lo
abandonaron.
En el siglo XII, año 1138, reinando en León
Alfonso VII, Dª Sancha, su hermana, que era una especie de gobernadora en el
Bierzo y muy querida en la zona, dio un gran impulso al monasterio,
restaurándolo completamente, estilo románico, y cediéndolo al Abad Florencio y
a los monjes que ocupaban el cenobio de Santa Mª de Valverde, en Corullón.
A principios del siglo XIII, la
congregación, que ocupaba el monasterio, ingresó en el Orden del Císter. El
hábito negro de los benedictinos sería sustituido por el hábito blanco de los
cistercienses. También se cambió el nombre de San Salvador por el de Santa
María de Carracedo.
Me imagino una edificación preciosa, estilo románico, en la que
destacarían: el Claustro Reglar, La Sala Capitular el Archivo, Antecáma, Cocina y Mirador de la Reina, Pasaje,
Locutorio y, sobre todo, la Iglesia (de la que todavía se conserva la parte
oeste de la misma
Sala Capitular
Se puede asegurar que el Monasterio tuvo su máximo esplendor desde
comienzos del siglo XIII hasta la segunda mitad del siglo XIV. Carracedo se había convertido en cabeza de una congregación de
numerosas filiales en León, Galicia, Asturias y Zamora
Mirador de la Reina
La vida del Monasterio prosigue fructífera
hasta el último tercio del siglo XIV que empezará su decadencia. Varias crisis
sacuden la cristiandad y afectan a la administración de Carracedo.
El Cisma de Occidente (1378-1417) al nombrarse dos abades, cada uno seguidor de uno de los dos
papas ( Gregorio VII y el papa Luna Benedicto XIII) enfrentados. Posteriormente
los abades laicos (comendatarios) arruinan las riquezas del monasterio, al
preocuparse mas de
hacerse ricos, que de otra cosa
Hacia primeros del siglo XVI, desaparecidos
los abades laicos, el monasterio vuelve a reflotar al seguir la observancia mas
estricta de la regla de San Bernardo. En este siglo se reformará, con estilo
gótico, el Claustro Reglar. También se construyeron las salas de invierno del
Abad, Refectorio, la biblioteca y otras dependencias anejas. La Iglesia
permanecería en perfecto estado de conservación
El Refectorio
En el siglo XVII, el monasterio sigue
creciendo con la construcción de dos nuevos claustros: el de la Hospedería,
situado al oeste del Claustro Reglar y el de Novicios situado al este del
convento. Se construyeron también: La escalera de La Naranja, que sube a las
dependencias del Monje Cillero, la bodega, situada entre el Claustro Reglar y
la Hospedería, el lagar, situado al oeste del Claustro de la Hospedería.
A finales del siglo XVIII, concretamente en
el año 1796, deciden destruir la mayor parte de la iglesia del XII y construir
una iglesia neoclásica de enormes dimensiones. Actualmente es la iglesia
parroquial. Posiblemente la primera iglesia ya estaría muy deteriorada o se
había quedado pequeña. No se le encuentra otra explicación
A principios del siglo XIX, las tropas
francesas, durante la Guerra de la Independencia, arrasan el Monasterio y
montan un campamento. Queman los archivos y la biblioteca. Saquean el lugar,
asesinan parte de los monjes y, lo hacen también, con vecinos del pueblo. A
partir de entonces el Monasterio, poco a poco, se fue autodestruyendo
En 1835 con la Desamortización de Mendizabal, cuando reinaba Isabel II, la expulsión de los monjes y la venta a
particulares de las parcelas
aledañas, el Monasterio se fue hundiendo en la miseria. El Monasterio
se convierte en la cantera del pueblo. En la mayoría de las casas viejas del
pueblo aparecen piedras del mismo. Tres familias del
pueblo ocuparon la parte interior del monumento. La tía Lucia y el tío Pedro ocuparon la
parte superior de la bodega y la cocina.
La tía Emilia y el tío Daniel, junto con Nieves y Alberto, ocuparon el
refectorio. En la parte exterior del recinto Manolito ocuparía la casa de la
botica. Los tres claustros, los ocuparon las tres familias que habitaban las
viviendas del interior, convirtiéndolos en tres parcelas agrícolas. Tres
grandes fincas: la del convento, la Cortiña Redonda y
la Larga pasaron a poder de: La del convento al Conde de Peñarramiro
de Villafranca. La Cortiña Redonda y Larga creo que a dos gallegos, cuyos nombres desconozco.
En el año 1928, el Monasterio fue declarado
Monumento Nacional y, a partir de esa fecha, el Monasterio, muy despacio,
empezó a recuperarse. En los años 50 del siglo pasado se inició una pequeña
restauración con la reparación del tejado de la Cocina de la Reina. A
principios de los años 90, la Diputación dio un gran impulso a la obra,
expropiando lo ocupado, con un desescombro total, reparando varias dependencias
y repasando todas las cubiertas. El Claustro Reglar, la entrada de la Iglesia y
la parte que rodea al cubo se adoquinaron de pizarra. En la actualidad
, mayo del 2022, nuevamente la Diputación, está procediendo a consolidar y limpiar todo el monumento.
En la actualidad es una visita obligada y
muy atractiva para todo aquel que pase por el Bierzo. Aprovechará también para
visitar el Museo Etnográfico “ El Varal”, a sólo 300 m
del Monasterio.
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considera oportuno eliminar o añadir algo a este artículo lo comunicará al
correo electrónico: a.sernandez.lopez@gmail.com