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Crónicas de los 50

 
     En esta página, abierta a todo el mundo, se pretende recordar aquellos personajes , anécdotas, curiosidades, etc. acaecidas en los años 50 del siglo pasado. Ya somos pocos, cada vez menos, los que  podamos contarlas. Invito pues, a todos aquellos que en su cabeza guarden algún recuerdo, agradable o desagradable, y deseen soltarlo, escriban un pequeño artículo, con mas o menos perfección, para publicarlo en esta página que podrá llegar a cualquier parte del mundo.

       Los artículos se podrán enviar  al correo electrónico a.sernandez.lopez@gmail.com o por correo ordinario a: Antonio Sernández López. C/ La Calexiña,14. 24544 Carracedo del Monasterio ( León).

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La vida en Carracedo en los años 50 del siglo xx
( Desde  “El Varal)
Por Antonio Sernández López

Vivimos en unos tiempos donde está de moda rememorar, en cada pueblo, aquellos acontecimientos históricos ocurridos en el. Yo también quiero recordar, brindándoles un pequeño homenaje, a aquellas personas, ya desaparecidas, que mediado el siglo XX, hacían de Carracedo un pueblo vivo.

Aquellas gentes no tenían ocho horas de jornada laboral. Su jornada era de 16 horas, los siete días de la semana. A las seis de la mañana ya se escuchaba el rodar de los carros o el caminar de los animales, dirigiéndose a las fincas, por los maltrechos caminos. Volvían a casa con el sol ya puesto, pero el trabajo todavía continuaba un par de horas, ya que había que atender a todo tipo de animales que había en casa y que eran indispensables para la supervivencia familiar. En la mayoría de los casos la esposa acompañaba a su marido en las labores agrícolas. Los niños iban a la escuela, siempre que no fueran necesarios en las tareas del campo; muchos días comían solos; cuando regresaban de la escuela de la tarde tenían que realizar las tareas encomendadas por sus padres, tales como: ir de pastores, limpiar las cuadras, preparar la comida de los animales, etc y todo ello sin rechistar.


    En los años 50 Carracedo no era un pueblo rico, tampoco pobre, debido a la gran extensión de terreno de regadío que tenía. La presa de los molinos, que nace en San Martín y muere en Carracedelo, hacía que Carracedo dispusiera de una hermosa pradería y una buena vega con fincas de tabaco, patatas, etc. A orillas del río Cua, aunque también había pradería, dominaban los chopos para la construcción y los alisos, salgueiros y otros árboles para alimentar las cocinas , algunas todavía de suelo. Otros dos pequeños cauces, con buenos cangrejos, que se secaban en verano, daban lugar a los lameiros  a orillas de la Magariña y los huertos a los lados  del Colector. La parte de secano, que era bastante grande, no funcionaba todavía el canal Bajo del Bierzo, estaba ocupada por las viñas en las partes altas y por los cereales en las Colonias y en el Fabero.

   Los caminos ¡ vaya caminos¡ estaban sólo preparados para carros, caballerías y peatones. Hacia Narayola salía un camino solo transitable en verano, en invierno se llenaba de pequeñas lagunas que lo hacían intransitable. El camino de Carracedelo era estrecho, lleno de baches, malo pero muy bonito y agradable, ya que se introducía, casi como un túnel, entre dos beirones que cepillaban los carros cuando pasaban cargados de hierba o cereal. El menos malo era el que iba a Cacabelos, por este, aparte de carros, caballerías y bicicletas, circulaban tres camionetas y un pequeño coche de madera, famosos en aquellos tiempos. La del Portugués de Cacabelos, casi siempre cargada de carbón de islan. La de Darío Osorio, que conducía Jovino, que, casi siempre, iba cargada de bullo ( orujo) para fabricar aguardiente. La camioneta de Isidoro, de San Martín, se dedicaba a todo tipo de transportes, incluso la convertía en transporte de viajeros colocando un toldo encima de la caja. El coche de madera, el taxi del pueblo, era conducido por Gorgonio y por Hortensio, ocurría algunas veces que en vez de llevar el coche a la gente, tenía la gente que llevar al coche. Los caminos buenos eran los de la Colonia, superficie robada, a principio del siglo XX,  al monte y, por Colonización, convertida en extraordinarias parcelas; todas tenían su casa vivienda y, en casi todas, había una o dos norias que, sacando el agua desde 7 o mas metros, servía para regar parte de la finca.

   Exceptuando al cura, D.Celso, y al maestro ,D.Ismael o D. Santiago, el resto de las familias vivían todos, con pequeñas diferencias, de lo mismo: Una pareja de vacas que, aparte de realizar los trabajos agrícolas, producían terneros y leche para la venta, algunas veces para el consumo. Dos o  tres cerdos, de los que uno o dos se vendían, algunos hasta vendían los jamones de los que se mataban en casa. Burro, burra o caballo para realizar pequeños trabajos agrícolas y transportar pequeñas cargas. Gallinas, pollos y conejos formaban la granja de todas las familias, incluso del cura y del maestro. Algunos padres de familia acudían a trabajar, en bicicleta o a pié, a la fábrica de cementos Cosmos en Toral de los Vados o a la térmica de Ponferrada.

Las viviendas eran muy deficientes, algunas tipo palloza. La comida se cocinaba en el fuego de suelo. Del techo de la cocina colgaba una cadena, llamada gramalleira, de la que se suspendía el pote. Al lado siempre estaba el fuelle para avivar el fuego. Las habitaciones solían ser pequeñas y oscuras. Las camas de hierro y los colchones de paja de maíz. En muchas casas no  había luz eléctrica, se alumbraba con candiles de petróleo o carburo, en otras solamente podía  haber dos tres bombillas de 25 w. En la parte alta de alguna pared se practicaba un ventanuco donde se colocaba una bombilla que iluminaba, a la vez, dos o tres habitaciones. En el cuarto de baño, las pocas casas que lo tenían, sin agua corriente, lo ocupaban un palancanero y un jarrón con  
agua para lavarse. Las necesidades mayores se hacían en las cuadras o en el campo, limpiándose con las primeras hierbas que uno encontraba. Debajo de cada cama se colocaba el orinal, que al día siguiente, para ventilarlo, adornaba las ventanas traseras de la vivienda.
  
  Sin embargo, a pesar de tanta miseria, la gente era feliz. Por las noches se reunían las familias, contaban chistes, jugaban a las cartas, cantaban y se comentaban las cosas del pueblo. Los sábados, por la noche, se formaban grupos que recorrían las oscuras calles del pueblo, visitaban las bodegas y cantando canciones populares. 


El apellido SERNÁNDEZ

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          Recuerdo cuando, allá por los años 60 del pasado siglo, estudiaba Magisterio en León, el profesor de  Geografía e Historia don Joaquín Echegaray, al llegar a leer mi nombre, comentó:
_ O su apellido está equivocado, o Vd es de Cacabelos.
_ Afirmativo, contesté yo. Mi padre es de Cacabelos.
Siento no recordar los comentarios que hizo sobre el apellido SERNÁNDEZ .

         Siguiendo el extraordinario estudio que, sobre el apellido SERNÁNDEZ, realizó Luis Carlos Sernández, hago yo, si interpreto bien el  escrito de Luis Carlos, mi personal resumen.

          A la mayoría de los apellidos se les encuentra un origen razonable “” En España hay dos fuentes principales: la toponímica ( lugar de procedencia ) y los identificativos ( que muestran el hijo de quién eres). En el segundo caso, en la Edad Media comenzaron a surgir los apellidos acabados en  -ez, que significa “ hijo de”, Sánchez significa “ hijo de Sancho”, González, hijo de Gonzalo, Fernández, hijo de Fernando””.

          SERNÁNDEZ es un apellido insólito del que nada se sabe sobre sus orígenes. Sin embargo, puesto en contacto con muchos de las SERNÁNDEZ que aparecen en la guía telefónica española, todos dicen proceder de Cacabelos.



          Oficialmente el apellido SERNÁNDEZ, que ya existía, aparece,  por primera  vez en Cacabelos, en una Partida de Bautismo, celebrado en la parroquia de Cacabelos, el 1 de Octubre de 1809.

           Agnés, la francesa, huida de Napoleón, se convirtió en una espía al servicio del general inglés John Moore. Acogida en casa de Luis Sernández y Rosa Yebra, familia de nobles que  le dieron sus apellidos, supongo que con el fin de borrar su origen francés. Agnés tuvo un hijo de padre desconocido, que fue adoptado por Luis y Rosa. Parece ser que el padre pudo haber sido un hijo natural de Luis y Rosa, que no eran matrimonio. También pudo ser concebido fruto de una violación, o relación consentida, de un soldado de las tropas del General Moore.

          A continuación se reproduce parte literal de la citada Partida de Bautismo donde fue inscrito el hijo de Agnés:

           “nació un niño que se bautizó el día primero de Octubre de 1809, siendo párroco don Miguel Alvarez de Lamas en la Yglesia parroquial de Cacavelos, y se le puso por nombre Antonio, hijo natural de Ygnes Sernández Yebra, ahora difunta, moza soltera natural y vecina de Cacavelos, el padre es incógnito y nieto materno según los libros baptismales de la parroquia de Luis Sernández y Rosa Yebra, ahora difuntos, vecinos de esta villa y viudos. Que fueron sus padrinos según la información un militar y su mujer alojados en aquel entonces en la casa de Ygnes, sin poder decir cuales eran sus nombres y apellidos, lo ha baptizado el citado parroco Dn Miguel Alvarez de Lamas”.

          Parece ser, según Luis Carlos Sernández, que, a estas fechas hay identificadas, en Cacabelos, seis ramas de su tatarabuelo Manuel, casado en primeras nupcias con María Valcarcel y después con Isidora Santos. Cada rama y subrama tiene distintos pseudonombres, motes: Litanes, Pitorros, Golondrinos, Targinos, Redioses, Carabineros y algunos mas.

          Según Luis Carlos las seis ramas tenían como cabecera a:
                          Dario Sernández Valcarce
                          Antonio Sernández Valcarcel
                           José Sernández Valcarcel
                           Santiago Sernández Santos
                            José Sernández Santos
                            Luciano Sernández Santos

          Yo, Antonio Sernández López, soy “UN REDIOS”, nieto de, según Luis Carlos, de José Sernández Valcarcel. Siempre conocí a mi abuelo con el nombre de Antonio, podría ser Antonio José o José Antonio. Trataré de averiguarlo.

          Describe, Luis Carlos, la rama de José Sernández Valcarcel de la siguiente forma:

            A José Sernández Valcarcel, hijo de Manuel y María, se le conoció con el alias “ El Rediós”. Tuvo hijos con dos mujeres distintas: Flora Canedo y otra más apellidada López. Con Flora Canedo tuvo a Agustina que falleció a principios de Febrero de 2012 a la edad de 101 años. Mucho conocimiento del apellido Sernández tuvo que llevar esta mujer a la tumba. De esta rama tenemos el único matrimonio entre dos Sernández: Antonio Sernández Canedo ( Toño el Redios, que trabajó en el mítico Cine Litán y Carmen Arias Sernández, hija de María Sernández  López y por tanto sobrina carnal de mi tatarabuelo Manuel Sernández López. Antonio fue el padre de  Loli ( fallecida en 2011), que aparece en la preciosa foto junto a su prima segunda Sara Sernández ( nieta de Darío) y a su vez abuelo de Manoli Alba Sernández, concejal del Ayuntamiento de Cacabelos.

          Creo, estoy seguro, que mi abuelo solo se casó una vez, con Flora Canedo Otero, de Canedo, mi abuela. Estoy seguro que de tal matrimonio tuvo cinco hijos: Agustina, José, Manuel ( mi padre), Antonio ( abuelo de  Manoli Alba Sernández) y Agustín.

           HISTORIA DEL MOTE "REDIOS"
           Me lo contó Luciano Sernández, de la familia de los litanes , propietarios del cine Litán, fallecido ya hace no se cuantos años, el por qué a mi abuelo, Antonio Sernández Valcarce, le llamaban El Redios.
           Recuerdo con cariño a Luciano ya que cuando, siendo casi un niño, iba al cine, no me cobraba la entrada.
             Me contaba que mi abuelo, con un macho y un carro, traía paquetes desde la estación de Toral de los Vados a Cacabelos. Siempre que llegaba a la plaza, se frotaba las manos y pronunciaba, dependiendo de la estación del año, la misma frase: Redios que frío hace.........Redios que calor hace.
             Recuerdo a mi abuelo como un hombre simpático, bondadoso, no muy grande, un poquito grueso y con unas gafas como culos de botella. Alla donde estés abuelo te envío un fuerte abrazo.

                       
NOTA IMPORTANTE: PARA PODER VER EL ÁRBOL GENEALÓGICO DE ANTONIO SERNÁNDEZ VALCARCEL TIENES QUE DESCARGAR LA FOTO, QUE DEL MISMO, APARECE EN EL FICHERO DE PONYQUITA, DE PICASA. Aparece en el fichero de este blog.
Pinchar en  2009 (16) , luego en enero (16) y buscar Ponyquita.
                  
             


INTRODUCCIÓN



INTRODUCCIÓN



Vivimos en unos tiempos donde está de moda rememorar, en cada pueblo, aquellos acontecimientos históricos ocurridos en el. Yo también quiero recordar, brindándoles un pequeño homenaje, a aquellas personas, ya desaparecidas, que mediado el siglo XX hacían de Carracedo un pueblo vivo.
Aquellas gentes no tenían ocho horas de jornada laboral. Su jornada era de 16 horas, los siete días de la semana. A las seis de la mañana ya se escuchaba el rodar de los carros o el caminar de los animales, dirigiéndose a las fincas, por los maltrechos caminos. Volvían a casa con el sol ya puesto, pero el trabajo todavía continuaba un par de horas, ya que había que atender a todo tipo de animales que había en casa y que eran indispensables para la supervivencia familiar. En la mayoría de los casos la esposa acompañaba a su marido en las labores agrícolas. Los niños iban a la escuela, siempre que no fueran necesarios en las tareas del campo; muchos días comían solos; cuando regresaban de la escuela de la tarde tenían que realizar las tareas encomendadas por sus padres, tales como: ir de pastores, limpiar las cuadras, preparar la comida de los animales, etc y todo ello sin rechistar.


Familia de Concha y Martín

En el museo El Varal están expuestos la mayoría de los aperos agrícolas que utilizaba la gente de aquellos tiempos para realizar los distintos trabajos.
A continuación se relacionan aquellos vecinos del barrio de El Teso de Carracedo del Monasterio que, en la década de los 50, marcaron toda una época en el pueblo. Es notorio que no todos los vecinos coincidieron en el tiempo.

Rosario y Manuel
Lidia y Ángel
Manuela y Hortensio
Emerenciana y Manuel
Hildegundes y Samuel
Los hermanos. Ernestina y Longinos
Magdalena y Eumenio
Pilar y Ángel
Manuela ( la Ferreira)
Fregenia y Alfonso
Manuela ( la Coba) e Ignacio
Lola y David
 Estrella y Tino
Glafira y Antonio
Virtudes ( 2ª esposa de David)
Sara y Daniel
Paz y Luis
Esther y Félix
Herminia
Diolinda y José ( el Garrocho)
Dolores y Félix
Pura y Saturno
Mariángela y Antonio
Peral
Esperanza y Blas
Teresa y Dario
Consuelo e Isidro
Josefa Barra
Esperanza y Urbano
Andrea y Pedro
Lisiña y José
Antonia ( la Loca)
Felisa y Eugenio
César ( el Cartero)
Nevadita y Silviano
Carmen y Ángel
Honorina
Josefa y Lisardo
Milagros y Eduardo
Dominga y Cándido
Aurelia y Eumenio
Genoveva y Serafín
Oliva y Rogelio
Josefa y Bernardo
Onestina y Félix
Concha y Martín
Celia y Alberto
Los hermanos: Aurea, Dario y Corina
Aminta y Eliseo
Los hermanos: Emilia y Amelio
Sabina
Lucía y Manuel
Antonia y José
Gloria y Antonio
Isabel y Félix



    En los años 50 Carracedo no era un pueblo rico, tampoco pobre, debido a la gran extensión de terreno de regadío que tenía. La presa de los molinos, que nace en San Martín y muere en Carracedelo, hacía que Carracedo dispusiera de una hermosa pradería y una buena vega con fincas de tabaco, patatas, etc. A orillas del río Cua, aunque también había pradería, dominaban los chopos para la construcción y los alisos, salgueiros y otros árboles para alimentar las cocinas , algunas todavía de suelo. Otros dos pequeños cauces con buenos cangrejos, que se secaban en verano, daban lugar a los lameiros  a orillas de la Magariña y los huertos a los lados  del Colector. La parte de secano, que era bastante grande, no funcionaba todavía el canal Bajo del Bierzo, estaba ocupada por las viñas en las partes altas y por los cereales en las Colonias y en el Fabero.

   Los caminos ¡ vaya caminos¡ estaban sólo preparados para carros, caballerías y peatones. Hacia Narayola salía un camino solo transitable en verano, en invierno se llenaba de pequeñas lagunas que lo hacían intransitable. El camino de Carracedelo era estrecho, lleno de baches, malo pero muy bonito y agradable, ya que se introducía, casi como un túnel, entre dos beirones que cepillaban los carros cuando pasaban cargados de hierba o cereal. El menos malo era el que iba a Cacabelos, por este, aparte de carros, caballerías y bicicletas, circulaban tres camionetas y un pequeño coche de madera, famosos en aquellos tiempos. La del Portugués de Cacabelos, casi siempre cargada de carbón de islan. La de Darío Osorio, que conducía Jovino, que, casi siempre, iba cargada de bullo ( orujo), para fabricar aguardiente. La camioneta de Isidoro, de San Martín, se dedicaba a todo tipo de transportes, incluso la convertía en transporte de viajeros colocando un toldo encima de la caja. El coche de madera, el taxi del pueblo, era conducido por Gorgonio y por Hortensio, ocurría algunas veces que en vez de llevar el coche a la gente, tenía la gente que llevar el coche. Los caminos buenos eran los de la Colonia, superficie robada, a principio del siglo XX,  al monte y, por Colonización, convertida en extraordinarias parcelas; todas tenían su casa vivienda y, en casi todas, había una o dos norias que, sacando el agua desde 7 o mas metros, servía para regar parte de la finca.

   Exceptuendo al cura, D.Celso, y al maestro, D.Santiago, el resto de las familias vivían todos, con pequeñas diferencias, de lo mismo: Una pareja de vacas que, aparte de realizar los trabajos agrícolas, producían terneros y leche para la venta, algunas veces para el consumo. Dos o  tres cerdos, de los que uno o dos se vendían, algunos hasta vendían los jamones de los que se mataban en casa. Burro, burra o caballo para realizar pequeños trabajos agrícolas y transportar pequeñas cargas. Gallinas, pollos y conejos formaban la granja de todas las familias, incluso del cura y del maestro. Algunos padres de familia acudían, en bicicleta o a pié, a la fábrica de cementos Cosmos en Toral de los Vados o a la térmica de Ponferrada.
  
  Sin embargo, a pesar de tanta miseria, la gente era feliz. Por las noches se reunían las familias, contaban chistes, jugaban a las cartas, cantaban y se comentaban las cosas del pueblo. Los sábados, por la noche, se formaban grupos que recorrían al pueblo, visitaban las bodegas, cantando canciones populares.