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El rincón del LINO



EL RINCÓN DEL LINO

      Recuerdo, sin saber por qué, ir a la Colonia, acompañando a mi abuela Concha, tendría yo unos 10 años, para arrancar el lino. Mi abuela me decía que había que arrancarlo, nunca cortarlo. No sabía por qué, pero así lo hacía. Con el se hacían unas pequeñas  gavillas que, en el carro de las vacas, se traían a la era. En la era se iban sacudiendo contra el suelo o contra unos maderos. Tampoco sabía por qué se hacía. Con el lino sacudido se hacían unas nuevas gavillas y se llevaban a unos charcos que había en el Colector, restos de las riadas de invierno. Seguía sin  saber para que se metían en el agua. Pasados 10 ó 12 días se volvían a la era y se colocaban verticales para que, poco a poco, se fueran secando. Una vez secas se golpeaban encima de unos maderos, con una tabla alargada con un mango. Seguía sin saber para que se hacia todo aquello. A continuación lo pasaban  por una especie de cepillo de hierro. Luego, las mujeres mayores, lo colocaban en un palo largo e iban sacando hilos  para luego hacer prendas de vestir, bién tejiéndolas ellas mismas o en el telar de la tía Ruperta de La Colonia, barrio de Carracedo del Monasterio.


 

      Todo lo escrito eran recuerdos, muy difusos, de la niñez. Han pasado 60 años. Estoy ya jubilado de mi  profesión de Maestro Nacional. Mis padres eran agricultores. Yo durante toda mi vida, también fui labrador. A los 7 años ya iba de pastor. Mi padre me esperaba los fines de semana, cuando regresaba del Instituto Gil y Carrasco de Ponferrada, para que le ayudara en sus tareas agrícolas. Con el paso del tiempo yo también tuve, sigo teniendo, mis tierras que, cuando no daba clase, trabajaba. En el año 2008 me jubilé y, para seguir cuidando mi salud, sigo atendiendo mis frutales, mis patatas, mis uvas, mis pimientos, etc.

      Como homenaje a  mi segunda profesión, la agricultura, he ido, poco a poco, haciendo un  museo agrícola que, a estas fechas, reúne la mayoría de los aperos agrícolas existentes a mediados del siglo pasado.( Museo etnográfico el Varal de Carracedo del Monasterio)

      Como complemento al telar existente en el museo, explicaré a continuación, teniendo en cuenta aquellos recuerdos, la elaboración del lino de una manera muy elemental.

      El lino es una planta herbácea, dicotiledónea de la familia de las linazas. Planta de unos 50cm de larga que da unas flores azules que, al caer, dejan al descubierto la cápsula, bagaña, que produce la semilla ( linaza).


Plantas de lino

¿Por qué había que arrancarla?

      Parece ser que, si se cortaba, se dehilachaban las fibras de la planta.
 Una vez en la era se procedía al RIPADO. Con un instrumento llamado RIPO se procedía a la separación de la bagaña. El ripo estaba formado por un trozo de madera que se clavaba en el suelo y que por cabeza tenía, y tiene, una especie de peine con dientes de hierro o de madera.


El ripo

¿ Por  qué se llevaban al agua las gavillas hechas con el resto de la planta?

      Una vez ripado el lino y hechas las gavillas se llevaban al río o a unas charcas y se sumergían en el agua. Esta operación se llama ENRIADO. El tallo del lino, en su parte interior,  está lleno  de una sustancia llamada pictina y que había que eliminar. Operación que hacía el agua después de 8 ó 10 días, ablandando el lino y disolviendo la pictina. Se consideraba terminada la operación cuando la tasca, cáscara, se suelta del tallo.

      La operación siguiente es el LAVADO del lino. Una vez lavado se extiende en el campo hasta que esté completamente seco. Luego se hacen unos pequeños mollos.

¿Por qué se golpean con unos mazos los mollos del lino?

      Caliente el lino, por efecto del sol, se coloca sobre el “mazadeiro” ( mesa, banco , piedra, etc.)  y con el objeto de fracturar los tallos se golpean con un mazo de madera que, en una de sus caras, tiene unas pequeñas hendiduras con el fin de que el tallo se quiebre pero no se rompa. A esta operación se llama MAZADO.

      Después del mazado se procede al ESPADELADO. Con el Tascón , llamado también fitoira, pieza en forma de T invertida,  se separan los tascos, parte leñosa del lino. Con la espadela, espada de madera ancha y corta, se golpea el lino hasta dejarlo lo más fino posible. El lino mazado se friega con las manos, como si se estuviera lavando una prenda de tela, para separar la paja  de la fibra. El lino espadelado se enrolla en estrigas para que no se enrede.

 

La fitoira

      Después del mazado y el espadelado se procede al RASTRELADO, que consiste en peinar con un cepillo de hierro, llamado rastrelo, las estrigas, separando el lino fino de la estopa.




El rastrelo


      Con la rueca y el huso se procede al HILADO. En la rueca se coloca una bola de lino fino que habíamos obtenido del rastrelado. Las mujeres, con mucha habilidad y maestría, tirando del lino, al mismo tiempo que, girando el huso, lo iban torciendo y transformándolo en hilos. Lleno el huso se saca el hilo formando una “mazorca”.

La rueca
                                                                
      La fase siguiente es el ENSARILLADO. Con las mazorcas, en el sarillo, se procede al ensarillado, consistente en formar madejas. Tras esta operación se procede a lavar el hilo cociéndolo con distintos productos incluso a darle el color apetecido.


El sarillo

      Con la DEBANADORA se deshacen las madejas para, a continuación,  hacer los carretes que irán al telar. 

La devanadora
      
       EL TELAR DE “ EL VARAL”

      No tengo ni idea quién inventó el telar. Tampoco cuando. Pienso que el telar no lo inventó nadie. Posiblemente los últimos prehistóricos cuando, aunque seguían utilizando como vestido la piel de los animales, empezaron a utilizar las fibras que le proporcionaban la lana de los mismos.  Utilizando dos palos de dos árboles próximos, construyeron el más elemental de los telares. Seguro que entre los dos palos colocarían los hilos y, entre ellos, cruzarían, utilizando los dedos, otros hilos. Había nacido, aunque sin nombre, la primera urdimbre y la primera trama. Posiblemente los egipcios, hace más de 6000 años, darían un gran empuje al Telar, montándolo sobre una estructura, bancada, de madera. Con el paso del tiempo fueron también los egipcios los primeros en utilizar la lanzadera.


La urdimbre del telar


      El principio fundamental del telar no se ha modificado desde su origen.

      Los primeros telares eran los llamados de cintura. Su estructura es de forma cuadrada o rectangular. Los hilos de la urdimbre se mantienen tensos al fijar uno de los soportes a una estructura vertical y el otro a una cinta que se ajusta alrededor de las caderas del tejedor que, sentado o arrodillado, hacía su trabajo. Todavía hay pueblos que lo utilizan.

      Al telar de cintura seguirá el telar de piso. A partir del siglo XVIII, con la revolución industrial, fueron abandonándose los telares artesanos, sustituyéndolos por otros mas mecanizados. Sin embargo nunca dejaron de utilizarse. En la actualidad todavía, en algunos pueblos, siguen funcionando. La mayoría de ellos fueron abandonándose y deteriorándose por no ser conservados en lugares adecuados. Los pocos que quedan están pasando  a ser piezas muy apreciadas de museo.

      El museo etnográfico “El Varal” de Carracedo del Monasterio también tiene su telar artesano “ El telar de la Tía Ruperta”.Con el fin de hacerlo mas pedagógico se han anulado una serie de partes que, conservando su funcionamiento, harían mas difícil su explicación y funcionamiento.


El telar 

      Partes del telar:
      Su estructura la componen cuatro columnas de 15x15 cm ( dos de 110cm y otras dos de 87cm) que sujetan las siete viguetas de 15x7cm ( tres miden 115cm y cuatro 132cm) que forman la bancada del telar. En el punto medio de los laterales del cuadrilátero se levantan dos columnas de  160x9x5cm que soportan el batiente ( batán) y  las dos poleas que mueven los lizos. Dos pedales de madera unen, por medio de dos cuerdas, los lizos.

 Maria señala el batiente con el peine


 Los lizos están formados por dos mallas de 110x30 cm. Cada malla, longitudinalmente, lleva una fila de ojales. El peine de 110x10cm es de plástico y con una calada de 2mm. Completan la estructura dos rodillos de madera de 115cm de longitud por 10cm de diámetro, colocados uno en la parte alta del frontal y el otro en la parte central baja.


Sofía enseña los lizos del telar

      Funcionamiento del telar :
      La urdimbre, compuesta por hilos de seda rojos y amarillos, arranca del rodillo situado en la parte central baja hasta enrollarse en el rodillo situado en la parte alta del frontal. Todos los hilos de la urdimbre deben pasar por los ojales de cada lizo y por las caladas del peine. Los hilos rojos pasarán por los ojales del primer lizo y quedarán libres en el segundo. Los amarillos pasan libres el primer lizo y penetran por los ojales del segundo. Los dos pedales, conectados con cuerdas a los lizos, al ser pisados, alternativamente, hacen que un lizo suba  mientras el otro baje. Este movimiento hace que entre los hilos rojos y amarillos se produzca un espacio por el que se desplaza la lanzadera que va trenzando los hilos de la trama y, por consiguiente, produciéndose la tela.


Los pedales del telar

      El nombre del telar “ Telar de la tía Ruperta” sirve como homenaje a la tía Ruperta, que vivió en una de las casas de  La Colonia, allá por los años 40 y fue la tejedora del único telar que hubo en Carracedo.

VISITAS AL MUSEO










VECINOS DE LOS AÑOS 50





Páginas de amigos

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RINCÓN SAN BERNARDO

PRESIDE EL MUSEO
San Bernardo de Claraval, nació en Borgoña, Francia, en el año 1090, en el Castillo de Fontaines y murió, en Claraval, el 20 de Agosto del año 1153 a la edad de 63 años. Fue declarado Santo en 1173 por el Papa Alejandro III.


Escultura de Xelo de Tremiña


San Bernardo era amable, inteligente, bondadoso y alegre. Se sabe que su hermana Humbelina le llamaba cariñosamente con el apelativo “Ojos Grandes”. Fue el último de los Padres de la Iglesia, el gran impulsor y propagador de la Orden Cisterciense y el hombre mas importante del siglo XII en Europa. Predicó en Francia, la Segunda Cruzada.

Durante su vida fundó, aparte del Monasterio de Claraval, de este convento saldrían monjes a fundar otros 63 monasterios, mas de 300 conventos. Con su apostolado consiguió que más de 900 monjes hicieran profesión religiosa. Sus grandes dotes de persuasión sirvieron para llevarse al convento a sus cuatro hermanos, a su tío y 30 compañeros de la Nobleza que dejaron todo para unirse a Cristo.

A San Bernardo se le deben las últimas palabras de la Salve: “ Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María”.

ORACION DE SAN BERNARDO

Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oido decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, reclamando vuestra asistencia, haya sido desamparado de Vos.

Animado por esta confianza, a Vos acudo, Madre, Virgen de las Vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante Vos, Madre de Dios,, no desechéis mis súplicas, antes bien escuchadlas y acogedlas benignamente. Amen.

CELEBRACIONES EN CARRACEDO


RINCÓN DEL PAN

LA RALBA
La ralba consistía en arar, por primera vez, toda la tierra. Recuerdo a mi padre cuando xuncía las vacas; la forma de unir el xugo con las mullidas y las cornales a las cabezas de las vacas y como ambas, mullidas y cornales, habían cogido una forma especial al cabo de usarlas algún tiempo.
Ya en la finca, soltaba el carro de las vacas, bajaba el arado rosar, lo colocaba en el xugo mediante la trasga y la cabilla y empezaba a roturar la tierra.

El arador dirigía las vacas con la guillada. Esta era una larga vara con un pincho en la punta. Y también utilizaba, durante la arada, unas voces muy sonadas- “¡tira!,¡guo¡,¡vale!,¡rubia,¡linda!,¡mecatumadre!”-que las vacas entendían muy bien.
Se echaban horas y horas para arar una colonia de 270 m



largo por 60 m de ancha. Recuerdo que mi padre tardaba tres o cuatro días en finalizar la arada. Tonto de mí, deseaba con gran ilusión que mi padre me enseñara a conducir el arado. No entendía que luego tendría que sustituirle.
Finalizada la arada se rodaba la tierra con el rodo o el cañizo, dependiendo que en la tierra


hubiera terrones o no.
Luego, en torno a la primera quincena de noviembre, se procedía a la sementera

LA SEMENTERA
La siembra del cereal, trigo, centeno, cebada o avena, se hacía de dos formas, a voleo y a surco. Durante el invierno la semilla iba germinando bajo la tierra para, llegado febrero y marzo, brotar con máxima facilidad. En el mes de abril se procedía a un abonado químico y a una escarda para limpiar el sembrado de las malas hierbas.
Si la siembra estaba a surco se pasaba la aricadora pero, si se había sembrado a voleo había que hacerlo a mano y con mucho cuidado. Durante los meses de abril y mayo el cereal crecía, en el mes de junio se ponía amarillo y terminaba secándose, momento en el que daba comienzo la siega.
 
LA SIEGA. Recuerdo que lo primero que se segaba era un poco de centeno, se hacía naturalmente con hocín. Con los mallos se majaba en las eras, y con la ayuda del cribo y del aire se limpiaba.


Este primer centeno se llevaba al molino; dos había en Carracedo. Los dos, en muy mal estado, todavía se conservan. Con la harina obtenida se iba al horno de la Colonia y se hacían unas hogazas de pan de un color oscuro, nada sabroso, pero que servía para acompañar la mediocre comida de los años cincuenta. A falta de panaderías comerciales, todas las familias, cada 20 días , mas o menos, cocían en el horno citado.
Recuerdo las empanadas, a base de patatas, tocino, cebolla, pimentón y chorizo. Recuerdo también que, al día siguiente, llevaba a la escuela un trozo de empanada, que engrasaba el bolsillo. También recuerdo aquellos bollos que, untados con aceite, comíamos al sacar el pan del horno.En los años 50 y 60 se hacía toda la siega a base de hocín. Todo buen segador seguía el siguiente protocolo: la primera fouzada se chavillaba(se enganchaba al dedo pulgar y a la muñeca con un trozo de paja), la segunda fouzada se sujetaba con el codo, con la tercera, y las dos primeras, se hacía la manada, con tres manadas una gavilla y con tres gavillas un moyo, que se ataba con unos bincayos, llamados también biortos, hechos con la mejor paja de centeno. Con los moyos se hacían unas pequeñas medas, llamadas también morenas, dispersadas por toda la finca, a la espera de la acarrea. Recuerdo la primera vez que mi padre me hizo segar. Estábamos en la Pobladura; casi me llevo un dedo. Naturalmente mi padre me mandó a casa, no sin echarme antes una monumental bronca.
La siega era un trabajo muy duro. Se reunían las familias para ayudarse unas a otras. El trabajo era fuerte y a él se unía el calor de la época para hacerlo mucho mas desagradable pero se hacía con alegría ya que durante el trabajo se contaban chistes, se cantaban canciones alusivas el trabajo y se comía bastante bien. De la maja del primer centeno se escogía la mejor paja, el colmo, que sería utilizada para hacer los bincayos.
Finalizando la década de los 50 apareció en Carracedo del Monasterio de la mano de Ortensio Enriquez, labrador adelantado en agricultura, la primera segadora de caballería.
Segadora de caballería de Carracedo del Monasterio

LA ACARREA
En carros, atados al xugo con el sobeo y tirados por vacas, se iban cargando los mollos. Había verdaderos artistas cargadores de carros. A media carga se ataba un poco, y al final se hacía con la luria, cuerda de unos dos cm de diámetro y unos 15 m de longitud. Para cargar los carros iban, normalmente, dos hombres y un niño. Este llevaba en su mano un pequeño ramillete para espantar las moscas que se paseaban por el morro de las vacas para que no hicieran movimientos bruscos y pudieran echar al que estaba subido al carro. Las vacas llevaban el morro protegido con los bozos. De los dos hombres uno echaba los moyos al carro y el otro iba colocándolos
En las eras se hacían unas medas, que eran verdaderas peonzas. Se solían hacer tres viajes al día, muy temprano el primero, este no necesitaba quitamoscas. Antes del segundo viaje se hacía un suculento desayuno; el segundo viaje se hacía antes de la comida y, después de una pequeña siesta, se hacía el tercer viaje.
La comida más típica de la acarrea era el bacalao con huevos cocidos.
LA MAJA

Longinos tirando mollos a la majadora
En el mes de julio se procedía a la maja. En los años 45/50 el desgrane se hacía a base de mallos. Para ello el día anterior se procedía a boñicar la era. De las cuadras de las vacas se   escogían las mejores boñigas, en un 
bidón con agua se disolvían las mismas, haciendo una mezcla viscosa que, con un plato viejo, se extendía por la era. Al día siguiente, seca la mezcla, la era, con aspecto plastificado, estaba preparada para recibir el cereal a desgranar. Con mucho cuidado se iba extendiendo el cereal, formando el eirao, especie de alfombra que se hacía con el cereal; para ello, se colocaba, como cabecera, una fila de mollos sobre la que descansaban las priemeras espigas. Una vez caliente, con los mallos, muy bien manejados por cuatro o seis malladores, se iba golpeando el cereal hasta que todo el grano qu
edaba separado de la paja. Esta, con los forcones, se llevaba al medeiro, montón de paja, con un palo guía en el centro, para, más adelante, mullir las cuadras.
El grano, junto con la puxa, trozos de espiga, y el cogolo, trozos pequeños de paja, se amontonaba para luego, utilizando la fuerza del viento, limpiarlo con el cribo. Pocos años después la limpia se hacía con la limpiadora, máquina movida a mano, consistente principalmente en una tolva, donde se iba depositando el grano con la puxa, caía dicha mezcla en unas cribas a las que llegaba un fuerte viento producido por unas aspas, dicha fuerza, producida a mano, separaba el grano del resto de la paja. Cambiando las cribas se limpiaban legumbres también. .

La trilla: era otro sistema, contemporáneo a la maja descrita, consistente en desgranar el cereal con trillos, herramienta de madera, provista de unas piezas metálicas aserradas o lascas de piedra, movidos por una caballería o por una pareja de vacas que daban vueltas y mas vueltas por encima del eirao, hasta que la paja quedaba completamente trillada y el grano separado de la espiga.
A partir de los años 50 apareció la primera máquina para desgranar el cereal: las majadoras.
La majadora es una máquina destinada exclusivamente a separar el grano de la espiga. Consta fundamentalmente de un cilindro metálico, de unos dos metros, al que, en sentido longitudinal, le han colocado unas piezas metálicas estriadas; entre el cilindro y el cuerpo de la máquina existe una hendidura de unos dos cm, por el que tiene que pasar el cereal. Cuando el cilindro se mueve a gran velocidad, las estrías, girando la espiga, son las encargadas de separar el grano de la puxa .El movimiento lo produce un motor separado de la máquina unos tres metros. La fuerza es transmitida a través de una gran correa de cuero.
Con estas máquinas se dio un paso de gigantes. Estas hacían en un día de trabajo lo mismo que los majadores en una semana y con muchísimo menos esfuerzo. Para hacer la maja se juntaban dos o tres familias, ya que la operación requería varias personas: una en la meda, echaba los mollos al suelo, otra los cogía y los colocaba en la plataforma de la máquina; el encargado de introducir el cereal era el dueño o el encargado de la misma. En la parte delantera de la máquina se colocaban cuatro personas, normalmente mujeres, para, con las forcadas, espallar, mover la paja para que soltara el grano, dos hombres la colocaban en montones que, con el forcón, la subían al medeiro, donde un hombre iba colocándola..
A partir de los años 60 todo el proceso descrito sufre un cambio notable. Se abandonan los hocines para hacer la siega y aparecen las primeras máquinas segadoras, primero tiradas por una caballería y luego movidas por un motor. La operación de acarrea a la era se hacía con tractores y las operaciones de maja y limpia se hacía con una sola máquina: La majadora limpiadora. Seguía lo mismo la operación para llevar la paja a los medeiros.
La majadora limpiadora, Campeva Patentada, consta, esencialmente, de: el motor, la majadora, el espallador y la limpiadora. Se fabricó en CAMpolongo, La Coruña, en los talleres Breamo S. L. de la mano de José Juan PErez y de Robustiano VArela. Comenzó su andadura en los años 60 y se quedó obsoleta en los 70. 
El motor, solé diesel fabricado en Martorell ( Barcelona), en los años 50. No tiene ni un solo cable, los calentadores, son dos tornillos con mechas en sus cabezas, que se introducen directamente en la cámara de compresión. Se arranca con una manivela y el solo se autoalimenta. Dicho motor poniendo en movimiento una serie de poleas y correas, pone en funcionamiento la majadora, el espallador y la limpiadora.
La majadora, por medio de un cilindro que se mueve a gran velocidad, separa el grano de la paja. Esta va a parar al espallador.
El espallador, gran cajón provisto de un mecanismo que, al mismo tiempo que desplaza la paja al exterior, la mueve para que suelte el grano que lleva consigo.
La limpiadora recoge el grano que cae directamente de la majadora y el que suelta el espallador. Todo el grano, junto con la puxa y trocitos pequeños de paja, caen en las cribas que, con rapidez, se desplazan de izquierda a derecha. Al mismo tiempo que la mezcla baila en las cribas, recibe el viento producido por unas aspas colocadas en un tambor situado muy cerca de las cribas. El aire separa el grano de la puxa, esta sale volando al exterior de la máquina, mientras que el grano, a través de una pequeña canal, va a parar a un saco.
En los años 70 el cambio sería más grande ya que una sola máquina, la cosechadora, hacía en la finca las tres operaciones : segar, majar, limpiar y una cuarta operación, alpacar la paja.
El grano se medía y se mide en cuartales. Me contaba mi abuela Concha que había una medida mas pequeña, llamada cuartillo. Cada cuatro cuartillos formaban un celemín.Cada cuatro celemines llenaban un cuartal. Cada cuatro cuartales una fanega y cada cuatro fanegas constutuían una carga.
Celemín, Cuartal y media fanega

EL HORNO
Pieza fundamental en los años 50. En los pueblos no existían panaderías industriales que fabricaran y repartieran el pan a domicilio. Por eso, en los pueblos de la montaña, normalmente, cada familia tenía su propio horno en el que fabricaba su pan y hacía sus ricas empanadas. Enotros pueblos existían 2 ó 3 hornos repartidos por todo el pueblo y administrados por los vecinos.



La construcción del horno no es cosa fácil. El artista, aparte de ser un buen albañil, deberá disponer de unas dotes especiales. Nuestro artista fue Emiliano Poncelas. La esencia del horno consiste en que la temperatura producida en el interior no se escape a través de las paredes, con el fin de que permanezca caliente, sobre 200ºC, durante el tiempo que dure la cocción. Tanto la pared abovedada del horno como el piso del mismo tienen que acumular calor suficiente para soltarlo poco a poco. Se empieza marcando, con un trozo de cuerda, una circunferencia del tamaño que uno quiera el horno. Se colocan dos filas de ladrillos normales, siguiendo la circunferencia marcada. El hueco producido se tamiza con barro mezclado con paja trillada, hasta cubrir los ladrillos. A continuación se empiezan a colocar los ladrillos refractarios. Una vez colocada la primera fila, se prepara el piso que consistirá en extender una capa de sal, otra capa de barro y, finalmente, la capa de ladrillos refractarios. Para ir levantando las paredes abovedadas se clavaba, en el centro del piso, la cuerda con la que se había trazado la circunferencia de la base y se empezaban a colocar filas de ladrillos refractarios subiendo la cuerda cada vez que se terminaba una fila. De esta forma se llegaba al final cerrando toda la cúpula. Los ladrillos se colocan con yeso.
La pared, de unos 30 cm de gruesa, se compone de varias capas: la 1ª se forma con medios ladrillos refractarios, 11 cm. Una segunda capa de barro amasado con paja, 5 cm. A continuación una alambrada metálica, seguida de una tercera capa de barro con paja, otros 5 cm. La cuarta capa está formada por una tela térmica de unos dos cm. Esta se fija a la pared por medio de una tela metálica. La quinta capa la forma una tercera capa con barro y paja, 5 cm. La sexta y última capa está formada por 2 cm con arena y cemento, coloreado en barro, para que la humedad del ambiente no perjudique la pared.


FASES CONSTRUCCION DEL HORNO






El comienzo









Preparación del piso







Haciendo la bóveda









Terminando la cúpula











Aislando la pared


Horno terminado

EL PAN CASERO
En la maseira se amasaba, con agua bastante caliente, la harina, a la que se iban añadiendo la sal, un puñado por cada cuartal, la levadura y el formento; terminada de amasar se tapaba con una manta y se esperaba a que fermentara. En Carracedo se decía leldar. La fermentación, dependiendo de la temperatura, duraba aproximadamente una hora, terminaba la misma cuando la masa, aparte de aumentar considerablemente el volumen, escarchaba. Con la masa fermentada se procedía hacer las hogazas, que pasaban al estrado, estrao para la gente de Carracedo, este se cubría con una manta.

Las hogazas se colocaban en fila y, entre una y otra, se hacía una doblez en la manta con el fin de que las hogazas, al fermentar por segunda vez, no se pegaran. Si la temperatura, que debería ser de unos 30ºC, bajaba demasiado, había que colocar un caldero con brasa debajo del estrado. La empanada, a base de patatas, cebolla, chorizo y trocitos de tocino, indiscutible en cada cocedura, se hacía una vez terminada de hacer las hogazas. Lo último que se hacía, ya con los restos de masa, eran los bollos que, parte de ellos, se comía en el mismo horno, adobándolos con un poco de aceite que había sobrado de hacer la empanada. En el estrado, las hogazas permanecerían una hora, mas o menos, hasta que la masa volvía a crecer y a escarchar.
El momento para encender, prender, el horno era media hora después de colocar las hogazas en el estrado, la llama tenía que bañar perfectamente las paredes y el piso del horno. Para ello, de vez en cuando, se removía con un largo palo de madera, llamado furgairo. Cuando se hace el fuego las paredes del horno rapidamente se ahuman, la temperatura sigue subiendo, llegando a los 400ºC o 500ºC. Las paredes, por efecto del calor, empiezan a cambiar de color hasta que se ponen completamente rojas, momento en el que se dice “ el horno esta arroxado”. Acto seguido se barre, con el barredallo y el rodín y, con un trozo de saco húmedo, se limpiaba a la perfección. La temperatura de cocción oscila sobre 150ºC. Como no había termómetros se utilizaba, como indicador, el color de las paredes, color que conocían muy bien las horneras; otro método era echar un poco de harina en el piso de horno, si prendía fuego había que esperar, cuando la harina no se encendía era el momento de meter, con la pala, el pan.
En el horno, a medida que iba avanzando la cocción, el pan iba creciendo y cambiando de color, con el fin de que no se pegara había que, con la pala y el rodín, moverlo. Después de, una hora aproximadamente, el pan ya podía estar cocido; el color le decía a la hornera cual era el grado de cocción; otra forma de saber cual era el estado de cocción consistía en sacar una hogaza del horno, con los nudillos de los dedos de la mano se le daban unos golpecitos. El sonido producido marcaba como iba de cocido el pan. Para saber si la empanada estaba cocida se le clavaba una aguja de tejer, la forma de penetrar marcaba como estaba de cocida.
La cena del día que se cocía, era exclusivamente comer la empanada. Sentados todos alrededor de la mesa, se colocaba en la misma la reina de la cena, la empanada. A esta se le quitaba toda la tapa superior y, cada comensal, utilizando, con tenedor en mano, parte de la tapa como pan, se iba comiendo todo el interior de la empanada, naturalmente acompañado del vino casero. Terminaba la cena comiendo, como postre, la fruta del momento o tomando un buen café de puchero.