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RINCÓN DEL VINO


LA PODA
Se realiza durante los meses de febrero y marzo. Consiste en cortar los sarmientos de las cepas, con unas tijeras y un serrón exclusivos para ello. Sólo se dejan 4 ó 5 pulgares, con dos o tres yemas cada uno, en cada cepa, dependiendo siempre de la fuerza que tuviera la planta. Antes se apañaba la sarmienta, ahora se pica, se ataba con unos bincayos en unos pequeños manizos. Esta leña era muy estimada ya que con ella se arroxaba el horno, se secaba la carne de la matanza y se hacía el brasero para calentar la salita en la que se pasaban las frías noches de invierno.


TIJERAS Y SERRUCHOS



LA ESCARBA
En el mes de abril se procedía a abrir las gavias. Esta operación se hacía con la pareja de vacas, unidas con un xugo mas largo de lo normal. También se utilizaba un xugo extensible de hierro, que llevaba incorporado un sencillo artilugio que permitía adaptar el tamaño del xugo a las necesidades de la viña. Para esta operación también se utilizaban bueyes

 
YUGOS DE LAS VIÑAS

Para realizar este trabajo, en cada gavia, había que hacer cuatro surcos, los dos primeros con el arado rosar, uno por cada lado de la gavia. Los dos siguientes se hacían con la escavadora, arado especial que, debido a su estructura, se podía aproximar más a la cepa. Si el arador era un artista ya dejaba la gavia completamente limpia. Por lo contrario había que ir con el sacho sacando toda la tierra que quedaba en el surco. Este trabajo era muy duro para el que tenía que llevar el arado y la escavadora, pero el que peor lo pasaba era el pinche, chaval que iba delante de las vacas cuidando de que estas no llevaran las cepas por delante. El pinche siempre tenía todas las culpas; las broncas que llevaba eran monumentales y, de vez en cuando, hasta recibía algún terronazo. Cuando mi padre me comunicaba que al día siguiente no iría a la escuela ya que teníamos que ir a las viñas, se me ponía la carne de gallina solo de pensar las broncas que me iban a caer.
ESCAVADORA

LA SULFATA
A lo largo de la campaña había que sulfatar unas 6 ó 7 veces, contra la tiña, el mildiu y la botritis. El número de sulfatas dependía del tiempo y, sobre todo, de las tormentas. También había que dar una mano de azufre.
En los tiempos actuales existen productos complejos para evitar todo tipo de enfermedades, cuya preparación es muy rápida y las máquinas son bastante buenas.


ATOMIZADOR. SULFATADORA CLÁSICA. TORPEDO

Incluso las viñas modernas están preparadas para sulfatar con atomizadores conducidos por un tractor.
El problema existía hace 50 años. Recuerdo que a las viñas había que ir con el carro de las vacas y llevar para preparar el Caldo Bordeles: un tino, cal apagada, cobre y un montón de tinajas llenas de agua. En la viña se tiraba el agua en el tino, en él se disolvía la cal apagada y se le añadía el sulfato, cobre muy machacado para que se disolviera bien. Con las máquinas de sulfatar de la época se iban regando las cepas. Era muy corriente ver a la esposa acarreando cántaras de sulfato para recargar la sulfatadora, cuando a ésta se le terminaba el líquido.
     Hacia finales de los cincuenta aparece, en Carracedo del Monasterio, la sulfatadora de caballería. Estaba formada por dos depósitos, de unos 70 litros cada uno, colocados sobre un aparejo para montarla sobre una caballería ( caballo o yegua). El líquido se cargaba con un comprensor con el fin de darle la suficiente presión para que saliera con fuerza por las pistolas de sulfatar. Esta máquina, no se por qué, fue abandonada al poco tiempo de su aparición-


SULFATADORA DE CABALLERÍA


LA AMONTONALa amontona es la operación opuesta a la escava. En ésta se daban, con el arado de vertedera, cuatro surcos sacando la tierra de las cepas ; en la amontona se daban otros cuatro acercándoles la tierra. Esta operación resultaba un poco más delicada ya que las yemas de las cepas habían crecido y al mas mínimo contacto con los animales se rompían. La culpa la tenían las vacas y el pinche al 50%. El que nunca tenía la culpa era el arador. Antes de amontonar se echaba el abono químico para que, al quedar tapado, las plantas disfrutaran mas de él.

ARADO DE VERTEDERA

LA VENDIMIA
Consiste la vendimia en recoger los racimos de uvas de la cepa y llevarlos a la cooperativa, al bodeguero comprador o a la propia bodega.


 VENDIMIANDO EN EL FOYO
Existe una diferencia enorme entre la vendimia de antes y la vendimia de ahora. En estos tiempos el viticultor que recoja menos de 10.000 kg y tenga que hacerlo en 6 ó 7 parcelas pequeñas, con viñas irregularmente plantadas, posiblemente pierda dinero o ganará muy poco, debido a que el precio de la uva es muy bajo y la mano de obra, siendo justa, resulta cara si la proporcionamos con el precio de las uvas. Si a este gasto le sumamos el precio de los sulfatos, abonos, vendimia y otros trabajos, se aproxima al 100% del valor total de la cosecha. Si el viticultor pasa de los 10.000 kg, tiene las viñas preparadas, en una o dos parcelas y la maquinaria suficiente para poder hacer todas las labores, entonces el margen aumenta con el número de kg

 


 

EL GRAN CESTÓN

En la vendimia de antes, 20 ó 30 años atrás, las uvas daban dinero, aunque el precio fuera bajo. La vendimia se hacía familiarmente, primero para unas y luego para otras, con lo que se evitaba la mano de obra de los vendimiadores, que era el capítulo más caro. Aquella vendimia era casi una fiesta. La gente cantaba, contaba chistes, se criticaba a la gente, se hablaba de política y, algunas veces, se reñía, pero a la hora de la comida todos, sentados en corro, disfrutaban con el potaje de habas, los huevos con bacalao o la carne cocida aliñada con pimientos asados. La comida se servía caliente. La señora de la casa, durante la mañana, hacía la comida, la colocaba en una gran cesta, la ponía con sumo cuidado en la cabeza, entre ésta y la cesta colocaba la rodela, especie de corona de trapo y, casi como un número circense, llevaba la comida a 2 ó 3 km, sin sujetar nada la cesta. Se vendimiaba en los megos, cada uno llevaba el suyo. Los megos se vaciaban en los cestos y, 2 ó 3 hombres, los llevaban al gran cestón.

 ÚTILES DE VENDIMIA
Mi padre, con las vacas y el carro, antes de la existencia de la Cooperativa de Cacabelos, iba a vender las uvas a la plaza del pueblo citado. Allí salían los bodegueros a comprarlas. La burla era total. El precio, a como querían. Hasta en el peso existía la picaresca. Me explico: mi padre era un hombre de reacción rápida y un poquito de mala leche, las uvas las pesaban con una báscula pequeña, utilizando para ello un bidón con el que había que hacer varias pesadas. Notó mi padre que, al bascular las uvas en el bidón, el mosto salía por su base. Al vaciar el primero vio que le habían hecho unos agujeros en la parte baja. La discusión con el bodeguero, de cuyo nombre no quiero acordarme, fue mayúscula hasta el punto que las uvas volvieron al carro, que las traería para casa. Hizo el vino, procesándolo en la lagareta, pequeño lagar familiar, en unas cubas de cemento para luego venderlo; la operación le salió bien ya que esta la repitió hasta la creación de la cooperativa. Algunos la llamaban comparativa.

LA FABRICACIÓN DEL VINO
La formación del vino es debida a la fermentación de los azúcares contenidos en las uvas. La glucosa, reaccionando con las levaduras existentes en los hollejos de las uvas, se convierte en alcohol y en anhídrido carbónico.

 

PUERTA CUBA DE CEMENTO
 
La Esperela es una viña situada muy cerca de Narayola, propiedad de mi hermano Longinos. Posiblemente se aproxime a los 100 años de vida, sus cepas son grandes, retorcidas y algunas medio rotas. Dispone de unas 300 cepas, la mitad de jerez y la otra mitad de mencía. Lo abrigado de la viña, por su situación y la luz del sol todo el día, hacen que la graduación de la uva llegue fácilmente a los 14 grados.
Durante la vendimia aparto todos los racimos podridos o en mal estado. En el tractor traigo las uvas para casa; las piso en el mismo vehículo. El mosto lo voy vertiendo en dos cubetos, uno de 20 cántaros y otro de 6, desinfectados previamente quemando azufre en sus interiores. Al no llenarse con la primera pisada paso por la prensa las uvas que todavía quedan en el tractor hasta que los mismos estén llenos en sus 9/10, el resto lo lleno sólo con vagos, con el fin de aumentar las levaduras para mejorar la fermentación.

PRENSA
BOMBA DE TRASIEGO
A los 2 ó 3 días empiezan a hervir. Lo harán durante 30 ó 40. Diariamente, con un palo, tengo que bajarlos, con el fin de que solo expulse la basura, nunca el mosto. Terminada la cocción, barro los cubetos y permanecerán así, aproximadamente, durante un mes. A continuación, con el líquido de los dos cubetos, lleno el más grande, lo vuelvo a barrar para que repose durante un par de meses.

CUBETO DE MADERA

CUBETO DE ACERO

GARRAFONES

Pasado este periodo vuelvo a pasarlo, dejando en el fondo del cubeto toda la rebla que se ha ido
depositando. Esta vez el trasiego lo hago para un cubeto de acero, donde permanecerá otros dos meses, tras los cuales lo meteré en garrafones o en botellas. El resultado final es un vino, un poquito dulce, delicioso.
Reportaje único
         Siento un gran orgullo poder presentar dos paneles con fotografías de aquellas personas, fallecidas todas, que en los años 50 eran verdaderos vendimiadores/as.
         El reportaje fotográfico es casi único. Las fotografías proceden de fotos de carnet que yo hacía, en mi laboratorio, y que los negativos, en 36 mm, por pura casualidad, había guardado en un cajón que se quedó olvidado en el desván de mi casa. La épooca digital hizo el milagro.

HOMENAJE A LOS VENDIMIADORES DE LOS AÑOS 50




                    El museo " EL VARAL", para recreación del visitante, tambien tiene su:



EL LAGAR DE VIGA

          El lagar de viga es una prensa empleada para extraer el mosto de las uvas.
          Parece ser que sus orígenes datan del siglo VI antes de Cristo. Han pasado pues 2.500 años. En una ánfora ateniense de aquella época se reproduce un lagar de viga. Todavía no tenía el husillo.
          El gran físico y matemático Herón de Alejandría incorporó, 500 años después, el husillo que permitiría subir y bajar el pilón.
          El lagar de viga se funda en la palanca de 2º género. El punto de apoyo( A ) está situado entre las viguetas que sujetan la viga, en el pilón se sitúa la potencia( P ) y la resistencia( R ) en la pila, lugar donde se colocarán las uvas para ser prensadas.


ESQUEMA DEL LAGAR DE VIGA

          La ley de equilibrio de la palanca es P x Bp=R x Br. Dado que el brazo de potencia, obsérvese el esquema de la prensa, es  largo, el peso del pilón grande, para que se cumpla la igualdad, teniendo en cuenta que el brazo de resistencia es pequeño, es necesario que la resistencia sea muy grande.


EL LAGAR DE "EL VARAL"
El lagar de " El Varal" fue adquirido en Viariz, pueblo del Ayuntamiento de Corullón 



                                                                                                                                                                                                                          



















PONYQUITA


LA MATANZA

PRIMER DIA: LA SADURA

Después de cuidar y cebar , durante aproximadamente un año los cerdos, bien alimentados con remolacha, maíz, patatas, salvado y otros alimentos producidos en la huerta familiar, servidos primero en unos maseiros de madera, tronco que se había vaciado, despues en pilas de cemento fabricadas en casa, nada de piensos semiartificiales, el cerdo alcanza un peso, mas o menos, de 10 ó 12 arrobas. Allí por el mes de diciembre y parte del mes de enero, llega el día de la matanza.

Utiles de la matanza

Pila y maseiros

Lo primero que hacía el dueño de la casa era preparar un gran bidón, colocarlo sobre una trébede de hierro, llenarlo de agua, hacerle fuego hasta que el agua hervía. Luego se usaría para pelar el cerdo. La señora de la casa, que se había levantado la primera, se afanaba en preparar la comida, ¡Que comida!, el primer plato era sopa condimentada con lacón, chorizo, oreja y otras reservas guardadas del pasado año; estos, junto con los garbanzos y las patatas, formarán el segundo plato; el postre consistía en pastas y frutas ecológicas.




Caldero y trébede
Se reunían siempre dos o tres familias. Por la mañana los hombres, después de tomar la parva para coger fuerzas, una copita de aguardiente con un trocito de pan, afilaban sus cuchillos en una piedra, que había en todos los domicilios, como verdaderos sádicos; las mujeres esperaban.
Todos se dirigían a la cuadra. Un niño pequeño llevaba el cuchillo de matar para entregar al matarife en el momento justo. Coger el cerdo no era fácil. Dos lo hacían por las orejas, otro por el rabo para acercarlo al patíbulo, momento en el que se incorporaban otros dos hombres que, a Piedra de afilar
garrándolo por las patas, lo tumbaban en la maseira. Bien amarrado por las patas, las orejas y el rabo, el matarife pedía el cuchillo al niño. Alrededor del cerdo estaban todos los críos del barrio, y se lo clavaba hasta atravesarle el corazón Los lamentos del animal se escuchaban por todo el pueblo. Algunas veces el cerdo, tratando de defenderse, se escapaba y todos sudaban para darle caza. Era muy corriente que una mujer, provista de una hoya, cogiera la sangre que salía a borbotones del cuerpo del animal, para luego hacer las ricas filloas o preparar otros tipos de comida.

Cuchillo de matar

Gran maseira

Muerto el animal, se colocaba dentro de la maseira y, mientras las mujeres iban bañándolo con agua hirviendo, los hombres pelaban las serdas del animal hasta dejarlo limpio. Al matarife le correspondía pelar la cabeza. Limpio el cerdo, lo primero que hacía el matarife era taponarle, con un haz de paja, el ano con el fin de que no soltara la mierda que tenía en el intestino. A esta operación se la llamaba “hacer el culo”. A continuación se colocaba en una escalera, cabeza abajo, a la que se ataba por los tendones de Aquiles. Se empezaba abriendo por el pescuezo, sacando de una vez el corazón, pulmones e hígado; esta parte del cerdo se conocía con el nombre de barbada; a continuación, con mucho cuidado, se iba soltando el intestino, que se colocaba en una maseira para que, terminada la extracción, las mujeres fueran separando las tripas de la grasa en la que estaban envueltas. Terminaba la limpieza del cerdo extrayendo el unto, con el que se hacían unas hogazas, que luego curarían al humo y que serviría para condimentar muchas comidas. Terminaba la mañana asando las mollejas en las brasas. Era el primer delicioso bocado del cerdo; por descontado sin análisis de ningún tipo.
Por la tarde las mujeres iban a la presa a lavar las tripas. Los hombres regresaban a su casa para atender sus animales. Con el paso del tiempo también se irían incorporando, no de muy buena gana, al citado trabajo. De vuelta a casa se tomaba un caliente fervudo, formado por vino y azúcar , para recuperar el calor perdido en la presa. Era diciembre-enero y el tiempo estaba siempre bajo cero. La operación siguiente consistía en correr las tripas para limpiarlas de la grasa que todavía las cubría; incluso se les daba la vuelta para limpiarlas por el interior, operación que, normalmente hacía la dueña de la casa y que necesitaba de una disposición especial. Tenían que quedar superlimpias ya que con ellas se harían los riquísimos chorizos y botillos.
La cena consistía en un guiso de patatas con sadura de primer plato y restos del mediodía para el segundo. Terminada la cena casi siempre se jugaba una partida de cartas a la brisca, juego caído casi en desuso, pero que era muy curioso. Normalmente se jugaban tres contra tres. Se daban tres cartas a cada uno y la primera, después de repartidas las cartas era el triunfo. Existía la figura del líder que, con gestos de labios y ojos, adivinaba que cartas tenía en la mano cada uno de sus compañeros, los cuales debían jugar la carta que el líder les ordenara, para ganar había que sumar más de 60 tantos.

2º DIA: EL LOMO
Lo mismo que el primer día, el amo de la casa, desde muy temprano, se afanaba en preparar una buena hoguera en la que colocaba los hierros de escamar, para que se pusieran al rojo.

Despiezando el cerdo


Llegado el matarife y dos o tres ayudantes, todos familiares, empezaba la operación: despiece del cerdo. Empezaba cortándole las patas y el rabo que pasarían a las mujeres que, sentadas al lado del fuego, con los hierros de escamar al rojo, irían quemando las serdas que todavía permanecían en lacones, patas y rabo. A continuación le cortaba la cabeza, uno de los ayudantes le quitaría las orejas, morro y cara que también pasarían a las mujeres para que hicieran la misma operación.
Sin cabeza y sin patas el resto del cerdo sería descolgado de la escalera y colocado en la maseira con el lomo hacia arriba. Se le practicarían dos cortes, con hacha y cuchillo, longitudinales a la derecha e izquierda de la columna, llamado vulgarmente espinazo. El trozo resultante pasaría a la artesa de los despieces que luego habría que salar. Resultado de la operación anterior son dos trozos iguales que serían tratados de la siguiente forma:


Hierros de escamar

Trébedes de hierro

Los jamones y el tocino irían a la artesa de salar, junto con las patas, la cachucha y el espinazo.
Los lomos y toda la hebra a la artesa de los chorizos.
Los huesos, junto con el rabo, a la artesa de los botillos.
Las pieles, resultantes de limpiar trozos de hebra, a una pequeña artesa. Con ellas se harían las androllas.
La grasa se colocaba en una cesta.
La comida del día del lomo consistía, casi siempre, en una buena olla de callos con habas, la chanfaina berciana, de primer plato; de segundo plato gallina estofada o pollo de corral, todo ello regado con el vino de la propia bodega. Últimamente la comida del día de lomo consistía en asar el churrasco en las brasas.
Por la tarde se hacían cuatro cosas:

1º EL DESCARNADO

Consistía en repasar toda la carne de las distintas artesas, sacando toda la hebra para aumentar el número de chorizos. Algunas veces el descarnado era tan fuerte que los botillos se quedaban sólo con los huesos.

2º EL SALADO

En una gran artesa, casi siempre la maseira de matar, se procedía al salado de jamones, tocinos, espinazo, costillar, cachucha, patas, lacones y varios trozos pequeños resultantes del despiece del animal. Cada pieza, después de extraerle la sangre que le quedaba, se cubría totalmente de sal. De esta forma permanecería durante 10 ó 12 días, dependiendo siempre, como referencia, del peso de los jamones.

3º EL PICADO

Con la máquina de picar, en los años 40 esta operación se hacía a mano, se solía picar una paletilla. Se iba picando toda la hebra que se había ido sacando al descarnar las distintas partes del cerdo, para que rindiera un poco mas se picaban también pequeños trozos de tocino, con el fin de aumentar el número de chorizos.
Primitiva máquina de picar

Máquina de picar

Con sumo cuidado se iban picando los huesos en trozos pequeños. Esta operación la solían hacer los hombres. Con ellos se harían los riquísimos botillos. Se cuenta que los botillos fue creación de los monjes de Carracedo. Los vecinos, cuando oían el toque de campana solicitando comida, les llevaban lo que ellos no querían, los huesos. Después de pelarles toda la carne, metían el resto en grandes tripas y ponían a secar, podía muy bien ser este el origen del botillo, con el fin de dar sabor a las distintas comidas.

4º EL SAZONADO

Picada la carne y los huesos se procedía al sazonado. En todas las familias había una especialista. En un cuenco se machacaban los ajos que se vertían sobre la carne, se añadía pimentón, casi siempre casero, orégano, agua y vino, se amasaba a fondo, todo el mondongo adquiría un color y olor especial. Luego se iba añadiendo sal, al mismo tiempo que se seguía amasando, con la yema de los dedos se iba probando hasta que quedaba a gusto de todos. A lo largo del día siguiente se le seguían dando vueltas y añadiendo agua, vino o aquella especia que se considerara necesaria.
La cena del día de lomo consistía en un primer plato de repollo, debidamente condimentado y un segundo plato de lomo cocido encima de
unas tostas de pan que, con mucho gusto, recuerdo después de 40 años. Los postres, aparte de la fruta del pueblo, como casi siempre estábamos en navidades, estaban formados por una gran bandeja de mazapanes, almendras, trozos de turrón y otras golosinas.

TERCER DIA: LA MANTECA
La señora de la casa ya más sosegada, sin obreros ni invitados, ya no tiene que preparar ni la comida ni la cena y se dispone a preparar la manteca. Para ello lo primero que hace es encender bien la cocina económica, casi un lujo en aquellos tiempos. Encima de la misma colocaba la gran paellera en la que va depositando, en trocitos pequeños, los grandes trozos de grasa que se habían sacado del cerdo y colocado en un cesto forrado con un trozo de sábana.
Paellera para la manteca

Tinaja para la manteca

Poco a poco, a consecuencia del calor, la grasa se va licuando. Con un cucharón iba vertiendo el líquido en unas pequeñas tinajas de barro, hechas ex profeso para ello. Al día siguiente el líquido se había solidificado convirtiéndose en la blanca manteca. Los restos de la grasa se habían transformado en los riquísimos chicharrones, con los que se hacían unas riquísimas bollas, mezclándolos con harina, huevos y azúcar.
En los años 50 la manteca era esencial para hacer las comidas. Con ella se sazonaba el caldo, se freían las patatas, se condimentaba un montón de comidas; los chorizos se conservaban frescos todo el año metidos en manteca; con ella se hacían unas riquísimas torrijas.
A lo largo del día la señora de la casa seguía removiendo, varias veces al día, el mondongo para que se fueran mezclando todas las especias, al mismo tiempo iba probando para comprobar que la sazón era de su agrado.

CUARTO DIA: EL EMBUTIDO
En los años 50 todavía no existían las máquinas para embutir. Las tripas se llenaban con la ayuda de unos pequeños embudos llamados longaniceiros.
Pasados los 50, siempre hablando del pueblo de Carracedo, aparecieron las primeras máquinas para hacer chorizos. éstas consistían en una mesa alta y estrecha en la que se había insertado de metal un envase cilindro cónico que terminaba en un pequeño tubo donde se alojaba la tripa para ser llenada. Encima de la mesa, accionado con un largo mango, se colocaba una pieza de madera también cilindro-cónica que debía introducirse en la primera y que, a modo de émbolo, empujaba hacia la tripa la carne que se había colocado en el envase metálico.
Mientras unas señoras iban llenando las tripas, otras, con bramante, iban atándolas cada 10 ó 12 cm. Los chorizos había que apretarlos bien y, con una aguja, se pinchaban para sacar el aire que permanecía en ellos y que sería fatal para su conservación. A partir del año 55, en el pueblo, aparecieron las máquinas para picar y embutir. La misma máquina hacía los dos trabajos; para picar se le colocaban unas cuchillas y para embutir se quitaban las cuchillas y se colocaba un embudo, donde se colocaría la tripa.

Longaniceiro

Primitiva máquina de embutir

Máquina de embutir
El embutido de los botillos se hacía en las tripas gruesas, incluyendo la vejiga y el estómago. Con sumo cuidado se iban llenando con los huesos colocándolos de tal forma que no rompiera la tripa. Una vez llenos, se unían las pieles con la ayuda de la espita y se ataba con bramante.
Las androllas, andollas, se embutían lo mismo que los botillos, metiendo los trozos de pieles en una tripa gruesa y atándolas con bramante. Para que estuvieran más ricas se les agregaban unos pocos de chichos.
Terminados todos los embutidos, se llevaban al fumeiro, parrilla construida con palos de madera colgada a 2 ó 3 m del suelo. Con sumo cuidado se iban colgando, procurando que los chorizos, botillos y androllas no quedaran pegadas unas con otras, para ello se entrelazaban unas varas delgadas.
A partir del día siguiente se le hace la lumbre, no muy fuerte y con leña seca. Como el tiempo suele ser muy frío y pueden producirse heladas, mucha gente cuando preveía una fuerte helada, procuraba que el fuego permaneciera encendido toda la noche.














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EL PALOMAR DE LA TÍA CORINA

Los palomares, viviendas de las palomas, eran y son unas construcciones con una arquitectura muy particular. Sus formas eran muy variadas: redondos, cuadrados, rectangulares, con patio, poligonales, etc. Casi todos tenían una base de piedra para protegerlos de la humedad. Encima de la base se hacían las paredes gruesas de tapial o adobe, con el fin de mantenerlos frescos en verano y calientes en invierno. Tanto la tapia como los adobes están hechos con mucha arcilla, verdadero aislante tanto del frío como del calor. Todos los palomares se pintaban de blanco por ser el color más atractivo para las palomas. Máquina Hexagón Morillo y pote Posiblemente fueran los romanos los primeros en construirlos en España. Tuvieron su máximo apogeo en Fuelle los siglos XV y XVI; estaban en manos de la clase alta; sus grandes propiedades les permitían un sustento suficiente para las palomas. Las palomas les proporcionaban gran cantidad de pichones, comida exquisita, y montones de palomina, abono buenísimo para las fincas. A partir del siglo XX, se fueron abandonando y, poco a poco, autodestruyéndose. El abandono de los palomares fue debido, en parte, al bajón experimentado en la venta de los pichones, al ser sustituidos por la carne de pollo.
Tambor de asar castañas Escaño antiguo Creo que la Junta de Castilla y León tendría que, en lo que fuera posible, parar la destrucción de los palomares, verdaderos monumentos arquitectónicos, con ayudas para el que quiera restaurar su palomar y convertirlo en algo útil. Al turista rural le gusta mucho visitar este tipo de construcciones. En Carracedo del Monasterio, barrio del Teso, existe un palomar cuadrado que toda la gente, que pasa de los 50 años, conoce con el nombre de “Palomar de la tía Corina.” Colcha centenaria de ganchillo

 

 Calabaza centenaria Dentro de la muralla del monasterio todavía existen dos palomares, uno propiedad de de la Diputación Provincial de León y el otro propiedad de la familia García. Había un cuarto palomar, también redondo, en la parte sur del pueblo, pero hace unos años fue destruido para hacer una casa. El palomar de la tía Corina es de mi propiedad; data de mediados del siglo XIX y forma parte del museo familiar. Planchas de hierro Plancha de leña Calladas de Sindo de Filiel Sus paredes, con base de piedra, son de tapia. Para construirlas se hacía un encofrado de madera y se rellenaba, prensándolo a tope, con masa producida con arcilla y piedra menuda. Retirado el encofrado quedaba una pared perfecta, tipo pudinga. Con una piqueta o con un martillo de tejar se hacían los nidales ( niales) correspondientes. En estos tiempos el palomar se utiliza como comedor de verano. El palomar esta pendiente de una restauración con el levantamiento de la cubierta y la recuperación de los agujeros que permitían la salida y entrada de las palomas. Bebedero de las palomas Nidales con tarros  de madera En el palomar, imperfecto por haber deshecho una pared de nidales ( niales), se ha construido una" lareira" galega con el fin de hacer fuego y poder, si se desea, curar un pequeño mondongo. El palomar de la tía Corina, en la actualidad, forma parte de la vivienda familiar, recordando aquella cocina-comedor de los años cincuenta del siglo pasado. Escultura en miniatura de madera Miniaturas agrícolas de Alfredo

Superpín camino de Santiago En aquellos años la vida en los pueblos era bastante mala; la gente se inmovilizaba durante toda la vida en sus pueblos de nacimiento. Todos realizaban una agricultura de supervivencia. La mayoría de las familias cebaban dos o tres cerdos, vendían uno o dos y cambiaban los jamones del cerdo, que mataban en casa, por tocino para que la comida fuera más fuerte y durara más. Las viviendas eran muy deficientes; la mayoría de ellas tipo palloza. La comida se hacía en el fuego hecho en el suelo; del alto de la cocina colgaba una cadena, llamada preganza o gramalleira, de la que se suspendía el pote en el que se hacía la comida. Al lado del fuego se colocaba el morillo y el fuelle. Las habitaciones eran pequeñas y oscuras, las camas de hierro, muy buscadas ahora, y los colchones eran de hoja de maíz. Colección de candiles Colección megos de Severo La luz eléctrica apenas existía, dado que fallaba a la menor inclemencia del tiempo. Llegaban a casa 125 V; no había contadores; por ello sólo se permitían dos o tres bombillas de 25W. En la parte alta de las paredes se hacía un ventanuco donde se colocaba una bombilla que, al mismo tiempo, iluminaba dos o tres habitaciones. El cuarto de baño lo componía un palanganero (palancanero), provisto de un jarrón, para lavarse y las cuadras, o las esquinas de las paredes, para las necesidades mayores. A lo largo del año solo se hacían cuatro o cinco comidas buenas, a saber: matanza, maja, vendimia y día de la fiesta. El resto de los días la comida era a base de patatas, huevos, tocino y algún chorizo