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Crónicas de los 50


AMIGO PEPE
Por Antonio Sernández López
 


         Era Pepe, hijo de Daniel y Sara,  una buena persona con una personalidad muy especial por su manera tan particular de ver el mundo y la vida. Para él, el mundo quedó parado en los años 60. Su casa era igual en los años 50 que en el año 2000. Ni calefacción, ni agua caliente, ni televisión, ni otras cosas que no voy a enumerar. Si es cierto que su casa estaba siempre superlimpia, su hermana Celia se encargaba de ello. Sus únicas mujeres fueron su madre Celia y sus hermanas Adelina, Celia y Alsira. Tuvo un hermano, Daniel( Nelín) que  murió en un accidente de trabajo cuando se estaba construyendo la Cooperativa de vinos de Cacabelos. No tenía grandes amigos, pero se llevaba bien con todo el mundo. Era un gran trabajador. Mucha gente del pueblo solicitaba sus servicios que hacía con esmero e ilusión. Decía que a él nunca le faltó trabajo. Sus peores compañeros fueron el tabaco y el vino ( no bebía ningún otro tipo de  alcohol). Yo nunca lo vi borracho. Era Pepe el dueño del último varal que hubo en Carracedo.

          Del vino decía “ nunca xe hay viño malo, tíraxeye mais ou menos gaseosa”. Con un carretillo, de los años 50, iba, cada poco tiempo, con dos garrafones a por  vino a la Cooperativa de Cacabelos. Sin enfadarse, me decía que no entendía que llevando todas las uvas de su pequeña viña a la Cooperativa, cuando le enviaban la liquidación tenía que pagar  y no cobrar. Pepe, dentro de su bondad y pocas matemáticas, no se daba cuenta que gastaba, en su consumo, todo el vino de su viña y parte del de la vecina.

          Todos los días de invierno, cuando Pepe llegaba a su casa y antes de entrar en ella, en un pequeño  cuarto, construido  con cañas y barro, que tenía en el patio de la misma, hacía un pequeño fuego que terminaba en un borrallo, así le llamaba él,
Para calentarse los pies. Cierto día estábamos  Pepe y yo sentados en dos  banquetas.  calentándonos al borrallo hablando de cosas del pueblo. Celia, su hermana, nos escuchaba y , de vez en cuando, decía “mentira Pepe”, “ eso nun eu asi”, “ nun sabes u que dices”. De repente, como movido por un resorte, Pepe se empicó (levantó) y sus dedos índices casi penetraron en los ojos de su hermana Celia, al tiempo que le gritaba”¡ Celia, cuando dous homes están hablando, ninguha muyer debe poñerse a escuitar!”. Pepe no tenía nada de machista. Era así.

          El bueno de Pepe decía no creer en los bancos. El dinero que cobraba por los trabajos que hacía lo iba metiendo en una caja. Así fue reuniendo no se cuanto dinero. Un mal día, mejor dicho un buen día, para él le dio vuelta  la caja del dinero, de manera que el dinero que había encima se depositó en la parte baja de la caja y el que había debajo en la parte alta. Para ir a la tienda cogió mil pesetas y “ el gran susto llegó”. El dinero estaba caducado y con él no se podían hacer transaciones comerciales. Llegó a mi casa, con la cara transfigurada, me contó lo que le había pasado. Lo llevé al banco y le solucionó el problema cambiándole el dinero y abriéndole una cuenta. Sin embargo su desconfianza con el banco no desapareció. Al poco tiempo tuvo que ir al banco por 1000 pesetas, dérunmas me dijo Pepe, pero num entendo, ya que: “ Delante de min, cuando estaba na cola, un home deixou un montón de billetes, cuando xeguein a taquilla déronme a min as mil pesetas de aquel montón, aun nun entendo,”, ¿ A quen ye deron as miñas perras? Pepe no veía claro que su dinero estuviera  seguro en el banco.

          Muchas mas anécdotas podría contar del amigo Pepe.





UN DÍA CON D. SANTIAGO
Por Antonio Sernández López

          No recuerdo exactamente cuando D. Santiago vino para Carracedo. Pudo ser en el curso 1952/53. Tampoco recuerdo cuando se fue. Se que estuvo mas de 30 años. Tampoco se  cuales eran sus estudios. Con el tiempo  me di cuenta que fue un buen maestro, con grandes conocimientos, tanto en ciencias como en letras, aunque tuvo , siempre desde mi punto de vista, un defecto: la indiferencia que tomaba con algún alumno, semiolvidándose de él,  por desacuerdo con sus padres o por comportamiento del mismo alumno. Esta indiferencia le ocasionaría mas de un problema. Era D. Santiago un maestro muy exigente, por ello un poco duro. Eran otros tiempos. Los padres tampoco eran muy blandos.

          Era miércoles de una semana cualquiera del curso 1952/53. Tocaba catecismo, como todos los miércoles, páginas 18/19 del catecismo del Padre Astete, el Misterio de la Encarnación.

          El corazón nos latía mas fuerte que de costumbre. A las diez menos diez aparecía D. Santiago enfundado en su abrigo, modelo anterior a la guerra, en  zapatillas metidas en unas madreñas. La cabeza, calva,  tapada con una gorra. Su  paso era lento pero seguro. No recuerdo que fuera cojo, pero si que andaba un poco ladeado.

          Los niños aprovechábamos, detrás de la capilla de S. Isidro, para copiar, unos de otros, los deberes que el día anterior había escrito en una de las pizarras de un niño. Verdadero terror entrar en clase sin los deberes hechos.

          Al toque de sus palmas todos entrábamos en clase. Rezábamos unas oraciones. Colocábamos las pizarras en la parte superior, derecha e izquierda, de la mesa bipersonal. Los asientos  eran unos  pequeños bancos. Algunas mesas tenían asientos abatibles. Durante media hora, mientras estudiábamos el catecismo, el maestro, mesa por mesa, revisaba las pizarras. De vez en cuando caía algún coscorrón.

          A la pregunta, que iba haciendo a cada alumno, ¿ Cómo se obró el misterio de la encarnación? Había que contestar, sin fallo.
“ El misterio de la encarnación se obró de esta manera: en las entrañas de  la Virgen María formó el Espíritu Santo, de la purísima sangre de esta Señora, un cuerpo perfectísimo; crió de la nada un  alma, y la unió a aquel cuerpo; y en el mismo instante a este cuerpo y alma se unió el Hijo de Dios, y de esta suerte el que antes era un sólo Dios, sin dejar de ser Dios quedó hecho hombre”.
-Si acertabas, te felicitaba , bajando y subiendo la cabeza.
-Si te equivocabas, ¡ Sin recreo!

          A las once y media, los que no estaban castigados, salían de recreo. Recuerdo que todos íbamos, no había servicios, a orinar a la pared oeste de la capilla de San Isidro, pared que casi estaba perforada de tanto bombardeo urinario. El recreo se utilizaba para jugar al balón o a la cachetina contra el frontal de la capilla.

          Nuevamente sonaban las palmas de D. Santiago, eran las doce y el recreo había terminado. Todos corríamos para clase. Tocaba aritmética: la raíz cuadrada. Tenía D. Santiago cierta habilidad para enseñar a realizar la raíz cuadrada. Yo, como maestro que fui, siempre la enseñé como él me la había explicado. También nos enseñó a resolver la raíz cúbica. Nunca conocí a un profesor que lo hiciera como él.

          El miércoles por la tarde tocaba Temalibre. Tenía D. Santiago un libro con personajes famosos. Con letras góticas o sombreadas, en gran tamaño, ponía en la parte superior del encerado ( Una lona pintada de negro) el nombre del personaje del día. Cuadriculaba un trozo del encerado y pintaba la figura del mismo. En nuestro cuadernos lo reproducíamos ¿ Tiene alguien algún cuaderno de aquella época? Terminaba la tarde escribiendo un texto relativo a la vida del personaje. Texto que teníamos que aprender. Con D. Santiago la memoria no se atrofiaba.

          Si yo tuviera que valorar a D. Santiago, lo haría positivamente, ya que lo positivo dominaba lo negativo.


 
LOS VELORIOS DE LOS 50
(Por Antonio Sernández López)

          Llevaba tiempo enfermo, ya no salía de casa y apenas probaba vocado. Era un vecino de cualquier barrio ( San Martín, San Juán, La Colonia, La Roda y El Teso) de Carracedo del Monasterio.

          Era, aproximadamente, medio día de cualquier mes del año, cuando, de repente, se empezaron a oír lloros, quejidos y frases entrecortadas que salían de la casa del vecino que hasta entonces permanecía enfermo. Había muerto.

          El pueblo se enteraba de la muerte de un vecino por el toque de las campanas. Se decía “ están encordando” y casi al momento la gente sabía si era hombre o mujer. El sonido de las campanas, alternando la grande con la pequeña, empezaba sonando lentamente para ir aumentando la cadencia hasta oír sólo una campana. Si este toque  se repetía dos veces el muerto era un hombre. Si el toque se repetía tres  era una mujer.

          Poco a poco se iban  acercando la mayoría de los vecinos del barrio con el fin de tranquilizar a la familia y prestarse voluntarios para lo que fuera menester. Lo primero era llamar al sr. cura, D. Celso, para administrarle la Extremaunción, por si su alma la necesitara y no se le hubiera administrado con anterioridad. Los lloros y lamentos se repetían  cada vez que llegaba a casa algún familiar. La mayoría de los lloros mas que por sentimiento se producía por cumplir ya que aparecían vecinos que llevaban años sin hablarse.

          No recuerdo que, como se hace ahora,  hubiera que llamar al médico para que certificara su defunción. Pienso que el muerto estaba bien muerto y ya no precisaba mas requisitos. Recuerdo que se le acercaba un espejo a la boca para ver si todavía respiraba soltando un poco de aliento sobre el cristal.

          El acto siguiente era ir a Cacabelos, mueblería Santos, que también vendía ataúdes, a  comprar  uno. El traslado del mismo hasta la casa del finado se hacía en carro o atado en una caballería. La tienda lo único que hacía era vender las cajas, no llevarlas a domicilio. El resto del papeleo, que no era mucho, tenía que hacerlo  la propia familia.

          Seguidamente se vestía al difunto y se colocaba en el ataúd. Entre sus manos se colocaba un pequeño crucifijo o un rosario, que se le  quitaba al momento de cerrar el ataúd. En la cabecera, aparte de las flores,  se colocaban dos cirios ( dos velones de unos 5 cm de  diámetro y 50 de altura) y un gran Cristo procedente de la Iglesia. Alrededor del ataúd se colocaban unas sillas y unos bancos para familiares, vestidos todos de negro.

          Con todo preparado  se abrían las puertas para qué la gente le diera el último  adiós. A lo largo del día solían acercarse las mujeres. En ningún momento el cadáver quedaba solo. Siempre  había alguien velándolo. Al caer la tarde casi siempre se acercaba el sr cura para rezar un rosario. Por la noche la mayoría del pueblo se acercaba a casa del difunto. Las mujeres, normalmente, permanecían en el interior de la vivienda. De vez en cuando alguna mujer rezaba un rosario. La mayoría de ellas sabían hacerlo. Los hombres, alrededor de una hoguera,  permanecían en la parte exterior de  la vivienda. De vez en cuando un familiar del difunto pasaba con una jarra llena de vino invitando a los hombres que permanecían al  lado de la hoguera. Lo que empezaba como un verdadero velorio, con tanto paso de jarra, terminaba siendo un pequeño jolgorio.

          La familia tenía que ponerse de acuerdo con Benigno, el enterrador, para hacer la fosa. Sólo algunas familias, las mas adineradas, tenían panteón , hecho con cemento y con mármol.  El resto se enterraban en tierra. El enterrador hacía la sepultura, con sumo cuidado iba sacando los huesos del muerto anterior, que colocaba en un pequeño montón para, posteriormente, volver a enterrarlos.

          Al día siguiente, casi siempre por la tarde, se procedía al entierro. La salida del cadáver de su casa, posiblemente fuera el momento mas triste. Los lloros y lamentos se producían con mas fuerza. Era la salida definitiva de aquel que había vivido, en su casa, tantos años. Familiares y amigos, en unas andas, portaban el ataúd hasta el cementerio. Los muertos de San Martín y Las Colonias había que sacarlos, sin sacerdote, hasta el campo de Las Escuelas. La comitiva fúnebre se formaba con el ataúd  en la parte central. En la parte delantera iba un gran Cristo y  detrás del féretro el Sr cura, acompañado del sacristán ( Salustiano o el tío Emilio).

          Recuerdo  que todos los rezos y oraciones  relativas al caso se hacían en latín. En cada cruce de caminos se hacía una  parada, se rezaban unas oraciones y, el sacristán, pasaba el bonet, sombrero del cura  de cuatro picos, en el que la gente iba depositando sus limosnas. Llegado al cementerio, tras unos rezos especiales y la bendición de la tumba, se introducía el ataúd en la fosa, se colocaban los huesos que habían sido extraídos de cadáveres anteriores y se procedía a taponar la fosa con tierra. Finalizaba el entierro colocado flores  encima de la tumba. Antes de introducir el ataúd en la tumba se despegaba la  cruz que acompañaba a todas las cajas, se le entregaba a los familiares que la colocarían en un lugar privilegiado de la casa. Una pequeña cruz de hierro, con el nombre del muerto, presidiría la tumba durante muchos años.

          Recuerdo que había entierros de  3ª, 2ª y 1ª, dependiendo del número de sacerdotes, uno para los de 3ª, dos  para los de 2ª y mas de tres para los de 1ª, que  acompañaban al muerto. Dos o tres días después se celebraba el funeral. Nunca se hacía el día del entierro. No se por qué no se podía decir misa por las tardes. Naturalmente el precio del entierro dependía de la clase.

          Los cirios que, durante el velorio, habían alumbrado el cadáver, se llevaban a la Iglesia, había un lugar ya dedicado a velarlos. Aproximadamente duraban un año. Cada familia tenía su reclinatorio. Durante todo ese  tiempo, padres, hijos, nietos y hermanos mantenían un riguroso luto ( las mujeres totalmente vestidas de negro y los hombres colocaban una cinta negra en la manga de la chaqueta o, si vestían traje, con corbata negra). Durante el año que duraba el luto, no se encendía la radio, las ventanas permanecían entreabiertas y no se hacía ningún tipo de festejos. El rosario, por el difunto, se rezaba, en familia casi todos los días. Yo lo hice muchas veces.

          Había familias que estaban toda la vida de luto ya que si no se moría un abuelo, lo hacía un padre o un hermano

 
LOS CONCELLOS DE LOS 50
(Por Antonio Sernández Lopez)

          Ayer, 03 de diciembre de 2016, leí un edicto de Azucena Fernández Amigo, Presidenta de la Junta Vecinal de Carracedo del Monasterio, que decía:

          “ Con motivo de explicar el acuerdo aprobado por la Junta Vecinal de la Pedanía de Carracedo del Monasterio, celebrada en fecha 28 de Noviembre de 2016, en la que se trataron asuntos referentes a las normas urbanísticas municipales y el interés por retomar el diseño de un nuevo planteamiento urbanístico para el municipio de Carracedelo, se convoca concejo público para el día  11 de diciembre de 2016 a las 11:30 con el fin de informar de este acuerdo a los vecinos de la localidad de Carracedo del Monasterio. Lugar: La Casa del Pueblo. En Carracedo del Monasterio a 02 de Diciembre de 2016. Firmado, la Presidenta Azucena Fernández Amigo”·

          Vienen a mi recuerdo aquellos concellos ( Concejos) de los años 50, cuando era  presidente del pueblo el Sr. Antonio Romero, acompañado de dos o tres vocales, que se cambiaban cada cuatro años.

          Un Domingo cualquiera, con D. Celso Sanroman de sacerdote, sonaba la campana para ir a misa. Iba a misa el 80% de la gente del pueblo. Terminaba el toque de campana y, pasados dos o tres minutos, volvía a sonar. Anunciaba que, después de misa,  habría concello, (en otros pueblos se llamaba acuerdo o hacendera). Delante de la casa parroquial se formaba un corro, con Antonio en el centro que leía o mandaba leer, yo leí muchas veces, las notas que el Sr.  Delfín Pacios, Alcalde, durante muchos años, del Ayuntamiento de Carracedelo, le enviaba . La gente daba sus opiniones, bien o mal, dependiendo del asunto tratado.

          En aquella época no había máquinas, todo se hacía a mano  o con la ayuda de los animales. Cada pueblo, no se si había alguna ayuda por parte del Ayuntamiento, tenía que arreglarse por su cuenta.

          El Presidente con sus vocales, cada dos o tres meses, recorrían los caminos del pueblo y tomaban nota de los arreglos que había que ir haciendo. También recogían las sugerencias que los vecinos les  iban haciendo.

         Parte  del pueblo casi todos los años se veía inundada por los desbordes de las presas de La Magariña, procedente de Camponaraya  y del Colector, procedente de los Magaces, estropeando la mayoría de los caminos.  El Sr. Presidente y los vocales llevaban al Consejo Público, la situación producida por las citadas inundaciones y se estudiaba la forma de solucionarlas.



Crecida del Colector

         Tocan a Misa, pasados dos o tres minutos, vuelven a sonar las campanas. Todo vecino se da cuenta que, vaya o no a misa, tiene que acudir al  Concello.

          Como siempre, en corro y con el Sr. Presidente en el centro, se acuerda arreglar un camino, para ello el Sr.Presidente cita las familias que tendrán que acudir con su carro, los que tendrán que acudir con sus caballerías y los que acudirán con picos, palas, azadas y azadones. Todo quedaba, no se donde, muy bien anotado, para que la próxima vez no volvieran a repetir los mismos. Todo ello era de  obligado cumplimiento. Al que no acudiera a la llamada del Sr. Presidente, sería sancionado.

          A continuación y a mi manera, basándome en los recuerdos que tengo de aquellos concejos, voy a escenografiar uno de ellos:

-Sr. Presidente.- Bois días, chega u momento da gadaña e acarrea da herba. U camiño do Brazal , por culpa das crecidas, está muy mal. Eu pensó que temos que arreglalo. ¿ Qué vos parece?

-Pueblo ( casi a coro).- Teis razón. Hay que arreglalo.

-Sr. Presidente.-  Pois si estamos de acordo vou a decirbos u que ten que facer cada un ( Así fue nombrando los carros con sus parejas, las caballerías y los hombres con picos, palas, azadas y azadones). Tamén pensamos que u 26 de este mes podemos facer o traballo.

-Un vecino.- Eu penso que nun e bon día u 26. Muita xente vay a feira a Cacabelos a vender ou a comprar vacas ou marranos.

-Pueblo.- Pois teis razón.

-Sr.Presidente.- Nun me acordaba que era feira en Cacabelos. ¿ Que os parece  si u deixamos pa o día siguiente?

´Pueblo: Fagámolo así.

-Otro vecino.- A min dixésteme que tenía que ir cas vacas yu carro. Unha das vacas está pa parir un día destos en nun vou  poder levála.

-Tercer vecino.- Nun te preocupes vou eu, ya irás tu cuando me toque a min.

-Sr.Presidente.- ¿ Algún problema mais?

-Pueblo: Non.

-Sr.Presidente.- Entonces u día 27 as nove da mañana, todos estaremos na  Costa da Xente.

De esta forma, concello tras concello, se iban arreglando caminos, presas, senderos, etc. Aunque , de vez en cuando, surgían pequeñas disputas, siempre  terminaba haciéndose el trabajo propuesto


La vida en Carracedo en los años 50 del siglo xx
( Desde  “El Varal)
Por Antonio Sernández López

Vivimos en unos tiempos donde está de moda rememorar, en cada pueblo, aquellos acontecimientos históricos ocurridos en el. Yo también quiero recordar, brindándoles un pequeño homenaje, a aquellas personas, ya desaparecidas, que mediado el siglo XX, hacían de Carracedo un pueblo vivo.

Aquellas gentes no tenían ocho horas de jornada laboral. Su jornada era de 16 horas, los siete días de la semana. A las seis de la mañana ya se escuchaba el rodar de los carros o el caminar de los animales, dirigiéndose a las fincas, por los maltrechos caminos. Volvían a casa con el sol ya puesto, pero el trabajo todavía continuaba un par de horas, ya que había que atender a todo tipo de animales que había en casa y que eran indispensables para la supervivencia familiar. En la mayoría de los casos la esposa acompañaba a su marido en las labores agrícolas. Los niños iban a la escuela, siempre que no fueran necesarios en las tareas del campo; muchos días comían solos; cuando regresaban de la escuela de la tarde tenían que realizar las tareas encomendadas por sus padres, tales como: ir de pastores, limpiar las cuadras, preparar la comida de los animales, etc y todo ello sin rechistar.


    En los años 50 Carracedo no era un pueblo rico, tampoco pobre, debido a la gran extensión de terreno de regadío que tenía. La presa de los molinos, que nace en San Martín y muere en Carracedelo, hacía que Carracedo dispusiera de una hermosa pradería y una buena vega con fincas de tabaco, patatas, etc. A orillas del río Cua, aunque también había pradería, dominaban los chopos para la construcción y los alisos, salgueiros y otros árboles para alimentar las cocinas , algunas todavía de suelo. Otros dos pequeños cauces, con buenos cangrejos, que se secaban en verano, daban lugar a los lameiros  a orillas de la Magariña y los huertos a los lados  del Colector. La parte de secano, que era bastante grande, no funcionaba todavía el canal Bajo del Bierzo, estaba ocupada por las viñas en las partes altas y por los cereales en las Colonias y en el Fabero.

   Los caminos ¡ vaya caminos¡ estaban sólo preparados para carros, caballerías y peatones. Hacia Narayola salía un camino solo transitable en verano, en invierno se llenaba de pequeñas lagunas que lo hacían intransitable. El camino de Carracedelo era estrecho, lleno de baches, malo pero muy bonito y agradable, ya que se introducía, casi como un túnel, entre dos beirones que cepillaban los carros cuando pasaban cargados de hierba o cereal. El menos malo era el que iba a Cacabelos, por este, aparte de carros, caballerías y bicicletas, circulaban tres camionetas y un pequeño coche de madera, famosos en aquellos tiempos. La del Portugués de Cacabelos, casi siempre cargada de carbón de islan. La de Darío Osorio, que conducía Jovino, que, casi siempre, iba cargada de bullo ( orujo) para fabricar aguardiente. La camioneta de Isidoro, de San Martín, se dedicaba a todo tipo de transportes, incluso la convertía en transporte de viajeros colocando un toldo encima de la caja. El coche de madera, el taxi del pueblo, era conducido por Gorgonio y por Hortensio, ocurría algunas veces que en vez de llevar el coche a la gente, tenía la gente que llevar al coche. Los caminos buenos eran los de la Colonia, superficie robada, a principio del siglo XX,  al monte y, por Colonización, convertida en extraordinarias parcelas; todas tenían su casa vivienda y, en casi todas, había una o dos norias que, sacando el agua desde 7 o mas metros, servía para regar parte de la finca.

   Exceptuando al cura, D.Celso, y al maestro ,D.Ismael o D. Santiago, el resto de las familias vivían todos, con pequeñas diferencias, de lo mismo: Una pareja de vacas que, aparte de realizar los trabajos agrícolas, producían terneros y leche para la venta, algunas veces para el consumo. Dos o  tres cerdos, de los que uno o dos se vendían, algunos hasta vendían los jamones de los que se mataban en casa. Burro, burra o caballo para realizar pequeños trabajos agrícolas y transportar pequeñas cargas. Gallinas, pollos y conejos formaban la granja de todas las familias, incluso del cura y del maestro. Algunos padres de familia acudían a trabajar, en bicicleta o a pié, a la fábrica de cementos Cosmos en Toral de los Vados o a la térmica de Ponferrada.

Las viviendas eran muy deficientes, algunas tipo palloza. La comida se cocinaba en el fuego de suelo. Del techo de la cocina colgaba una cadena, llamada gramalleira, de la que se suspendía el pote. Al lado siempre estaba el fuelle para avivar el fuego. Las habitaciones solían ser pequeñas y oscuras. Las camas de hierro y los colchones de paja de maíz. En muchas casas no  había luz eléctrica, se alumbraba con candiles de petróleo o carburo, en otras solamente podía  haber dos tres bombillas de 25 w. En la parte alta de alguna pared se practicaba un ventanuco donde se colocaba una bombilla que iluminaba, a la vez, dos o tres habitaciones. En el cuarto de baño, las pocas casas que lo tenían, sin agua corriente, lo ocupaban un palancanero y un jarrón con  
agua para lavarse. Las necesidades mayores se hacían en las cuadras o en el campo, limpiándose con las primeras hierbas que uno encontraba. Debajo de cada cama se colocaba el orinal, que al día siguiente, para ventilarlo, adornaba las ventanas traseras de la vivienda.
  
  Sin embargo, a pesar de tanta miseria, la gente era feliz. Por las noches se reunían las familias, contaban chistes, jugaban a las cartas, cantaban y se comentaban las cosas del pueblo. Los sábados, por la noche, se formaban grupos que recorrían las oscuras calles del pueblo, visitaban las bodegas y cantando canciones populares. 


 UBALDO NIETO DE ALBA


 NOTAS, ESCRITAS POR SI MISMO, DEL CURRICULUM VITAE  DE D.UBALDO NIETO DE ALBA DIRIGIDAS A SU SOBRINA ANUNCITA.

   1. En agosto del 36 nos fuimos a vivir a Carracedo: El abuelo Benito era el Alcalde del Ayuntamiento y el de Carracedo (Francisco de Alba) era el Juez de Paz. En Ponferrada continuó mi hermana que había ingresado en el instituto.
   2. Cuando cumplí los 14 años, ya casada  mi hermana, volví a Ponferrada sólo para aprender un oficio. Como quería ser mecánico mi padre habló con Pispis y me fui a su taller. Sólo estuve una semana, pues no se me daba bien el oficio y, además, descubrí que aquello no me gustaba.
   De regreso a Carracedo, el maestro me dijo que, aunque ya había cumplido los 14 años, podía seguir en la Escuela. Además yo le ayudaba a dar clase a los de la Primera sección que no sabían leer ni escribir. 
   Como mi padre me decía que tenía que aprender un oficio o poner algún pequeño negocio. Yo pensé que podía ser fotógrafo. Así es que me llevó a León, me compró la mejor máquina de hacer fotografías y me dejó unos días para que aprendiera en los laboratorios de la GAFA DE ORO en León. Gané un poco de dinero y, cuando regresamos nuevamente para Ponferrada, el laboratorio lo monté en Ponferrada. Por otra parte, la Gafa de ORO de León, que me había oído hablar de Ponferrada, no tardó en montarlo para una hija y su yerno. Por otra parte, a mí tampoco me llenaba mucho eso de la fotografía. En esa etapa fue cuando conocí a Emilia Valiño y le enseñé a revelar carretes y hacer copias. También le presté mi máquina.
    3. Como en Ponferrada habían una Academia (CASMAR) para estudiar la Carrera de Comercio, allí me fui: a estudiar Contabilidad y otras materias que me permitieran un trabajo de oficina. Cuando llegó junio los que estudiaban la Carrera se fueron a León a examinarse, pero yo no estaba matriculado. Fue el Director de la Academia el que me animó a estudiar la Carrera que entonces era cinco años el peritaje y dos el Profesorado Mercantil.
   Yo tenía ya 16 años y mi padre no estaba muy animado. El Director de la Academia fue conmigo a Carracedo y después de una larga conversación dijo que disponía de 500 ptas. Esto era suficiente para matricularme en septiembre de la mitad de la carrera y para el próximo curso el resto. Así que en septiembre del año siguiente ya era Perito Mercantil (5 años). Ello animó a mi padre y me permitió ir a León a estudiar el Profesorado Mercantil en la Academia Becker donde en un año hice los dos Cursos de Profesorado, si bien en la Academia continué otro año más para adquirir una preparación que me permitiera poner una asesoría fiscal en Ponferrada. En esta Academia me con- cedieron el Diploma de Honor de mejor alumno.
   4°. En este tiempo, yo descubrí que lo que a mí me gustaba era ser Catedrático y dedicarme a la enseñanza. Para ello tenía que culminar la carrera en la Escuela de Altos Estudios Mercantiles en Madrid. Así que en septiembre me matriculé de la rama Actuaria! que exigía aprobar un ingreso de matemáticas y, después de dos años de carrera había que hacer una tesis. Esta carrera la terminé con Premio Extraordinario y me permitió ser profesor ayudante de Cátedra y, posteriormente, Catedrático de Escuelas de Comercio en Salamanca. Pero como yo quería ser catedrático de Universidad me hice la licenciatura y el doctorado en Ciencias Económicas, por la Universidad de Madrid, también con premio extraordinario.
   Todo ello, lo simultaneé con oposiciones ganadas con el n° 1 y, que me permitieron quedarme en Madrid. En mi trayectoria profesional también estuve en el antiguo Instituto Español de Emigración en aquellos años en que emigró mucha gente a los países de Europa. También en el antiguo instituto Nacional de Previsión.
. Mi etapa de Senador ya la conoces y, en esos momentos, yo ya no estaba en activo, salvo la cátedra, de los cuerpos de la Administración. Tenía mi despacho profesional. Despacho que cerré cuando fui elegido por el Senado, pasé a ser Consejero del Tribunal de Cuentas en 1982. La segunda vez fui elegido por el Congreso y la tercera vez otra vez por el Senado. Dentro del Tribunal fui elegido Vicepresidente y, posteriormente, Presidente po~eces, cargo que desempeñé durante diez años.
6º. Las condecoraciones que figuran en el currículum que te acompaño responden a mis distintas etapas. 

Homenaje, del Ayuntamiento de Carracedelo, a  Ubaldo Nieto de Alba el 09/05/2004
I.- TÍTULOS
a.- Profesor Mercantil por la Escuela Superior de Comercio  de León (1950).  Diploma de Honor de la Academia   
 b.- Actuario de Seguros, con Premio Extraordinario Final de Carrera, por la Escuela de Altos Estudios Mercantiles de Madrid (1954).
  c.- Doctor y Licenciado en Ciencias Políticas, Económicas y Comerciales, con Premio Extraordinario, por la Universidad de Madrid (1960).
II.-PERTENECIÓ( ACTUALMENTE  JUBILADO) A LOS CUERPOS DE :
a.- Catedrático Numerario de Escuelas Universitarias de Estudios Empresariales.
   b.-Catedrático Numerario de Economía Financiera de la Facultad de C.C. Económicas y Empresariales de la Universidad Complutense.
   c.- Inspector de Finanzas del Estado del Ministerio de Economía y Hacienda. Cuerpo Superior de Estadísticos del Estado del Instituto Nacional de Estadística.
Censor Jurado de Cuentas.   
   d.- Profesor del ICADE (1963-1973) (donde estudió Lázaro).
 Profesor del CUNEF (1974-2002) (donde estudió otro hijo de Geña).

III.- MIEMBRO DE: La Real Academia de CC. Económicas y Financieras de Barcelona. Medalla de Oro del Ilustre Colegio de Economistas de León y Titulado Mercantil y Empresarial del año 1998 del Colegio de Madrid.
IV.- CARGOS DESEMPEÑADOS:
   a.- Jefe de Estudios Económicos en la D. G. de Política Finanéiera del Minis- 
terio de Hacienda (1966- 1968). 


   b.- Decano de la Facultad de C.C. Económicas y Empresariales de la Univer- sidad Complutense (1970- 1973). 


   c.- Subdelegado General del I.N.P. (1978). 


   d.- Senador por León (1977- 1982) (UCD). (Constituyente y Primera Legisla- 
tura), durante la cual se promovió la creación de la Universidad León. 


   e.- Presidente de la Comisión de Economía y Hacienda del Senado (1977 - 1982). 

Consejero del Tribunal de Cuentas desde 1982. Presidente de la Sección de Fiscalización del Tribunal de Cuentas de España (Del 27 de diciembre de 1994 a diciembre del 1997).

   f.- Presidente del Tribunal de Cuentas y Secretario General de la Organización de las Entidades Fiscalizadoras Superiores de Europa (EURO-SAl), en la que se integran 41 Entidades Fiscalizadoras Superiores de Europa. (Del 23 de diciembre de 1997 a diciembre del 2007). 


V.- CONDECORACIONES:
   a.-
Encomienda con Placa de Alfonso X el Sabio: De la etapa de Catedrático y Decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Complutense de Madrid).
   b.- Cruz azul, categoría Oro, de la Seguridad Social (de mi etapa de Subdelegado General del antiguo INP).
   c.- Orden del Mérito Constitucional (mi etapa de Senador).
   d.- Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica (de mi etapa de Presidente del TCu.)


Ubaldo, con Antonio, en una de sus  asiduas visitas a “ El Varal” ( Museo etnográfico agrícola de Carracedo del Monasterio ( León)
Murió en Madrid el día 12 de diciembre de 2018 q.e.d.