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VISITAS AL MUSEO










VECINOS DE LOS AÑOS 50





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Página Web no comercial, de información general y de consulta, para proporcionar al que lo necesite referencias y datos que se encuentren en la misma acerca de Motores Estacionarios Antiguos y Maquinaria Agricola de Época. Textos; particulares, fotos; particulares propiedad de los autores y realizadas en lugares y exposiciones públicas, archivos jpg de libros de despiece, revistas y publicaciones obsoletas .

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RINCÓN SAN BERNARDO

PRESIDE EL MUSEO
San Bernardo de Claraval, nació en Borgoña, Francia, en el año 1090, en el Castillo de Fontaines y murió, en Claraval, el 20 de Agosto del año 1153 a la edad de 63 años. Fue declarado Santo en 1173 por el Papa Alejandro III.


Escultura de Xelo de Tremiña


San Bernardo era amable, inteligente, bondadoso y alegre. Se sabe que su hermana Humbelina le llamaba cariñosamente con el apelativo “Ojos Grandes”. Fue el último de los Padres de la Iglesia, el gran impulsor y propagador de la Orden Cisterciense y el hombre mas importante del siglo XII en Europa. Predicó en Francia, la Segunda Cruzada.

Durante su vida fundó, aparte del Monasterio de Claraval, de este convento saldrían monjes a fundar otros 63 monasterios, mas de 300 conventos. Con su apostolado consiguió que más de 900 monjes hicieran profesión religiosa. Sus grandes dotes de persuasión sirvieron para llevarse al convento a sus cuatro hermanos, a su tío y 30 compañeros de la Nobleza que dejaron todo para unirse a Cristo.

A San Bernardo se le deben las últimas palabras de la Salve: “ Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María”.

ORACION DE SAN BERNARDO

Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oido decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, reclamando vuestra asistencia, haya sido desamparado de Vos.

Animado por esta confianza, a Vos acudo, Madre, Virgen de las Vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante Vos, Madre de Dios,, no desechéis mis súplicas, antes bien escuchadlas y acogedlas benignamente. Amen.

CELEBRACIONES EN CARRACEDO


RINCÓN AGRÍCOLA


Sistemas de riego:

El Varal: Invento egipcio. Estaba formado por un mástil en forma de Y. La parte superior del mismo se hallaba atravesado por una barra de hierro sobre la que se balanceaba el varal, mástil de cuatro o cinco m. En un extremo del mismo llevaba un contrapeso, solía ser una pizarra mediana con un agujero para sujetarla, del otro extremo colgaba una cuerda y al final de la cuerda se ataba un caldero con un pequeño contrapeso para que, al llegar al agua, el caldero pegara la vuelta el mismo. El esfuerzo, para sacar el agua, era mínimo y mínima era la cantidad de agua que se sacaba, pero era el único sistema para regar huertas pequeñas donde el agua no estaba al alcance de la mano.


La noria: Invento árabe que llegó a nuestros días con muy pocas variantes. Con ella se solucionaba el riego de parcelas que, en los años 50, sería imposible por otro sistema. Con la noria se podía extraer el agua desde 8 ó 10 m de profundidad

Las distintas partes que la forman funcionaban de la siguiente forma: El cabezal de hierro sujetaba la pértiga a la que se ataban los animales, vaca, caballo o asno, a este último había que taparle la cara para que no se mareara. Con el movimiento circular del animal ponía en movimiento un volante horizontal que engranaba con otro vertical que hacía girar un tambor del que colgaba una cadena de cangilones, que bajaban cabeza abajo, al llegar al agua, por movimiento giratorio de la cadena, se cargaban de agua y subían hasta girar en el tambor y soltarla en la maseira que, a través de un caño, llegaría a la presa de riego. Con el fin de evitar el retroceso de la cadena un gato, saltando de diente en diente, colocado en el volante vertical sujetaba la cadena en todo momento. Cada cangilón , en su base, llevaba un agujero para que, una vez terminada la riega, se vaciaran.

Motor de riego: Este sistema de riego fue anulando, poco a poco, a los dos sistemas anteriores,
aunque perdurarían juntos algún tiempo. Consiste en un motor de gasolina o petróleo que mueve una bomba incorporada de succión. Los había de muchos tamaños, algunos sacaban verdaderas acequias de agua.
Con la puesta en funcionamiento del Canal Bajo del Bierzo y, más tarde, del Canal Alto del Bierzo desaparecieron la mayor parte de los sistemas de riego descritos. Piva era la marca de motores mas utilizados.

Con el fin de poder colocar a los animales toda clase de aperos, arado, aricadora, sembradora, etc, se vestían con el sillín, la collera, la retranca, la cabezada y el correaje.
Particularmente al burro se le colocaba el aparejo, atado con la cincha, y sobre éste las carguillas o angarillas, artilugio hecho con palitroques que, una vez colocado y extendido en el aparejo, adquiría el aspecto de W. Servía para llevar muchas cargas de un lugar para otro. Sobre el aparejo también se colocaban las alforjas y los serones.




Más sobre el rincón agrícola
El huerto: Este es, normalmente, la parcela de regadío que se tiene junto a casa y que mejor se trata, dedicándole todo tipo de cuidados. Del huerto se sacan las patatas, los pimientos, los tomates, los fréjoles, los puerros, las zanahorias, las lechugas, escarolas, etc. El producto sacado de la huerta se utiliza, en casi toda su producción, en el consumo casero. Las herramientas mas utilizadas son el sacho, pala, pico, batedera, hazada, gancha, rastrillo, etc.

Guillotinas:
Para preparar la comida a los animales, cuando ésta no era abundante, se utilizaba la guillotina de paja de cereal, que la cortaba en trozos pequeños y se mezclaba con harina, salbado, etc. De esta forma, engañando un poco a los animales, se les daba de comer. Con el fin de triturar aquellos productos cuyo alimento estaba en sus raices grandes se utilizaba la trituradora.

La vivienda:
En los años 50 del siglo pasado la vida en los pueblos era bastante mala; la gente se inmovilizaba por toda la vida en sus pueblos de nacimiento; me decía mi abuela Concha, que hace 53 años murió a los 83, no haber ido nunca a Ponferrada, que dista de Carracedo unos 12 km. Todos realizaban una agricultura de supervivencia. La mayoría de las familias cebaban dos o tres cerdos, vendían uno o dos y cambiaban los jamones del cerdo que mataban en casa por tocino para que la comida fuera más fuerte y durara más.
Las viviendas eran muy deficientes, la mayoría de ellas tipo palloza. La comida se hacía en el fuego hecho en el suelo;
del alto de la cocina colgaba una cadena, llamada preganza o gramalleira, de la que se suspende
el pote en el que se hacía la comida. Al lado del fuego se colocaba el morillo, pote, preganza y fuelle. Las habitaciones eran pequeñas y oscuras, las camas de hierro, muy buscadas ahora, y los colchones eran de hoja de maíz.
La luz eléctrica apenas existía, dado que fallaba a la menor inclemencia del tiempo Llegaban a casa 125 V, no había contadores, por ello solo se permitían dos o tres bombillas de 25W. En la parte alta de las paredes se hacía un ventanuco donde se colocaba una bombilla que, al mismo tiempo, iluminaba dos o tres habitaciones. El cuarto de baño lo componía un palancanero, provisto de un jarrón, para lavarse y las cuadras, o las esquinas de las paredes, para las necesidades mayores. A lo largo del año solo se hacían cuatro o cinco comidas buenas, a saber: matanza, maja, vendimia y día de la fiesta. El resto de los días la comida era a base de patatas, huevos, tocino y algún chorizo. Los caminos, cuando llovía, eran verdaderos barrizales y para transitar por ellos había que calzar galochas o zocos.



Cada familia tenía tres cachapelos por cuadras, la de las gallinas, le de los cerdos y la de las vacas. Los animales vivían en verdaderas letrinas. Por la noche, para darles de comer se iba con un farol, candil de petróleo metido en una pequeña caja metálica con paredes de cristal. Los pueblos, por las noches, se llenaban de faroles de la gente que iba y venía de unas cuadras a otras, parecía que habían salido todas las ánimas del purgatorio a pasear por el pueblo. Resumiendo, muchos celtas vivían mejor en sus pallozas que los habitantes de los años 50.



Artesanía familiar:
En los años 50 y, sobre todo, en los pueblos donde no había grandes ni pequeñas empresas, tanto el padre como la madre de familia tenían que ser, a la fuerza, pequeños artesanos.
El padre disponía de un rincón, casi siempre en la bodega, dedicado a la carpintería doméstica, donde podía hacer puertas, ventanas, cajones de lavar, madreñas, zocos y un montón de cosas más, para ello disponía de: garlopas, cepillos, machimbradoras, azuelas, barrenas, serrones, sanjosé, tranzadores, cotillas, martillos, etc.

La madre de familia hacía, con poco material, verdaderas maravillas de la lana de las ovejas y, con la roca y el fuso, huso en castellano, hilaba la lana con la que haría jerseys, calcetines, colchas a ganchillo, incluso alguna ropa interior como refajos y camisetas; con la máquina de coser, hexagón o sínger, confeccionaba camisas y pantalones, también confeccionaba ropa interior.

Hierba y otoño:
Llegado el mes de julio el agricultor, ganadero en este caso, con la guadaña al hombro, colocado el cachapo en el cinto, con un poco de agua, dentro del mismo la piedra de afilar, se dirigía al prado para guadañar, segar la hierba. La guadaña tenía que estar bien picada, con el martillo y el yunque, y bien afilada. Estructuralmente la guadaña consta de una gran cuchilla puntiaguda y arqueada y un mango, formando ángulo plano con la cuchilla, con dos asideros perpendiculares uno al otro. La mano derecha coge la guadaña por el asidero colocado en el medio del mango, la izquierda por el colocado al principio del mismo. El corte se realiza arrastrando la guadaña a nivel del suelo, describiendo un arco de 90º; la perfección del corte depende del arte del guadañador. El trabajo, dada la posición del cuerpo, doblando la columna y girándolo por la cintura, es bastante fuerte, solo soportable por los que dominan la técnica.
La hierba guadañada quedaba en roldos que había que extender para que secara, trabajo que hacían los niños y las mujeres; al día siguiente se le daba la vuelta para que toda ella quedara bien seca. después con las forquitas, horcadas y rastro se colocaba en unos pequeños medeiros para luego, con el carro, llevarla para casa y colocarla a cubierto en pajares o, a la intemperie, en un gran medeiro. Después de cada capa de hierba se extendían unos puñados de sal, para que fuera más agradable al paladar de los animales. La hierba es un gran alimento para los animales, muy necesaria para los días de invierno en los que los animales no pueden salir a pastar.
Segada la hierba, poco a poco, iba creciendo el otoño, el alimento tierno de los animales.

. Si el prado, lameiro, estaba cerca se llevaba a las cuadras a costillas y en cestos; para poder cargar mas los cestos, una vez llenos, en el centro se clavaba el garabito, palo en forma de 1 terminado en punta, con el fin de que el otoño se sujetara a ellos. De estos pasaba directamente a la persebeira, comedero de los animales. Si el prado esta lejos, el otoño se llevaba en carros con adrales; como era mucha la cantidad, cuando se llegaba a casa, había que extenderlo para que no fermentara e hiciera mal a los animales.


La muerte de una vaca, en los años 50, era una verdadera tragedia. Con el fin de compensar un poco a la familia se montaba en casa una pequeña carnicería y, a un precio mínimo, se vendía la carne del animal fallecido.

RINCÓN DEL PAN

LA RALBA
La ralba consistía en arar, por primera vez, toda la tierra. Recuerdo a mi padre cuando xuncía las vacas; la forma de unir el xugo con las mullidas y las cornales a las cabezas de las vacas; y como ambas, mullidas y cornales, habían cogido una forma especial al cabo de usarlas algún tiempo.
Ya en la finca, soltaba el carro de las vacas, bajaba el arado rosar, lo colocaba en el xugo mediante la trasga y la cabilla y empezaba a roturar la tierra.

El arador dirigía las vacas con la guillada. Esta era una larga vara con un pincho en la punta. Y también utilizaba, durante la arada, unas voces muy sonadas- “¡tira!,¡guo¡,¡vale!,¡rubia,¡linda!,¡mecatumadre!”-que las vacas entendían muy bien.
Se echaban horas y horas para arar una colonia de 270 m



largo por 60 m de ancha. Recuerdo que mi padre tardaba tres o cuatro días en finalizar la arada. Tonto de mí, deseaba con gran ilusión que mi padre me enseñara a conducir el arado. No entendía que luego tendría que sustituirle.
Finalizada la arada se rodaba la tierra con el rodo o el cañizo, dependiendo que en la tierra


hubiera terrones o no.
Luego, en torno a la primera quincena de noviembre, se procedía a la sementera

LA SEMENTERA
La siembra del cereal, trigo, centeno, cebada o avena, se hacía de dos formas, a voleo y a surco. Durante el invierno la semilla iba germinando bajo la tierra para, llegado febrero y marzo, brotar con máxima facilidad. En el mes de abril se procedía a un abonado químico y a una escarda para limpiar el sembrado de las malas hierbas.
Si la siembra estaba a surco se pasaba la aricadora pero, si se había sembrado a voleo había que hacerlo a mano y con mucho cuidado. Durante los meses de abril y mayo el cereal crecía, en el mes de junio se ponía amarillo y terminaba secándose, momento en el que daba comienzo la siega.
 
LA SIEGA. Recuerdo que lo primero que se segaba era un poco de centeno, se hacía naturalmente con hocín. Con los mallos se majaba en las eras, y con la ayuda del cribo y del aire se limpiaba.


Este primer centeno se llevaba al molino; dos había en Carracedo.Los dos, en muy mal estado, todavía se conservan. Con la harina obtenida se iba al horno de la Colonia y se hacían unas hogazas de pan de un color oscuro, nada sabroso, pero que servía para acompañar la mediocre comida de los años cincuenta. A falta de panaderías comerciales, todas las familias, cada 20 días , mas o menos, cocían en el horno citado.
Recuerdo las empanadas, a base de patatas, tocino, cebolla, pimentón y chorizo, recuerdo también que, al día siguiente, llevaba a la escuela un trozo de empanada, que engrasaba el bolsillo, también recuerdo aquellos bollos que, untado con aceite, comíamos al sacar el pan del horno.En los años 50 y 60 se hacía toda la siega a base de hocín. Todo buen segador seguía el siguiente protocolo: la primera fouzada se chavillaba(se enganchaba al dedo pulgar y a la muñeca con un trozo de paja), la segunda fouzada se sujetaba con el codo, con la tercera, y las dos primeras, se hacía la manada, con tres manadas una gavilla y con tres gavillas un mollo, que se ataba con unos bincayos, llamados también biortos, hechos con la mejor paja de centeno. Con los mollos se hacían unas pequeñas medas, llamadas también morenas, dispersadas por toda la finca, a la espera de la acarrea. Recuerdo la primera vez que mi padre me hizo segar. Estábamos en la Pobladura; casi me llevo un dedo. Naturalmente mi padre me mandó a casa, no sin echarme antes una monumental bronca.
La siega era un trabajo muy duro. Se reunían las familias para ayudarse unas a otras. El trabajo era fuerte y a él se unía el calor de la época para hacerlo mucho mas desagradable pero se hacía con alegría ya que durante el trabajo se contaban chistes, se cantaban canciones alusivas el trabajo y se comía bastante bien. De la maja del primer centeno se escogía la mejor paja, el colmo, que sería utilizada para hacer los bincayos.
Finalizando la década de lod 50 apareció en Carracedo del Monasterio de la mano de Ortensio Enriquez, labrador adelantado en agricultura, la primera segadora de caballería.
Segadora de caballería de Carracedo del Monasterio

LA ACARREA
En carros, atados al xugo con el sobeo y tirados por vacas, se iban cargando los mollos. Había verdaderos artistas cargadores de carros. A media carga se ataba un poco, y al final se hacía con la luria, cuerda de unos dos cm de diámetro y unos 15 m de longitud. Para cargar los carros iban, normalmente, dos hombres y un niño. Este llevaba en su mano un pequeño ramillete para espantar las moscas que se paseaban por el morro de las vacas para, que no hicieran movimientos bruscos y pudieran echar al que estaba subido al carro. Las vacas llevaban el morro protegido con los bozos; de los dos hombres uno echaba los mollos al carro y el otro iba colocándolos
En las eras se hacían unas medas, que eran verdaderas peonzas. Se solían hacer tres viajes al día, muy temprano el primero, este no necesitaba quitamoscas. Antes del segundo viaje se hacía un suculento desayuno; el segundo viaje se hacía antes de la comida y, después de una pequeña siesta, se hacía el tercer viaje.
La comida mas típica de la acarrea era el bacalao con huevos cocidos.
LA MAJA

Longinos tirando mollos a la majadora
En el mes de julio se procedía a la maja. En los años 45/50 el desgrane se hacía a base de mallos. Para ello el día anterior se procedía a boñicar la era; de las cuadras de las vacas se escogían las mejores boñigas, en un bidón con agua se disolvían las mismas, haciendo una mezcla viscosa que, con un plato viejo, se extendía por la era. Al día siguiente, seca la mezcla, la era, con aspecto plastificado, estaba preparada para recibir el cereal a desgranar. Con mucho cuidado se iba extendiendo el cereal, formando el eirao, especie de alfombra que se hacía con el cereal; para ello, se colcaba, como cabecera, una fila de mollos sobre la que descansaban las priemras espigas. Una vez caliente, con los mallos, muy bien manejados por cuatro o seis malladores, se iba golpeando el cereal hasta que todo el grano quedaba separado de la paja. Esta, con los forcones, se llevaba al medeiro, montón de paja, con un palo guía en el centro, para, más adelante, mullir las cuadras.
El grano, junto con la puxa, trozos de espiga, y el cogolo, trozos pequeños de paja, se amontonaba para luego, utilizando la fuerza del viento, limpiarlo con el cribo. Pocos años después la limpia se hacía con la limpiadora, máquina movida a mano, consistente principalmente en una tolva, donde se iba depositando el grano con la puxa, caía dicha mezcla en unas cribas a las que llegaba un fuerte viento producido por unas aspas, dicha fuerza, producida a mano, separaba el grano del resto de la paja. Cambiando las cribas se limpiaban legumbres también. .

La trilla: era otro sistema, contemporáneo a la maja descrita, consistente en desgranar el cereal con trillos, herramienta de madera, provista de unas piezas metálicas aserradas o lascas de piedra, movidos por una caballería o por una pareja de vacas que daban vueltas y mas vueltas por encima del eirao, hasta que la paja quedaba completamente trillada y el grano separado de la espiga.
A partir de los años 50 apareció la primera máquina para desgranar el cereal: las majadoras.
La majadora es una máquina destinada exclusivamente a separar el grano de la espiga. Consta fundamentalmente de un cilindro metálico, de unos dos metros, al que, en sentido longitudinal, le han colocado unas piezas metálicas estriadas; entre el cilindro y el cuerpo de la máquina existe una hendidura de unos dos cm, por el que tiene que pasar el cereal. Cuando el cilindro se mueve a gran velocidad, las estrías, girando la espiga, son las encargadas de separar el grano de la puxa .El movimiento lo produce un motor separado de la máquina unos tres metros. La fuerza es transmitida a través de una gran correa de cuero.
Con estas máquinas se dio un paso de gigantes. Estas hacían en un día de trabajo lo mismo que los majadores en una semana y con muchísimo menos esfuerzo. Para hacer la maja se juntaban dos o tres familias, ya que la operación requería varias personas: una en la meda, echaba los mollos al suelo, otra los cogía y los colocaba en la plataforma de la máquina; el encargado de introducir el cereal era el dueño o el encargado de la misma. En la parte delantera de la máquina se colocaban cuatro personas, normalmente mujeres, para, con las forcadas, espallar, mover la paja para que soltara el grano, dos hombres la colocaban en montones que, con el forcón, la subían al medeiro, donde un hombre iba colocándola..
A partir de los años 60 todo el proceso descrito sufre un cambio notable. Se abandonan los hocines para hacer la siega y aparecen las primeras máquinas segadoras, primero tiradas por una caballería y luego movidas por un motor. La operación de acarrea a la era se hacía con tractores y las operaciones de maja y limpia se hacía con una sola máquina: La majadora limpiadora. Seguía lo mismo la operación para llevar la paja a los medeiros.
La majadora limpiadora, Campeva Patentada, consta, esencialmente, de: el motor, la majadora, el espallador y la limpiadora.
El motor, solé diesel fabricado en Martorell ( Barcelona), en los años 50. No tiene ni un solo cable, los calentadores, son dos tornillos con mechas en sus cabezas, que se introducen directamente en la cámara de compresión. Se arranca con una manivela y el solo se autoalimenta. Dicho motor poniendo en movimiento una serie de poleas y correas, pone en funcionamiento la majadora, el espallador y la limpiadora.
La majadora, por medio de un cilindro que se mueve a gran velocidad, separa el grano de la paja. Esta va a parar al espallador.
El espallador, gran cajón provisto de un mecanismo que, al mismo tiempo que desplaza la paja al exterior, la mueve para que suelte el grano que lleva consigo.
La limpiadora recoge el grano que cae directamente de la majadora y el que suelta el espallador. Todo el grano, junto con la puxa y trocitos pequeños de paja, caen en las cribas que, con rapidez, se desplazan de izquierda a derecha. Al mismo tiempo que la mezcla baila en las cribas, recibe el viento producido por unas aspas colocadas en un tambor situado muy cerca de las cribas. El aire separa el grano de la puxa, esta sale volando al exterior de la máquina, mientras que el grano, a través de una pequeña canal, va a parar a un saco.
En los años 70 el cambio sería más grande ya que una sola máquina, la cosechadora, hacía en la finca las tres operaciones : segar, majar, limpiar y una cuarta operación, alpacar la paja.
El grano se medía y se mide en cuartales. Me contaba mi abuela Concha que había una medida mas pequeña, llamada cuartillo. Cada cuatro cuartillos formaban un celemín.Cada cuatro celemines llenaban un cuartal. Cada cuatro cuartales una fanega y cada cuatro fanegas constutuían una carga.
Celemín, Cuartal y media fanega

EL HORNO
Pieza fundamental en los años 50. En los pueblos no existían panaderías industriales que fabricaran y repartieran el pan a domicilio. Por eso, en los pueblos de la montaña, normalmente, cada familia tenía su propio horno en el que fabricaba su pan y hacía sus ricas empanadas. Enotros pueblos existían 2 ó 3 hornos repartidos por todo el pueblo y administrados por los vecinos.



La construcción del horno no es cosa fácil. El artista, aparte de ser un buen albañil, deberá disponer de unas dotes especiales. Nuestro artista fue Emiliano Poncelas. La esencia del horno consiste en que la temperatura producida en el interior no se escape a través de las paredes, con el fin de que permanezca caliente, sobre 200ºC, durante el tiempo que dure la cocción. Tanto la pared abovedada del horno como el piso del mismo tienen que acumular calor suficiente para soltarlo poco a poco. Se empieza marcando, con un trozo de cuerda, una circunferencia del tamaño que uno quiera el horno. Se colocan dos filas de ladrillos normales, siguiendo la circunferencia marcada. El hueco producido se tamiza con barro mezclado con paja trillada, hasta cubrir los ladrillos. A continuación se empiezan a colocar los ladrillos refractarios. Una vez colocada la primera fila, se prepara el piso que consistirá en extender una capa de sal, otra capa de barro y, finalmente, la capa de ladrillos refractarios. Para ir levantando las paredes abovedadas se clavaba, en el centro del piso, la cuerda con la que se había trazado la circunferencia de la base y se empezaban a colocar filas de ladrillos refractarios subiendo la cuerda cada vez que se terminaba una fila. De esta forma se llegaba al final cerrando toda la cúpula. Los ladrillos se colocan con yeso.
La pared, de unos 30 cm de gruesa, se compone de varias capas: la 1ª se forma con medios ladrillos refractarios, 11 cm. Una segunda capa de barro amasado con paja, 5 cm. A continuación una alambrada metálica, seguida de una tercera capa de barro con paja, otros 5 cm. La cuarta capa está formada por una tela térmica de unos dos cm. Esta se fija a la pared por medio de una tela metálica. La quinta capa la forma una tercera capa con barro y paja, 5 cm. La sexta y última capa está formada por 2 cm con arena y cemento, coloreado en barro, para que la humedad del ambiente no perjudique la pared.


FASES CONSTRUCCION DEL HORNO






El comienzo









Preparación del piso







Haciendo la bóveda









Terminando la cúpula











Aislando la pared


Horno terminado

EL PAN CASERO
En la maseira se amasaba, con agua bastante caliente, la harina, a la que se iban añadiendo la sal, un puñado por cada cuartal, la levadura y el formento; terminada de amasar se tapaba con una manta y se esperaba a que fermentara. En Carracedo se decía leldar. La fermentación, dependiendo de la temperatura, duraba aproximadamente una hora, terminaba la misma cuando la masa, aparte de aumentar considerablemente el volumen, escarchaba. Con la masa fermentada se procedía hacer las hogazas, que pasaban al estrado, estrao para la gente de Carracedo, este se cubría con una manta.

Las hogazas se colocaban en fila y, entre una y otra, se hacía una doblez en la manta con el fin de que las hogazas, al fermentar por segunda vez, no se pegaran. Si la temperatura, que debería ser de unos 30ºC, bajaba demasiado, había que colocar un caldero con brasa debajo del estrado. La empanada, a base de patatas, cebolla, chorizo y trocitos de tocino, indiscutible en cada cocedura, se hacía una vez terminada de hacer las hogazas. Lo último que se hacía, ya con los restos de masa, eran los bollos que, parte de ellos, se comía en el mismo horno, adobándolos con un poco de aceite que había sobrado de hacer la empanada. En el estrado, las hogazas permanecerían una hora, mas o menos, hasta que la masa volvía a crecer y a escarchar.
El momento para encender, prender, el horno era media hora después de colocar las hogazas en el estrado, la llama tenía que bañar perfectamente las paredes y el piso del horno. Para ello, de vez en cuando, se removía con un largo palo de madera, llamado furgairo. Cuando se hace el fuego las paredes del horno rapidamente se ahuman, la temperatura sigue subiendo, llegando a los 400ºC o 500ºC. Las paredes, por efecto del calor, empiezan a cambiar de color hasta que se ponen completamente rojas, momento en el que se dice “ el horno esta arroxado”. Acto seguido se barre, con el barredallo y el rodín y, con un trozo de saco húmedo, se limpiaba a la perfección. La temperatura de cocción oscila sobre 150ºC. Como no había termómetros se utilizaba, como indicador, el color de las paredes, color que conocían muy bien las horneras; otro método era echar un poco de harina en el piso de horno, si prendía fuego había que esperar, cuando la harina no se encendía era el momento de meter, con la pala, el pan.
En el horno, a medida que iba avanzando la cocción, el pan iba creciendo y cambiando de color, con el fin de que no se pegara había que, con la pala y el rodín, moverlo. Después de, una hora aproximadamente, el pan ya podía estar cocido; el color le decía a la hornera cual era el grado de cocción; otra forma de saber cual era el estado de cocción consistía en sacar una hogaza del horno, con los nudillos de los dedos de la mano se le daban unos golpecitos. El sonido producido marcaba como iba de cocido el pan. Para saber si la empanada estaba cocida se le clavaba una aguja de tejer, la forma de penetrar marcaba como estaba de cocida.
La cena del día que se cocía, era exclusivamente comer la empanada. Sentados todos alrededor de la mesa, se colocaba en la misma la reina de la cena, la empanada. A esta se le quitaba toda la tapa superior y, cada comensal, utilizando, con tenedor en mano, parte de la tapa como pan, se iba comiendo todo el interior de la empanada, naturalmente acompañado del vino casero. Terminaba la cena comiendo, como postre, la fruta del momento o tomando un buen café de puchero.